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Una Iglesia sin preservativos ni jóvenes

Los obispos españoles reafirman su rechazo al condón y encajan la huida de las nuevas generaciones

Durante 24 horas, esta semana la jerarquía católica española ha pasado por ser una de las más progresistas del mundo. Y todo por la tímida admisión por parte del portavoz de los obispos, Juan Antonio Martínez Camino, de la utilidad del condón en la prevención del sida. Pero la noticia escandalizó al Vaticano, que pidió a la Conferencia Episcopal una rectificación inmediata, declarando "inmoral" el uso del preservativo. Ayer, sábado, el Papa reiteró que la Iglesia Católica cree que la abstinencia y la fidelidad matrimonial, y no el preservativo, son las mejores formas de evitar la propagación del sida.Una vuelta al redil que subraya la distancia que separa a la Iglesia de los jóvenes, sólo el 14,2% de los cuales se declara católico practicante, la mitad que hace cuatro años, según datos de una reciente encuesta.

El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, no fue el único incrédulo ante el supuesto giro de la Iglesia ante el preservativo manifestado el martes por el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino. También Miguel Ángel Ferri, jovencísimo sacerdote profesor de religión en un centro concertado de Alcoy (Alicante), reaccionó con escepticismo. "Oí la noticia y, la verdad, me pareció algo extraña".

La pequeña bomba informativa tuvo, sin embargo, un estallido retardado en Roma. Aunque fuentes vaticanas solventes precisan que la información de lo ocurrido "se tuvo esa misma tarde del martes", no hubo reacción hasta el miércoles. "Conocíamos el artículo de The Lancet que coincidía con la Iglesia en dos de los tres aspectos de la estrategia para luchar contra el sida, en la abstinencia y la fidelidad, y aparentemente Martínez Camino no se había alejado mucho de esos conceptos", admite la misma fuente.

El desliz del portavoz de los obispos ha reavivado el debate en México y Argentina

El Papa reiteró ayer la castidad y la fidelidad, frente al condón, en la lucha contra el sida

No era ésa la conclusión de los diarios españoles, cuyos titulares provocaron la intervención del presidente del Consejo Pontificio para la Familia, Alfonso López Trujillo. Porque, como Ferri suponía, todo parecía un error, un exceso de alegría verbal del portavoz de los obispos, que no tardó en rectificar con una nota reafirmando que el uso del preservativo "implica una conducta sexual inmoral". Un día después, Martínez Camino volvería a matizar, dejando abierta la posibilidad de utilizarlo "en casos excepcionales".

El regreso del condón a la lista negra de la Iglesia no deja, sin embargo, las cosas como estaban. Por desgracia para el presidente de los obispos españoles, el cardenal Antonio María Rouco, el desliz de su portavoz ha tenido considerable eco, reavivando el debate en varias conferencias episcopales, especialmente en Argentina y México. Pero además ha animado a algunos expertos a intervenir.

Para el sacerdote italiano Piero Gelmini, director de la comunidad Encuentro, que desde hace 40 años se ocupa de jóvenes toxicómanos y marginados y que cuenta con decenas de centros en el mundo, el condón "es uno de los caminos que se pueden recorrer, especialmente para los que no creen en ciertos valores. Es justo que la Iglesia lance sus mensajes y que los fieles los respeten, pero también debe prestar atención a quienes no están dentro".

Y muchos de los que "no están dentro", al menos en España, son precisamente los jóvenes. Datos de la encuesta Juventud en España 2004 del Instituto de la Juventud reflejan una caída en picado de la sintonía entre la Iglesia católica y las nuevas generaciones. Hasta el punto de que en los últimos cuatro años se ha reducido a la mitad el porcentaje de jóvenes católicos practicantes (del 28% al 14,2%).

Víctor Cortizo, responsable de la Pastoral de Jóvenes de la Conferencia Episcopal, se resiste a dar por buenos estos datos. "La Iglesia no está recibiendo un trato justo por parte de los medios de comunicación. Normalmente sólo se la cita para polemizar con ella", dice. Pero la encuesta no difiere mucho de la difundida en 2004 por la Fundación Santa María, fundada en 1977 por los marianistas. De ese estudio -Jóvenes 2000 y Religión- ya se desprendía que sólo el 5% de los jóvenes católicos sigue la doctrina de la Iglesia en materia sexual. Y muchos de ellos recurren al vilipendiado preservativo cuando mantienen relaciones sexuales. En la encuesta recién publicada, un 83% de los entrevistados admite usar anticonceptivos, y el más frecuente (en un 79,4% de los casos) es el condón.

No sólo se alejan de la doctrina católica en esta delicada materia los más de nueve millones de jóvenes españoles entre los 15 y los 29 años, sino algunos no tan jóvenes. "Los católicos tenemos resuelto este asunto. Nadie, salvo una minoría muy conservadora, hace caso de la doctrina de la Iglesia. En esta materia, seguimos una vía de responsabilidad ética", dice Fernando Vidal, de 36 años, profesor de Sociología en la Universidad Pontificia de Comillas, que es propiedad de la Compañía de Jesús.

Vidal, muy ligado a los jesuitas y al PSOE, considera desagradable el debate y no comprende la obstinación de la jerarquía en la defensa de los métodos anticonceptivos llamados naturales. "Son los más artificiales del mundo, y parecen pensados más para la ganadería que para los humanos", dice.

Minoritario o no, existe otro sector en la Iglesia que sigue a pies juntillas las recomendaciones del Papa, y que pide también respeto a su postura. Gente que, como Vidal, es poco partidaria de las relaciones prematrimoniales y que lleva más lejos su acatamiento a la Iglesia, renunciando a los anticonceptivos dentro del matrimonio. "Somos conscientes de que para aceptar con naturalidad esta doctrina tiene que haber un proceso de conversión profunda, porque si no resulta inalcanzable", reconoce Paco Ortega, delegado de Pastoral Familiar de la diócesis de Canarias. "Ahora, yo me pregunto: ¿por qué pueden defender lo natural los ecologistas y la Iglesia no?".

Quizá porque, como argumenta Julián Moreno, estudiante de Físicas en la Complutense de Madrid y católico de fuertes convicciones, "los obispos no saben de sexo, siempre han huido del sexo, yo diría que hasta le tienen miedo al sexo. En sus vidas tener sexo puede ser fruto de tormentos y desastres personales. Por eso muchos de ellos no saben valorar la sexualidad". Moreno, de 23 años, es miembro del movimiento Somos Iglesia, crítico con la actual jerarquía, y no siempre se atiene al precepto de la misa dominical, pero muestra un grado de compromiso religioso poco frecuente en la juventud. Y es que, como argumenta el sociólogo Vidal, "la jerarquía debería aceptar cuanto antes que somos una minoría mayoritaria".

Aunque nadie lo diría viendo el éxito de las clases de catequesis de confirmación que imparte Miguel Ángel Ferri. Este salesiano cree que la afluencia se explica más bien por inercia cultural, por la tradición nacional. "Una vez una persona que se me declaró atea me exigió la comunión para sus hijos como un derecho, por ser español".

Con todo, a Ferri no le parece que la principal fisura entre la Iglesia y los jóvenes se haya abierto por la doctrina sexual. Tampoco lo cree Cortizo. Puede que tengan razón, pero en el Vaticano la polémica del preservativo ha tenido más impacto que la constatación de la pérdida de interés de los jóvenes españoles por la eucaristía. Precisamente ayer, el Papa reafirmó la posición de la Iglesia católica en contra del preservativo, destacando que la abstinencia y la fidelidad matrimonial son las únicas formas de detener el sida. Durante una audiencia con la nueva embajadora holandesa, Monique Frank, Juan Pablo II dijo: "La Santa Sede considera que para la prevención del sida de manera responsable es necesario aumentar la prevención, educando en el respeto de los valores sagrados de la vida y en la práctica correcta de la sexualidad, que supone castidad y fidelidad". Un mensaje que es posible que repita mañana cuando reciba a los obispos españoles.

Los traspiés del portavoz

Juan Antonio Martínez Camino, de 51 años, elegido portavoz y secretario de la Conferencia Episcopal en junio de 2003 por una mayoría de los 80 obispos españoles, fue bien acogido por los medios de comunicación por el nuevo estilo, más abierto, de sus comparecencias públicas. Asturiano de origen, miembro de la Compañía de Jesús desde 1974, fue alumno primero, y profesor después, de la Universidad Pontificia de Comillas. Pero en círculos próximos a los jesuitas se le considera conservador y muy afín al presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Antonio María Rouco.

Su excepcional estreno

se ha visto deslucido, sin embargo, por dos resbalones sufridos en lo que va de mes. No siempre por su culpa. El primero ocurrió a principios de enero, cuando la Conferencia Episcopal hizo pública una nota de rechazo al plan Ibarretxe, que provocó una airada respuesta del obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. El prelado vasco contraatacó señalando en una carta que el documento episcopal, "no es en sí mismo vinculante para la formación del criterio moral de la comunidad católica guipuzcoana, puesto que es un escrito pastoral, no un documento doctrinal aprobado unánimemente por los obispos o ratificado por la Santa Sede". En el Vaticano, donde se hacen equilibrios diplomáticos para no irritar a la jerarquía y el clero vasco, algunos sectores consideraron inoportuna la nota de la Conferencia Episcopal. El asunto no trascendió, pero más de un purpurado lo habrá recordado ahora, al hilo del segundo y más aparatoso traspiés del portavoz: su intervención, rectificada dos veces en 48 horas, sobre el uso del preservativo como prevención contra el sida. Un tema nada fácil sobre el que se divide la opinión de los expertos católicos.

El sacerdote Brian Johnstone, profesor de teología moral de la Academia Alfonsiana, una rama de la Universidad Pontificia, declaraba a Reuters: "La Iglesia nunca ha dicho que sea erróneo [el uso de condones] en todas las situaciones. La complejidad del problema tiene que ser tomada en consideración, a veces a un nivel muy local y personal". Aunque el cardenal Javier Lozano Barragán, ministro de Salud del Vaticano, dio el jueves una idea de hasta dónde puede llegar la liberalidad de la Iglesia en este tema. En declaraciones al diario La Repubblica, admitió que una mujer tendría el derecho de exigir el uso del condón a su cónyuge, infectado por el virus, para prevenir la transmisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de enero de 2005

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