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Luis Ángel Rojo incorpora a la Real Academia Española su vasto y brillante saber económico

El Rey acompaña al nuevo académico, que ayer leyó su discurso de ingreso basado en Galdós

Con el ingreso ayer de Luis Ángel Rojo, la Real Academia Española (RAE) no incorpora sólo a un brillante economista. El ex gobernador del Banco de España, que preparó a la economía española para incorporarla al euro y que fue quien decidió intervenir Banesto, posee una vasta cultura. Amante de la música clásica, de la pintura, y lector infatigable, afirma que tratar de ser una persona culta "no es una cosa importante, es una obligación". El Rey y numerosas personalidades acompañaron ayer al nuevo académico, que centró su discurso de ingreso en Galdós, "un observador excepcional de la realidad".

Luis Ángel Rojo acumuló tantos libros en el Banco de España que darles salida retrasó su marcha de aquel despacho más de lo que él hubiese querido. Los libros también mandan en su casa, que se ha convertido "en un almacén de libros". Estos días ha terminado Austerlitz, de W. G. Sebald, "una obra muy dura y triste, pero extraordinaria". Ahora le espera La paradoja del poder norteamericano, de Joseph Nye, ex subsecretario de Defensa estadounidense, "uno de los mejores libros sobre la situación actual de la política norteamericana". Y cuadros compra cuando puede. "No tengo dinero; si lo tuviera, tendría mucho arte", afirma el que fuera gobernador, entre 1992 y 2000, de la entidad monetaria más poderosa en nuestro país.

Una vez que se jubiló del Banco de España ha vuelto a la Universidad Complutense de Madrid, de la que es catedrático de Teoría Económica. Pero también reparte su tiempo en la Asociación de Amigos del Museo del Prado, las fundaciones Thyssen y Ortega y Gasset y en la Academia de Ciencias Morales y Políticas..

Una institución próxima

De alguna manera estaba familiarizado con la Academia Española. No sólo porque allí se sientan varios amigos suyos. El gobernador del Banco de España también preside la Fundación pro Real Academia, creada en 1993. Y a él le tocó vivir la que ha sido la mayor transformación de la RAE en los últimos tiempos: conseguir nuevos recursos económicos para informatizar la Academia.

El presidente de honor de la fundación es el Rey, que ayer le acompañó, sentado en la mesa del estrado junto a Rodrigo Rato, Pilar del Castillo, Víctor García de la Concha y Guillermo Rojo. Con más de media hora de antelación habían llegado amigos y diversas personalidades, unos caminando, otros en coches oficiales. Académicos como Margarita Salas, Francisco Ayala, Juan Luis Cebrián, Francisco Rico, Antonio Mingote, Emilio Lledó, José Luis Sampedro y Fernando Fernán-Gómez, entre otros. Le acompañaron también la duquesa de Alba y los duques de Soria, Carlos Solchaga, Ángel Sánchez Asiaín, Luis Alberto de Cuenca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. A las siete en punto, los académicos Claudio Guillén y Carmen Iglesias introdujeron a Rojo en una sala llena de calor, del que muchos se defendían con abanicos.

Luis Ángel Rojo va a ocupar el sillón f, vacante desde el fallecimiento en 2001 de Jesús Aguirre, duque de Alba. A él le dedicó varias páginas de su discurso titulado La sociedad madrileña en Galdós. Contó cómo le conoció en los primeros años 60, tras llegar de Alemania. "La llegada de Aguirre, con ese bagaje intelectual, al ambiente mediocre y cerrado de esa España había de hacer de él una figura crítica, observada con suspicacia por las autoridades y pronto admirada por profesores y estudiantes". Le definió como una persona de inteligencia clara hacia quien siempre mantuvo "sentimientos de amistad, admiración y respeto".

El discurso de Rojo, madrileño militante nacido en 1934, continuaría después por los derroteros del siglo XIX, de la España y sobre todo del Madrid de entonces. Resultó un pequeño libro de historia social. Decidió que no podía ir a la Academia a aburrir con un discurso sobre economía porque "fue un observador excepcional, escritor irregular, pero gran escritor y crítico de esa sociedad madrileña". De la obra de Galdós le parece admirable Fortunata y Jacinta ("la cumbre de su obra"); también le gustan mucho Misericordia, Lo prohibido y La desheredada.

Del Madrid de hoy, frente al que Rojo conoció, dice que es gigantesco. "Tenía rasgos de encanto que ha perdido. Es notoriamente más feo, destartalado e inhóspito, y las personas son más distantes y menos simpáticas, pero les pasa a todas las ciudades que se convierten en una gran metrópoli. En cambio, desde el punto de vista cultural, el tiempo ha jugado a su favor. Antes teníamos prohibidos libros normales en cualquier país europeo y que hoy nos parecen triviales".

Rojo cree que su aportación a la RAE será la del especialista en términos económicos, complicados éstos porque en su mayoría son anglosajones, como lo es también la ciencia a la que ha dedicado su vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de junio de 2003