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Editorial:

Fuga

La revista Science publica una carta firmada por 2.700 científicos españoles en la que se hace un severo juicio de la situación de la ciencia en España. El punto de partida es la dificultad para recuperar investigadores que han hecho una parte de su formación en centros prestigiosos del extranjero y que se quedan en otros países o bien abandonan su carrera desmoralizados por la falta de perspectivas. Hay una pérdida neta de personas altamente cualificadas que podrían jugar un papel básico en el despegue científico de nuestro país, si es que alguna vez se produce, a pesar de las triunfalistas declaraciones del ministro de Ciencia, que afirma que hay más científicos extranjeros trabajando en España que españoles en el extranjero.

Ha habido iniciativas loables, como el programa de los Ramón y Cajal, para incorporar investigadores a las Universidades y centros de investigación, pero, en conjunto, las medidas que se van tomando son insuficientes y aisladas. No sólo es ya imposible cumplir la promesa de llegar al 2% en gasto en I+D para el final de esta legislatura hecha por el jefe del Gobierno, sino que ni siquiera hemos avanzado de forma significativa en la última década, a pesar de haber disfrutado de uno de los periodos más prósperos de la historia reciente. Con frecuencia los anuncios de grandes programas de apoyo a la investigación se resuelven reasignando y cambiando de nombre partidas presupuestarias ya dedicadas a este tipo de actividades, o incorporando recursos, como los relacionados con la compra de tecnología de uso militar, que nada tienen que ver con la investigación. Y aun así, estamos a la mitad del gasto europeo en I+D.

La gestión de los recursos dedicados a la ciencia deja también mucho que desear, como demuestran los retrasos en el pago a los investigadores del programa Ramón y Cajal. Mejorar la gestión es, por tanto, una tarea previa que no admite demora. España cuenta en estos momentos con una generación de científicos formados como nunca antes, pero no cuenta con el empeño de la sociedad y de sus dirigentes para cambiar la situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de abril de 2003