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Reportaje:

La caja negra de la violencia en Brasil

Los criminales compran armas nacionales y extranjeras, con EE UU y España a la cabeza, desviadas por los contrabandistas

Brasil no está en guerra, pero es el país donde más se mata con armas de fuego. Unas 600.000 personas murieron por las balas entre los años 1980 y 2000, lo que da una media de 30.000 víctimas al año, según un informe del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Una cifra tres veces superior a los 10.000 muertos en la guerra de Irak. La proliferación de las armas en manos del crimen organizado a través del contrabando es la caja negra de la violencia que azota las grandes urbes brasileñas. Una exhaustiva investigación sobre armas incautadas en Río de Janeiro, una de las ciudades más golpeadas, demuestra que los delincuentes se abastecen de producción brasileña y extranjera desviada por los contrabandistas.

España ocupa el segundo lugar, detrás de Estados Unidos, como principal fuente extranjera de armas para circuitos criminales en Río de Janeiro, con 10.099 armas incautadas de las 232.935 que fueron recuperadas en los últimos 50 años. Son datos del informe elaborado desde abril de 1999 por la organización no gubernamental Viva Río en colaboración con la División de Fiscalización de Armas y Explosivos (DFAE) de la Policía Civil de Río de Janeiro. Los resultados del trabajo fueron presentados en julio de 2002, en una ceremonia pública de destrucción de 10.000 armas.

La entonces gobernadora del Estado, Benedita da Silva, entregó a los representantes diplomáticos de 13 países las listas de armas incautadas en Río de Janeiro y que habían sido fabricadas por empresas de sus respectivos países. Por parte española recibió el listado la agregada Esperanza Carpellero.

La relación de las armas iba acompañada de una petición a las autoridades españolas para que cooperaran en el rastreo y desmantelamiento de las redes de tráfico ilegal. Se adjuntaba una relación detallada de 639 armas (628 pistolas, 10 revólveres y 7 metralletas) de fabricación española, que incluía número de serie, marca comercial, fabricante y calibre. Estas armas fueron incautadas en los últimos 20 años, en el período de escalada y consolidación del tráfico de drogas en la ciudad carioca. Son armas de producción moderna fabricadas por las empresas Llama Fabrinor, Astra-Guernika y Bonifacio Echeverría (Star). Estas dos últimas cerraron sus puertas a mitad de los años noventa.

En noviembre pasado, Antonio Rangel Bandeira, coordinador del Proyecto de Control de Armas de Viva Río reiteró la petición de colaboración al embajador español en Brasil, José Coderch. "No hemos recibido ninguna respuesta de España", dice Rangel, especialista en violencia urbana y control de armas que fue viceministro de Bienestar Social en el Gobierno del periodo de democratización que siguió a la dictadura militar. Rangel recuerda que el rastreo de las armas incautadas sería de gran utilidad para orientar investigaciones sobre armas procedentes de países de la Unión Europea como España, que se rigen por el Código de Conducta de la UE sobre Exportación de Armas, que recomienda, entre otros puntos, no exportar armas a países donde pueden ser trianguladas hacia zonas de alta conflictividad o criminalidad, como es el caso de Río Janeiro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de mayo de 2004