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El hispanista Edwin Williamson desmenuza la pasión cervantina de Borges

200 especialistas participan en Valencia en el congreso 'Antes y después del 'Quijote'

Cervantes conquistó "la soberanía absoluta de la imaginación". Hizo lo que quiso y su libertad le permitió crear una obra maestra que le confirió la inmortalidad. Borges aspiraba a este ideal y consideraba al autor del Quijote "como una especie de autor-dios" cuya obra guardaba el secreto de su propio destino como escritor. Cervantes y Borges centraron ayer la conferencia inaugural que impartió el catedrático de Oxford Edwin Williamson dentro del congreso Antes y después del Quijote, organizado en Valencia por la Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda.

Miguel de Cervantes (1547-1616) fue el autor de lo que en el mundo anglosajón se ha considerado "como el primer gran ejemplar -el fundamento- de la novela moderna", apuntó Williamson, titular de la cátedra Alfonso XIII de la Universidad de Oxford. Y el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), uno de los escritores más importantes del siglo XX, estableció "un vínculo" con el Quijote, "que rebasaba con mucho la admiración puramente literaria e intelectual".

Fue tal la influencia del primero sobre el segundo que se puede analizar la trayectoria literaria de Borges y, principalmente, su noción sobre el escritor a través de sus numerosas opiniones y escritos sobre Cervantes y sobre su obra maestra, Don Quijote de la Mancha.

Recorrer las tres fases de la evolución del pensamiento de Borges (el autor como héroe o dios; el autor como lector y el autor como soñador) fue, de hecho, el propósito de la conferencia que impartió el hispanista y especialista en el Siglo de Oro de la literatura española y en la literatura latinoamericana. Para ello, el responsable de la reciente biografía Borges: A life (editada por Penguin y que se traducirá al castellano) recurrió con frecuencia a episodios biográficos del escritor de El Aleph, que relacionó directamente con su obra literaria.

En este sentido, Williamson llamó la atención cuando incidió en que Borges se sentía identificado con el personaje de Alonso Quijano (El Quijote antes de convertirse en caballero fruto de su locura), como demuestran varios de sus poemas. Esa identificación se fundamentaba en la conjetura literaria, plasmada en composiciones poéticas, de que las andanzas y aventuras del Quijote no fueron más que un sueño de Alonso Quijano, que nunca llegó a salir de su biblioteca, pese a que siempre quiso ser una hombre de acción.

También Borges vivió -"un niño miope, débil y enfermizo", señaló Williamson- recluido gran parte de su infancia en la biblioteca de su padre, lo que indujo en el escritor "esa fuerte sensación de solipsismo, de irrealidad, que tanto influyó en sus escritos", señaló el hispanista.

Borges abunda en esa identificación y propone, ya al final de su vida, una visión casi mística de la escritura en la que el autor es un "tejedor de sueños". Concluye que la literatura se nutre de la realidad histórica, "que la experiencia humana provee el material básico que el autor transforma en el sueño de la poesía o la ficción", explicó Williamson.

Mucho antes de llegar a esa concepción, Borges había aseverado en 1928 que el Quijote "es la venerable y satisfactoria presentación de una gran persona, pormenorizada a través de 200 trances, para que lo conozcamos mejor'", recordó el hispanista. Era la etapa en la que el aún joven escritor argentino aspiraba a la creación de la obra maestra, a la "salvación por la escritura" que confluía en su idea de autor-héroe o autor-dios. Pretendía escribir una novela épica en verso que resumiera simbólicamente el carácter de Buenos Aires, así como José Hernández creó un símbolo de la Pampa en Martín Fierro. Una pretensión que abandonó más tarde.

Cervantes logra que el lector sienta "admiración y hasta cariño por Don Quijote no por el método usual de la persuasión sino a fuerza de abusar y maltratar a su protagonista", indicó Williamson. Los "atropellos y desmanes" del autor-dios Cervantes para con su protagonista ponen de relieve "la confianza del autor con la invulnerabilidad central de su héroe", en palabras del escritor argentino, autor de Pierre Menard, autor del Quijote, citadas por Williamson.

Autor-dios

Fue este relato, precisamente, el que inició la serie de ficciones que confirieron fama internacional a Borges. Fue también el inicio del fin de la concepción del autor-dios, aunque nunca la abandonó por completo, y la asunción del autor como lector. El fracaso amoroso, el rechazo por parte de la poeta Norah Lange, a juicio del hispanista, había socavado la confianza de Borges como autor, apostilló Williamson.

Pierre Menard, autor del Quijote está "íntimamente vinculado" a la figura del padre de Borges. Escritor frustrado, el progenitor le pide en 1938 en el lecho de muerte a su hijo que reescriba y corrija su única novela, El caudillo. Ambos discuten sobre la petición y a la muerte del primero, un Borges en crisis engendra el citado relato que adopta la forma de una necrológica escrita por un autor anónimo sobre la obra de un escritor francés llamado Pierre Menard, cuya empresa literaria más ambiciosa fue reescribir el Quijote. Con el famoso relato, Borges se anticipa en unos 20 años a las ideas sobre la muerte del autor de escritores como Roland Barthes, que Williamson, no obstante, matiza en el caso de Borges.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de marzo de 2005