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Reportaje:

Irán intenta exportar su modelo en la región

El régimen de los ayatolás quiere tender puentes con Washington cuando finalice el proceso electoral

"El mundo debería ver a Irán con otros ojos", declaró el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Kamal Jarrazí, al analizar las elecciones presidenciales. En su opinión, el resultado prueba que Estados Unidos "erró en su análisis" y que los iraníes son "leales al sistema religioso". Jarrazí ha retado a Washington a realizar una encuesta sobre qué modelo es preferido por los países de la zona, pero bajo su tono desafiante se entrevé el deseo de que se reconozca el liderazgo regional de Irán.

"Si Estados Unidos desea la democracia de verdad en la zona, Irán con su propio modelo puede liderar el camino", aseguró el ministro en una conferencia de prensa el pasado domingo. "El camino de la hostilidad hacia Irán no va a ninguna parte", subrayó tras sugerir que la región vive un "despertar islámico". En clara referencia al vecino Irak, Jarrazí dijo que Washington "trata de imponer una democracia superficial incompatible con los valores culturales locales, en tanto que el poder blando de Irán ha penetrado en los corazones de la gente".

Fue entonces cuando sugirió una encuesta en los países vecinos para ver qué modelo prefieren: el iraní o el estadounidense. "Hace unos meses, un instituto norteamericano realizó un sondeo en Turquía y el 97% de los encuestados eligió el iraní, en tanto que el 90% citó a Estados Unidos como el país más odiado", aseguró el ministro. Sin duda, tras la invasión de Irak y su inquebrantable apoyo a Israel, la Administración Bush no es especialmente apreciada ni en Turquía, ni en los países árabes vecinos de Irán.

No obstante, y aunque las relaciones bilaterales mejoraron durante la presidencia de Jatamí, los mayoritariamente suníes Arabia Saudí, Jordania o Egipto temen la influencia de Teherán en Irak, donde los chiíes han alcanzado el poder por primera vez gracias a la intervención estadounidense.

El mundo árabe también recela de un Irán nuclear, una aspiración que si bien negada por los responsables iraníes consolidaría su supremacía regional. Por otro lado, el temor a que se repita el caos posbélico iraquí hace que la mayoría de los árabes respalde un acercamiento entre Washington y Teherán. Ante las amenazas de cambio de régimen de algunos sectores de la administración estadounidense, los portavoces iraníes han dejado claro que su país responderá a cualquier ataque sobre sus instalaciones nucleares. No es una machada. A través de sus aliados, Irán tiene la capacidad de hacer estragos en Irak, Afganistán, Líbano o los territorios palestinos.

Hasta ahora, los iraníes sienten -y muchos analistas extranjeros están de acuerdo- que su acción estabilizadora en la región no ha sido reconocida. En lo que diplomáticos europeos han interpretado como un gesto de apoyo al diálogo nuclear que la Unión Europea mantiene con Teherán, Estados Unidos ha levantado recientemente su veto a la entrada de Irán en la Organización Mundial del Comercio y aceptado venderle repuestos para sus aviones civiles.

"No es suficiente", manifestó Jarrazí, porque "la raíz del problema es mucho más profunda; se trata de su actitud hacia la República Islámica, de si nos aceptan o quieren destruirnos". Del lado iraní, la reciente campaña electoral ha roto el tabú de las relaciones con el país que la revolución islámica bautizó como Gran Satán y cuyos lazos se cortaron a raíz de la toma de su Embajada en 1979. Sin embargo, el sorprendente resultado de la votación del viernes muestra que un amplio sector aún se muestra reticente.

Jarrazí reiteró que sea quien sea el elegido, "no va a cambiar nada fundamental en la política exterior ni en la cuestión nuclear", cuya responsabilidad está en manos del líder supremo. Sin embargo, el tono y el contenido de la campaña de los dos finalistas no pueden ser más distintos. En tanto que el ex presidente Alí Akbar Hashemí Rafsanyani ha hablado abiertamente de la necesidad de una aproximación a Estados Unidos, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, que pertenecía al grupo de estudiantes que asaltó la legación diplomática norteamericana, ha dejado claro que esas relaciones "no son una prioridad".

"El acceso a la tecnología nuclear es un derecho inalienable de Irán y el mundo debiera reconocerlo", ha manifestado tajante Ahmadineyad. Rafsanyani, por su parte, se ha mostrado partidario de agotar la vía diplomática, convencido de su capacidad negociadora, pero defendiendo igualmente ese derecho. Tampoco ambos despiertan las mismas simpatías entre las cancillerías occidentales. Fuentes diplomáticas europeas estiman que las relaciones serían más difíciles con Ahmadineyad. Sin embargo, algunos analistas apuntan que con los tres poderes en manos de una facción, el régimen puede sentirse más fuerte para negociar y hacer concesiones en política exterior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de junio de 2005