Una antología reúne cuentos de Hardy traducidos por Javier Marías

El escritor británico Thomas Hardy (1840-1928) tuvo que esperar mucho tiempo para conocer el éxito. Sus novelas fueron vapuleadas por la brutalidad de los motivos sexuales que llenaban sus páginas. Harto de los ataques, tras la publicación de Jude el Oscuro, abandonó definitivamente el género para consagrase a la poesía. Fue entonces, durante los últimos 15 años de su vida, cuando obtuvo el reconocimiento de sus contemporáneos, convirtiéndose en patriarca indiscutible de las letras inglesas.

El brazo marchito (Reino de Redonda) reúne siete cuentos del escritor, traducidos al castellano en 1974 por Javier Marías. El crítico literario Manuel Rodríguez Rivero se ha encargado del prólogo, en el que desglosa algunos de los rasgos que caracterizan la producción del autor de Tess, como la influencia del folclor de su tierra natal -el condado de Dorset-, la solidaridad con las víctimas o una visión pesimista del mundo. "El pesimismo de Hardy se ha convertido en un tópico al hablar de él. Una de sus características más importantes, aquella que le convierte en un grandísimo narrador, es su enorme sentido del lugar. El escritor tuvo también el extraño honor de ser el último gran novelista británico del siglo XIX y el primer gran poeta del siglo XX", dice Rodríguez Rivero.

Hardy fue además un hombre de carácter peculiar, que vivió una época de cambios convulsos. De joven, asistió al desmoronamiento de viejas certezas. Según Rodríguez Rivero, "fue un hombre al que le pasaron pocas cosas, que casi no salió de su terruño. Cuando le llegó la fama, era ya alguien muy retraído, aunque todos los que hablan de él en sus libros lo recuerdan como una persona muy cordial y solícita".

Un escenario rural

Los relatos recogidos en El brazo marchito se ambientan en un escenario rural imaginario y poco acogedor (Wessex), poblado de leyendas y de personajes maltratados por un destino indiferente que no logran comprender. En estos cuentos, Hardy reincide en temas trágicos y mórbidos, porque siempre creyó que "sólo lo excepcional era digno de ser contado", según afirma Rodríguez Rivero en el prólogo del volumen.

Es el caso del relato titulado El violinista ambulante, que narra la historia de un joven trastornado por el suicidio de su padre y cuyo tono sombrío recuerda al estilo de Poe. En otro de los cuentos del libro, Bárbara de la casa de Grebe, Hardy construye una trama gótica especialmente escabrosa, en la que explica los dramáticos contratiempos de una pareja de enamorados de clases sociales distintas. "Cuentos como El predicador desconcertado, que también aparece en esta edición, merecen estar en cualquier compendio de las mejores páginas de la literatura británica del siglo XIX", concluye Rodríguez Rivero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0029, 29 de enero de 2004.

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