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AMENAZA DE GUERRA | El debate parlamentario

La oposición deja solo a Aznar en el Congreso en su justificación de la guerra contra Irak

Llegó con idea de conciliar, pero al final se le fue la mano. El presidente del Gobierno, José María Aznar, repartió ayer reproches y alusiones a tirios y troyanos, especialmente al PSOE, cuando concluía el primer pleno del Congreso de los Diputados dedicado al conflicto con Irak. Dejó un sabor ácido, porque no hubo réplica y porque, en el fondo, vino a reafirmar la polémica posición del Gabinete. Y se fue solo, como llegó. Ni un solo grupo parlamentario, a excepción del PP, compartió su idea de que haya motivos para ir a la guerra, y menos aún sin una nueva resolución de la ONU.

Ningún grupo comparte la idea de que haya motivos suficientes para el ataque

El Gobierno sostiene que hay que fijar un plazo de semanas para el desarme de Irak

Zapatero propone que España se oponga a la intervención en el Consejo de Seguridad

El presidente asegura que trabajará por una segunda resolución de la ONU

El propio Aznar dijo ayer en al menos seis ocasiones que el Gobierno esta empeñado en que se logre esa segunda resolución, y evitó afirmar expresamente, como había hecho hasta ahora en todos sus pronunciamientos, que la 1.441, aprobada por el Consejo de Seguridad el pasado mes de noviembre, da ya suficiente cobertura internacional a un eventual ataque.

Era un cambio de acento esperado, un intento de tender un puente que ayude a romper el actual aislamiento parlamentario del Ejecutivo. Pero no implica una rectificación, en la medida en que, para Aznar, la segunda resolución de la ONU sigue siendo simplemente deseable, no imprescindible.

"Reitero que trabajamos para que haya otra resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, y reitero que es deseable que la haya y que espero y deseo que se logre", dijo en el tramo final del debate, antes de concluir: "Pero esa resolución tiene que fijar plazos concretos, de semanas, para que se consiga el desarme de Irak, y no podemos actuar como si no estuviera ocurriendo nada, como si no tuviéramos responsabilidades en la comunidad internacional".

"Ésa es la posición que conviene a España y la que, estoy seguro, adoptaría cualquier Gobierno responsable", concluyó, tajante, tras despejar toda duda de que cualquier acción bélica no le dejará pasivo.

De ahí que José Carlos Mauricio, por Coalición Canaria, hasta ahora el aliado más fiel del Gabinete, insistiera en que "no es conveniente una segunda resolución, es necesaria", mientras se delineaba un consenso entre todos los grupos, menos el popular. Puede concretarse en que la guerra "no es el mejor medio" para desarmar a Sadam Husein, aunque éste sea un "asesino", y que el Gobierno debe promover una segunda resolución en el Consejo de Seguridad, a través de un acuerdo europeo.

Más tiempo a los inspectores

A partir de ahí, las posiciones divergen desde la actitud del PSOE, cuyo líder, José Luis Rodríguez Zapatero, exigió ayer al Gobierno que dé a los inspectores de la ONU "todo el tiempo" que necesiten y que "se oponga" a cualquier resolución que contemple el ataque; a la disposición clara de Convergència i Unió y Coalición Canaria a apoyar una ofensiva si es amparada por la nueva resolución de la ONU, y al simple "no a la guerra" expresado por IU, el PNV y todos los partidos del Grupo Mixto. Prácticamente todos estos grupos coincidieron también ayer en calificar de "sumisa" la actitud de Aznar con respecto a Estados Unidos.

El calificativo irritó al presidente del Gobierno en una comparecencia que fue agitada desde sus comienzos, porque los diputados de IU exhibieron pancartas de No a la guerra, siendo reprendidos por la presidenta Luisa Fernanda Rudi, y alcanzó la tensión máxima al filo de las siete de la tarde cuando María Barranco, Aitana Sánchez Gijón y otras actrices y actores, invitados por la izquierda a la sesión parlamentaria, descubrieron el mismo lema impreso sobre camisetas que vestían en la tribuna de invitados.

"Algo de esto pasó en 1990 y en 1991. Hay algunos que tienen la ventaja de no pasar por las urnas y, cuando pasan, por lo menos tienen poco respaldo", dijo despectivo Aznar, afectado en ese momento por un bajón de voz que revelaba su enfado.

Había llegado, sin embargo, con buen talante al Palacio de las Cortes. Hasta incluyó en su discurso este párrafo: "Siento el mayor respeto por todas la posiciones que se van a manifestar en el debate. Nadie tiene el monopolio de la razón, como nadie tiene el monopolio de los buenos sentimientos".

Zapatero subrayó lo insólito de esa frase en el contexto de la últimas intervenciones de Aznar, cuando le recordó que ha calificado a los que disienten de "oportunistas, mal preparados o ambiciosos de poder", y, hace una semana, tachado sus críticas de "ladridos". Por estas invectivas, el líder de la oposición mereció que los diputados del PP le interrumpieran con carcajadas cuando confundieron el verbo que había pronunciado -entendieron "escribido" y dijo "esgrimido"-. Incluso uno de los parlamentarios populares le llamó "cabrón" porque Zapatero dijo que el PSOE estaba más en línea con la posición del Papa sobre la guerra que el propio Gobierno. Rudi advirtió al diputado insultón de que, a la próxima, sería expulsado del salón de plenos.

El ambiente era, pese a todo, de tarde grande. Las tribunas repletas, dieron oportunidad al portavoz de CiU, Xavier Trias, acostrumbrado a que el hemiciclo se vacíe siempre que le llega el turno, a bromear de este modo: "Hoy, que no se van, voy a aprovecharme". Sin cambiar de posición, Trias bajó mucho el tono de la polémica que su partido ha mantenido con el Gobierno en torno a la guerra últimamente.

El eje del debate se vertebró en torno a las intervenciones de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, al que la presidenta concedió 36 minutos, el doble de lo pactado el día anterior en la Junta de Portavoces, para que acusara al Gobierno de romper el consenso en política exterior al adoptar "un carácter instrumental" con respecto a EE UU.

Aznar citó los informes de los inspectores de la ONU para sostener que es indudable que Irak tiene armas químicas y bacteriológicas, y afirmó que Abu Musa Al Zarkawi, un lugarteniente de Bin Laden, se ocultó en Bagdad antes de que se perdiera su rastro. A este terrorista lo relacionó Aznar con los últimos detenidos en España relacionados con Al Qaeda.

Esas supuestas pruebas toparon con el escepticismo general. "La guerra es un fracaso colectivo y una reacción desproporcionada en este caso. No es posible hacerla para destruir armas de cuya existencia no hay certeza y que no plantean un peligro inmediato", señaló Zapatero.

"La vinculación de Irak con el terrorismo es sólo una hipótesis que no justifica una guerra", afirmó Trias. "Lo que garantiza el desarme de Irak es la continuidad de las inspecciones. La guerra crearía un caos, en el que las armas químicas y bacteriológicas que tenga Irak se difundirían más fácilmente", señaló Mauricio, quien, como Iñaki Anasagasti y Gaspar Llamazares, insistió en que EE UU ha dado ya suficientes muestras de su capacidad para fabricar pruebas como para que las presentadas ayer sean creíbles.

España no acepta amenazas

"España no acepta amenazas de ningún tipo, y menos en lo que se refiere a terrorismo", aseguró Aznar, tras señalar que el viceministro iraquí, Tarek Aziz, ha indicado que la actitud del Gobierno podría convertir a España en objetivo de ataques internacionales. Zapatero afirmó en su intervención: "Es el momento del patriotismo, y el patriotismo es la dignidad de un pueblo. No hay nada más antipatriota que la sumisión".

El presidente del Gobierno concentró su réplica en el PSOE, atacándoles sin freno, aunque sin ahorrar puyas a otros grupos. Rechazó que hablara de "sumisión" el representante de un partido que, desde el Gobierno, había mantenido a España en la OTAN, bajo el mandato de Ronald Reagan, aunque había prometido sacarla; que apoyó el despliegue de los euromisiles al final de la guerra fría; que mandó soldados de reemplazo al Golfo durante la presidencia de Bush padre y que bombardeó Kosovo sin mandato de la ONU cuando el secretario general de la OTAN era Javier Solana, su ex ministro de Exteriores.

El parlamentario Jesús Caldera, por el PSOE, pidió dos veces a la presidenta de la Cámara el derecho de réplica, apoyándose en otros tantos artículos del reglamento. También reclamaron ese derecho los portavoces de IU, el PNV y el portavoz del Grupo Mixto. Con el reglamento en la mano, Luisa Fernanda Rudi se lo negó a todos, acogiéndose al carácter "específico" del procedimiento adoptado en la Junta de Portavoces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de febrero de 2003