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CABLE SUBMARINO CHINO
Tribuna

Ruptura en el traspaso

La verdadera evolución del cable chino fue descubierta por la prensa y tiene los rasgos clásicos del ocultamiento, como se hizo evidente en la sorpresa de otros altos funcionarios

Gabriel Boric en rueda de prensa tras la reunión con José Antonio Kast, en Santiago de Chile, este martes.Ailen Díaz (EFE)

Descontados los momentos de trauma institucional -golpes de Estado, muertes de presidentes-, no se registra en los últimos cien años de historia política chilena un proceso de transferencia del mando más sucio que el que ha estado ocurriendo en esos días. La culminación ocurrió en las primeras horas de la mañana de este martes, cuando el presidente electo, José Antonio Kast, decidió terminar abruptamente una reunión con el presidente en funciones, Gabriel Boric, y cancelar las reuniones bilaterales entre los ministros de ambas administraciones.

El motivo fue una entrevista que Boric dio al canal Megavisión en la isla Juan Fernández, donde afirmó que había informado a Kast, “semanas atrás”, en un llamado telefónico, acerca de la tramitación de un proyecto para concesionar a una empresa china un cable transpacífico y de las posteriores amenazas del gobierno de Estados Unidos. Kast dijo que tal información no existió, salvo como un “enunciado” junto con otras tres materias. Dado este matiz, Kast requirió (“exigió”, dijo el otro) a Boric que se retractase y su negativa habría sido la razón del fin de la reunión.

No confiamos en la información que se nos está entregando”, declaró más tarde Kast, como justificación del término del proceso con ocho días de antelación. Se refería, posiblemente, a las numerosas correcciones que han sufrido las cifras de las finanzas públicas, la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet a la secretaría general de la ONU y otras decisiones de última hora dentro del aparato público. La discusión sobre el cable chino ha sido más resonante, pero a la postre es menos gravosa, porque la concesión fue detenida poco antes de la cancelación de las visas para Estados Unidos de tres funcionarios del gobierno.

El matiz entre la información y la enunciación salva un poco las caras de los dos presidentes, porque al menos nadie mintió completamente. Pero la situación es algo más adversa para Boric, por al menos dos razones.

Primero, es impropio de un traspaso ordenado comentar materias sueltas por teléfono. Eso se hace en reuniones formales y reservadas, en lo posible con minutas y documentos; por allí pasan, entre otras cosas, los secretos del Estado. Kast sugirió la diferencia de estilos al comentar que pidió al presidente en funciones que las comunicaciones se canalizaran por sus jefes de Gabinete.

Segundo, todo lo que concierne al cable chino ha sido extremadamente opaco y conspirativo. De esas decisiones fue excluida la Cancillería y todo se concentró en el ministerio de Transportes y Telecomunicaciones y la Presidencia, con un asesor personal al que se atribuyen algunas de las más desacertadas iniciativas del Gobierno, incluyendo la de convertir a la política exterior en un territorio de hechos consumados, lejos del criterio de las políticas de Estado. Un indicio fuerte (y también inédito) de la molestia de Kast con esta línea fue una declaración emitida el sábado 28 de febrero, respaldando el ataque de Estados Unidos a Irán, poco antes de que el Gobierno emitiera otra en sentido contrario.

La verdadera evolución del cable chino fue descubierta por la prensa y tiene los rasgos clásicos del ocultamiento, como se hizo evidente en la sorpresa de otros altos funcionarios. No fue mencionado en la reunión bilateral de Relaciones Exteriores, el 3 de febrero, ni en la de Transportes y Telecomunicaciones, el 13 de febrero. El llamado de Boric a Kast fue realizado el 18 del mismo mes, dos días antes de que el Departamento de Estado anunciara sus sanciones. La conversación incluyó prevenciones sobre proyectos en infancia, Araucanía e inmigración y, sólo al final, el cable chino. El paquete es, en sí mismo, expresivo y dice muy poco del encadenamiento que puso a Chile en el medio de la confrontación entre China y Estados Unidos.

La declaración de desconfianza del presidente electo puede tener alcances más vastos. Algunos de sus seguidores ya han propuesto que el nuevo Gobierno realice auditorías en profundidad para establecer el estado de las cifras; otros han sugerido la búsqueda de responsabilidades políticas, lo que significa convertir al Congreso en campo de batalla. Sin embargo, el presidente electo tendrá que ponderar si la tentación de enjuiciar al Gobierno saliente resulta o no contradictoria con el propósito de iniciar un Gobierno “de emergencia”, según la exitosa definición que le dio durante la campaña electoral.

Tampoco ha terminado todo ayer. Boric y Kast tendrá que verse el miércoles 11, en la ceremonia oficial de traspaso del mando, que ahora será observada con ojos de taxidermista, para ver qué queda del más anómalo momento político del que se tenga memoria.

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