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Entrevista:LUIS FRANCO VERA | Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular

"El hombre es más que sus genes"

Pregunta. Su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales versó sobre el rostro humano de la ciencia. ¿No lo es?

Respuesta. Debería serlo, pero no lo es. De hecho hay mucha gente que le tiene miedo al avance de la ciencia. Y no gente inculta, precisamente. Por ejemplo [Joseph] Rotblat, que es un premio Nobel de la Paz, tiene unas invectivas contra los avances científicos en la medida que se emplee para la destrucción de la humanidad. Pienso que la ciencia puede tener un rostro humano, en la medida en la que presta muchos servicios a la humanidad.

P. ¿Ciencia y humanismo no son incompatibles?

R. En absoluto. Muchas veces se hace una separación un tanto artificial, pero el verdadero científico es siempre humanista. Si de verdad está preocupado por los problemas de la humanidad, acaba preocupándose por la cultura de las humanidades.

P. Entre el hombre y la mosca sólo hay un 2% de diferencia genética. ¿El hombre es muy poca cosa o la mosca es muy importante?

R. El hombre es más que sus genes. Efectivamente, hay muy poca diferencia genética. El funcionamiento del organismo humano se basa en una serie de interacciones a nivel molecular -bioquímicas, diríamos- que son comunes en el hombre, en la mosca, en el ratón o en el gusano. Pero el hombre, además de tener un comportamiento biológico y genético, tiene el humanismo. Tiene ese puesto singular en la biosfera en tanto que es capaz de decidir con libertad su propio destino.

P. ¿La secuenciación del genoma abre una ventana a la esperanza o una brecha de terror?

R. Está abriendo muchas posibilidades, aunque quizá no en la línea que se decía al principio de que iba a eliminar todas las enfermedades. Sí que está abriendo el paso a la medicina predictiva.

P. Se dijo que era el Santo Grial, pero ¿qué es en realidad el genoma?

R. Es como si fuésemos capaces de leer y entender el libro de instrucciones de un aparato complicado. Hay 32.000 y pico genes en el hombre, pero conocemos la función de muy pocos de ellos.

P. Tras el genoma, ¿el desafío es saber cómo funciona el cerebro?

R. Antes lo es el proteoma, las proteínas que hay en una célula, que son los productos finales de los genes y las piezas imprescindibles de la maquinaria de las células.

P. Usted es miembro del Opus Dei. Cuando un científico se pone el mono de faena ¿debe olvidarse de sus creencias personales?

R. Una persona no se olvida de sus creencias. No puede uno tener dos o tres caretas, pero el hecho de que yo pertenezca al Opus Dei no influye en mi manera de ver la ciencia, que la veo a través del laboratorio, la experimentación y el estudio. También soy del Numancia, porque mis abuelos son de Soria, y eso no influye para que vea la ciencia de otra manera.

P. Cuanto más nos acercamos al conocimiento científico ¿no nos alejamos más de Dios?

R. Hay personas que se pueden alejar y otras que se pueden acercar. La postura que uno adopte ante un problema científico no compromete existencialmente; la que adopte ante un problema de índole religiosa, sí. El teorema de Pitágonas es una verdad geométrica que no añade nada a mi modo de ver la vida. Pero que yo crea en Dios o no, sí que me compromete: no puedo comportarme con mis semejantes del mismo modo.

P. ¿Dios es una actitud, un compromiso deontológico...? ¿Cómo lo definiría un científico solvente y creyente?

R. Es un ser personal.

EN DOS TRAZOS

Luis Franco Vera (Madrid, 1942) acaba de ingresar en la restringidísima Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Vive en en Valencia desde 1981, su especialidad es el ADN y publica varios artículos al año en las revistas científicas más prestigiosas. Tiene una gran esperanza en que el desarrollo de la ciencia sirva para mejorar cosas importantes y que sus beneficios lleguen a todo el mundo. Considera la ciencia como un potente instrumento para crear vínculos de amistad que contribuyan al bien de la humanidad por encima de las ideologías y las religiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de diciembre de 2003

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