El Ebro inunda varios municipios de Zaragoza y obliga a desalojar a 700 personas

El río amenaza hoy a la capital aragonesa con un caudal de 3.000 metros cúbicos por segundo

La crecida del Ebro obligó ayer a desalojar a unas 700 personas de varias localidades zaragozanas, después de que los diques colocados por los vecinos cedieran al avance de las aguas, que anegaron calles y tierras. La riada avanzaba hacia Zaragoza entre el asombro de los responsables del ministerio de Medio Ambiente, que no esperaban una inundación de esa magnitud, y el malestar de los municipios ribereños por el estado de descuido en el que se encuentra el cauce del Ebro. Mientras tanto, Navarra recupera poco a poco la normalidad y Cataluña contiene el aliento ante la llegada de la avenida.

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Para las seis de la mañana de hoy, la confederación hidrográfica del Ebro esperaba un caudal del río a su paso por Zaragoza de 3.000 metros cúbicos por segundo y una altura de 5,77 metros.

Los vecinos de Pradilla, Cabañas y Alcala de Ebro llevaban ayer 48 horas de lucha con el Ebro, que devoraba sus tierras de cultivo y amenazaba sus viviendas. Aunque la mayoría se resistía a la orden de desalojo, en Pradilla a las nueve de la mañana un bando tajante obligaba a sus 625 habitantes a evacuar el pueblo ante la imposibilidad de contener los diques que se desmoranaban lamidos por las aguas. Algunos se trasladaron al polideportivo de Tauste. La mayoría fue a casas de familiares o amigos.

Lo peor llegó con la tarde. Pasadas las siete, el agua que había roto el dique del sur -defensas construidas con tierra para frenar el río- comenzó a inundar el pueblo. Los que quedaban salían por la carretera ante la imposibilidad de frenar al Ebro que anegaba las primeras granjas y algunas casas. Fue entonces cuando el centro de coordinación de emergencias decidió volar el dique para que el agua no inundase todo el casco urbano. La Confederación Hidrográfica desestimó la voladura porque el agua había entrado ya en el pueblo. Los vecinos lo daban por perdido, y de Pradilla salía el ultimo coche a las siete y media de la tarde cuando la riada ya era imparable. A la hora de redactar esta información, tres personas mayores se negaban a abandonar la localidad y se refugiaban en la planta alta de su casa de piedra.

El número dos del Ministerio de Medio Ambiente, Pascual Fernández, aseguraba que la primera riada del siglo XXI era impredecible porque el Ebro había cambiado de curso. Un cambio que atribuyó a la construcción de diques en la margen derecha y a la carretera de Gallur a Tauste.

Algunos alcaldes se quejaban de que el agua se desborda más que en otras ocasiones por el pesimo estado del río que hace años que no se ha limpiado ni drenado. Nicolás Medrano, regidor de Cabañas, afirmaba: "El río no cambia, lo que cambia es que ni se drena ni se limpia y que las islas crecen. La que tengo delante de mi pueblo no deja salir el agua y ha provocado un pantano".

El ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, escuchó protestas similares a la de Medrano en la visita que hizo por la tarde a las localidades afectadas, donde le recibieron con abucheos y peticiones de más cuidado en el Ebro.

Intervención del Ejército

Mientras, la situación seguía siendo de máxima alerta. El ejército estaba preparado para intervenir, pero el río estaba de bajada con 40 centímetros menos en Boquiñeni. A Zaragoza llegará hoy. La ciudad está preparada y sólo se esperan filtraciones en zonas tradicionalmente inundables.

Aguas arriba, en La Ribera navarra, la situación tendía a normalizarse, aunque las aguas del Ebro siguieron ayer fluyendo fuera de su cauce natural y anegando miles de hectáreas de regadío y cultivos hortofrutícolas en los que ha causado decenas de millones de euros en pérdidas, informa Mikel Muez.

La localidad de Buñuel, de 2.800 habitantes, seguía inundada por la crecida. Cuarenta casas fueron desalojadas en la tarde-noche del jueves y sus vecinos no podrán regresar a ellas hasta el próximo lunes.

No obstante, los caudales remitieron ayer ostensiblemente. En Castejón eran de 2.350 m3/segundo, mil metros cúbicos menos que el día anterior. En Tudela, donde decenas de vecinos se vieron el jueves obligados a utilizar barcas para salir o acceder a sus viviendas, el agua seguía presente en algunas vías, aunque la situación ayer mejoró con la bajada de caudal y los achiques mecánicos.

Las crecidas causaron cuantiosos daños en empresas, edificios, infraestructuras públicas y cultivos. Cinco carreteras seguían ayer cerradas al tráfico, entre ellas la N-113 entre Pamplona y Madrid a la altura de Castejón.

En Cataluña, el desagüe de 2.200 metros cúbicos por segundo de los embalses de Mequinenza y Ribarroja produjo inundaciones en Miravet, Aldover o García.

La Confederación Hidrográfica del Ebro prevé que no se producirán nuevas inundaciones en el tramo inferior del río tras seis días de evacuación de agua de los embalses. La situación en Tortosa se complicó ayer al infiltrarse agua del río en el sistema de cloacas, lo que produjo algunos problemas puntuales de inundaciones, informa Lali Cambra.

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