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COLUMNA

Airbús

Dos buenas noticias han iluminado el panorama económico de la Bahía de Cádiz y de Andalucía. Por un lado, la presentación internacional del nuevo avión de Airbús, el gigantesco A-380, y de otro la aprobación por parte de la Comisión Europea del acuerdo entre la SEPI y los sindicatos sobre el futuro de Izar. Dos buenas noticias que pueden traer algo de paz a la provincia de Cádiz y que esperemos sean positivas para el futuro del empleo industrial en un momento en el que tan sólo el turismo presenta perspectivas halagüeñas. Se trata casi de un cruce de caminos, mientras el proyecto Airbús despega a toda pastilla, el de Izar permanece incierto con otro recorte de plantillas y producción. El primero es el futuro y el segundo, si nadie lo remedia, es casi el pasado.

Tengo para mí que los trabajadores de Izar han errado su estrategia de negociación. Se empeñaron en mantener a toda costa abiertas las tres factorías gaditanas y lo han pagado en prejubilaciones: de Puerto Real sale la mitad de la plantilla y de Cádiz las dos terceras partes, más de mil en toda la Bahía. Me parece que hubiera sido preferible concentrar toda la actividad en Puerto Real y haber mantenido la plantilla global en la comarca. Entre cada una de las tres factorías la distancia no es mayor a 10 kilómetros. Para colmo se va a privatizar Sevilla y se van a su casa muchos trabajadores para conseguir que sigan abiertas factorías como la de Cádiz, que tiene ahora poco más de 100 empleados ocupando decenas de hectáreas en una ciudad colmatada. Por otra parte, resulta cuanto menos chocante ver a determinados sindicalistas, radicales de izquierda, reclamar su adscripción a la rama militar.

La comparación entre ambas empresas nos lleva a la conclusión que cuando Europa se une y se investiga en tecnología propia, la industria tiene futuro. No estamos condenados tan sólo a preocuparnos de comercialización y logística mientras en China o la India fabrican lo que nosotros diseñamos. Si se siguiera el camino Airbús para Izar, con barcos de alta tecnología que sólo se pudieran hacer en España, con la creación de empresas de dimensión europea , se podría competir con cualquiera, sean chinos o norteamericanos. Si lo que hacemos son productos con un alto porcentaje de mano de obra en el precio final, nuestras industrias están abocadas a la desaparición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de enero de 2005