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José Ramón Recalde gana el Premio Comillas con sus memorias 'Fe de vida'

"Empiezo cuando me disparan y acabo al salir de urgencias", dice el ex consejero vasco

El 14 de septiembre se cumplirán cuatro años del grave atentado de ETA a José Ramón Recalde. Un terrorista, apostado junto a la puerta de su casa en San Sebastián, le pegó un tiro en la cabeza. Tras salir "del infierno", como dice, se decidió a escribir Fe de vida, con el que ganó ayer el 17º Premio Comillas (Tusquets), dotado con 20.000 euros. "No es una biografía lineal ni una crónica. Son memorias. Empiezo cuando me disparan y acabo al salir de urgencias. En ese tiempo se producen mis reflexiones hacia atrás", afirmó ayer en conversación telefónica.

Esas reflexiones hacia atrás, "algo muy freudiano", casi como un exorcismo, llevan a José Ramón Recalde (San Sebastián, 1930) a sus años de aprendizaje, cuando se plantea la necesidad del compromiso, de la solidaridad y de la militancia política contra la dictadura, años en los que conjuga reflexión teórica y militancia práctica. Es cuando participa en la fundación del Frente Popular de Liberación.

Y de ahí a las cárceles franquistas, entre 1962 y 1963. Prosigue el libro, según los responsables de Tusquets, con la etapa final del régimen, los esperanzadores y angustiosos tiempos del posfranquismo y los vacilantes primeros pasos de la democracia y de las autonomías. Escribe luego de su experiencia como consejero en los primeros gobiernos vascos. La asfixiante mezcla de violencia y nacionalismo que tan de cerca ha vivido es otro de sus motivos de reflexión.

Esa necesidad de pensar en su vida, en lo que le había pasado, "surgió muy poco después del atentado". El paso de llevar todo eso a un libro no fue fácil. "Me daba miedo, quizá. Mejor dicho, me daba reparo recordar". Pero le convencieron. "Cuando escribí el prólogo, lo primero que hice, ya estuvo, ya pude seguir adelante", explicó ayer.

"Estoy vivo, otros no"

Tampoco le resultó sencillo afrontar la parte final. Demasiada violencia, demasiadas muertes. "Fui víctima de la violencia, pero puedo dar fe de vida. Estoy vivo. Yo he podido salir del infierno, otros no". En realidad, todo el libro está jalonado por la muerte de compañeros y amigos, "que no quisieron rendirse ante ninguna dictadura". Enrique Ruano, Enrique Casas, Fernando Múgica. Fernando Buesa, José Luis López de Lacalle, Juan María Jáuregui, Ernest Lluch... Una lista demasiado larga y dolorosa.

Fe de vida, que se publicará el próximo mes de octubre, es, según la nota difundida ayer por la editorial Tusquets, que convoca el Premio Comillas, "una defensa apasionada del coraje cívico ante todas las formas de barbarie, además de una constante proclamación de fe en el valor de la palabra, la cultura y el ser humano por encima de cualquier ideología".

José Ramón Recalde evitó ayer, en la entrevista telefónica, todo trascendentalismo. "El libro es una reflexión muy personal: la formación religiosa, el marxismo, la democracia, la ética y la política...". El ex consejero socialista dijo que el texto incluye también otro tipo de reflexión. "Por ejemplo, sobre el partido. Estábamos convencidos de que era la vanguardia, hasta que descubrimos que era la retaguardia".

Distancia, humor, optimismo son algunas de las palabras del vocabulario de Recalde. "Todo ha sido muy fuerte y procuro tomar las cosas con distancia y humor. Tomarse el pelo a uno mismo es una buena cosa. Me han reprochado muchas veces que sea optimista, pero no voy a renunciar a ello".

Autor de libros como Integración y lucha de clases en el neocapitalismo, La construcción de las naciones o Crisis y descomposición de la política, Recalde dice: "Escribir unas memorias es algo muy distinto, es ver las cosas de otra manera y desde otra distancia".

José Ramón Recalde es doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid y la del País Vasco. Desarrolló su labor docente como catedrático de Teoría y Sistemas Jurídicos -en la actualidad es profesor emérito- en la Facultad de Ciencias Empresariales de San Sebastián, de la Universidad de Deusto. Como abogado, se dedicó especialmente a la defensa laboral y política. Desde muy joven participó en movimientos cristianos y pacifistas de lucha contra el franquismo. Entre 1976 y 1978 fue director de Derechos Humanos en el Consejo General Vasco; de 1987 a 1991, ejerció de consejero de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno vasco y desde ese año hasta 1994, fue consejero de Justicia.

El Premio Comillas de biografía, autobiografía y memorias consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps y un anticipo sobre derechos de autor de 20.000 euros. El jurado que concedió el galardón estuvo presidido por Jorge Semprún e integrado por Miguel Ángel Aguilar, Santos Juliá, Enrique Krauze y Antonio López Lamadrid en representación de Tusquets.

"La cobardía sigue presente"

No lo dice con acritud ni amargura, pero se nota que le duele. "Sigo pensando que en mi país hay bastante cobardía ciudadana". José Ramón Recalde se refiere a las amenazas, insultos y ataques que reciben su mujer, María Teresa Castells, y su socio, Ignacio Latierro, fundadores de la librería Lagun de San Sebastián a finales de los años sesenta. Primero sufrieron la represión franquista, luego la violencia callejera radical. Sólo en un año, 1996, 20 ataques. En 1997, jóvenes encapuchados lanzaron cócteles molotov contra el establecimiento, rompieron los cristales, sacaron libros a la calle y los quemaron. Aguantaron. Castells y Latierro sólo tiraron la toalla en 2000, desmoralizados: después del atentado contra Recalde, cerraron.

Volvieron siete meses después, pero en un nuevo local, a cuya puesta en marcha contribuyeron económicamente cerca de 800 simpatizantes.

Aunque Lagun (amigo, en euskera) se ha alejado del centro histórico de San Sebastián, la presión no ha cesado. "Ha disminuido, pero los insultos y amenazas siguen y lo que más duele es esa cobardía ciudadana, la falta de ayuda, de apoyo".

Pero siguen. Por ahora.

¿No le tienta a Recalde volver a la política? "Nunca he dejado la política, otra cosa es que no esté en las instituciones".

Luego reflexiona sobre el futuro de su "país vasco", y de lo que pasa en su "país español".

"De mi país vasco espero que allí se introduzca la racionalidad. Que se llegue a un consenso y que no se imponga el fanatismo de Ibarretxe".

"De mi país español, puedo decir que nos hemos librado de una buena, tras esa inmensa capacidad de fanatismo de derechas que hemos padecido. El Gobierno del Partido Socialista está legitimado por las urnas y por nuestra esperanza, pero la legitimación de verdad tiene que venir de la gestión que hagan, del ejercicio final".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de septiembre de 2004

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