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Reportaje:

Dinastías en la antigua URSS

Presidentes de ex repúblicas soviéticas perpetúan a sus familias en el poder

Las dinastías familiares se aposentan al frente de los Estados postsoviéticos. La sucesión del presidente de Azerbaiyán, Gueidar Alíev, por su hijo, Iljam, puede convertirse en la primera trasmisión hereditaria de poder por parte de los ex líderes comunistas que, como viejos dinosaurios, dirigen la mayoría de las repúblicas orientales de la ex URSS. Formalmente, Iljam, de 41 años, compite en los comicios presidenciales de Azerbaiyán que se celebran el 15 de octubre.

En Azerbaiyán puede producirse la primera transmisión de poder hereditaria

Iljam ha ido subiendo peldaño a peldaño: fue vicepresidente de la compañía de petróleo de Azerbaiyán, diputado y presidente del comité olímpico nacional. En agosto,de forma precipitada, fue elegido primer ministro, lo que le ha permitido sustituir a su padre, sometido a tratamiento médico en EE UU. Alíev, antiguo miembro de la dirección del Partido Comunista de la URSS, tiene 80 años y su mala salud le obliga a pasar largas temporadas en Turquía o EE UU. En medios diplomáticos caucásicos se asegura que está clínicamente muerto. El heredero tiene ya el visto bueno de la Federación Rusa. En septiembre, el jefe de la Administración del Kremlin, Alexandr Voloshin, fue a Bakú y allanó el terreno para la entrevista que Iljam mantuvo con Putin en la última cumbre de la Comunidad de Estados Independientes en Yalta.

La victoria de Iljam puede animar a otras dinastías postsoviéticas a seguir el mismo camino para perpetuarse, señala el analista Dimitri Furman, según el cual en la CEI está vigente una "santa alianza" de presidentes postsoviéticos que se refuerzan mutuamente y que crean una atmósfera de falta de alternativas. El fenómeno, subraya Furman, no se limita sólo al ámbito oriental. Prácticamente todos los líderes de los Estados postsoviéticos experimentan temor a ser procesados o víctimas de represalias cuando dejen el poder. De ahí su empeño en garantizar una larga continuidad, una trasmisión dinástica o una ley de inmunidad.

En la república asiática de Kazajistán, la hija mayor del presidente Nursultán Nazarbáiev, Dariga, parece tomar posiciones. La primogénita, que dirige un consorcio de medios de comunicación, ha fundado un movimiento juvenil (Asar) para reforzar el apoyo político de su padre ante la oposición, que acusa a la familia presidencial de corrupción y de engrosar sus cuentas en Suiza con negocios petroleros. Nazarbáiev tiene tres hijas (Dariga, Dinara y Alia) y en Kazajistán abundan los chistes alusivos a la posición privilegiada de sus yernos. Dariga, que es doctora en ciencias políticas, está casada con Rajat Alíev, el embajador de Kazajistán en Austria. Timur Kuibáiev, el marido de Dinara, ha dirigido la compañía Kaztransgas, que controla los gaseoductos.

Nazarbáiev, que fue dirigente del Partido Comunista de la URSS, fue elegido en 1999 para siete años y no se excluye que antes de las elecciones en 2006 se pongan en marcha enmiendas constitucionales para prolongar su estancia en el poder.

La tendencia a fortalecer los vínculos centroasiáticos mediante lazos familiares se puso de manifiesto en el matrimonio entre la hija menor de Nazarbáiev, Alia, y Aidar Akáiev, el hijo del presidente de Kirguizistán, Askar Akáiev. El fracaso del matrimonio dio al traste con sueños de unidad kazajo-kirguisa, al estilo de la unión entre Rusia y Bielorrusia. Mairam Akaíev, la esposa del presidente de Kirguizistán, atribuye la disolución de la pareja a la negativa de ella a dejar su país. Mairam Akáiev se promocionaba como una Raísa Gorbachova oriental en mayo al presentar una lujosa autobiografía en San Petersburgo. Akáiev, un intelectual que tras la disolución de la URSS era considerado el líder centroasiático más democrático, hizo aprobar una ley que garantiza su total inmunidad cuando concluya su mandato dentro de dos años. Los parientes del presidente ocupan posiciones importantes en la economíakirguiza.

Una asiática de fuerte personalidad es Gulnará Karímov, la hija del presidente de Uzbekistán Islam Karímov, que es consejera en la Embajada de su país en Moscú. En la capital rusa, Gulnará ha comprado un apartamento de lujo y por lo visto se siente segura. En EE UU la persigue la justicia con una enorme cuenta de costes judiciales a raíz del proceso de divorcio de un empresario norteamericano de origen uzbeko con quien tiene un conflicto por la tutela de sus hijos. Rusa por parte de madre y educada en Harvard, Gulnará ha creado un imperio económico con ramificaciones en los Emiratos Árabes. Es cinturón negro de kárate y ha recibido millones de dólares como asesora, según un empresario que trabajó con ella.

En Uzbekistán está en vigor una ley que da inmunidad al presidente y a su familia de por vida, y los analistas de la situación en Asia Central creen que el matrimonio de Gulnará con el ministro de Exteriores de Uzbekistán, Sadik Safáiev, no confirmado oficialmente, podría ser parte de un esquema de sucesión. En 2002 un referéndum legalizó la posibilidad de que Karímov prolongue su estancia en el poder durante dos mandatos de siete años a partir de 2005, lo que de hecho le consagra de por vida.

En Turkmenistán, el más despótico de los líderes centroasiáticos, Saparmurat Niyázov, no ha necesitado subterfugios para hacerse nombrar presidente de por vida. No es de extrañar. Su único hijo, Murad, capaz de gastarse 12 millones de dólares en un casino de Madrid en una noche, según la prensa británica, está un tanto "inmaduro" para sucederle. Poco apto para los estudios, Murad se dedica al ocio en Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de octubre de 2003