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Análisis:AMENAZA DE GUERRA | Los preparativos de un ataque

La guerra ha comenzado

El telediario de la primera cadena de Televisión Española informó ayer, en su edición de las tres de la tarde, de que el presidente del Gobierno, José María Aznar, había publicado un artículo en el periódico Abc en el que afirmaba que "Sadam tiene la última palabra" y hablaba del conflicto con Irak. A continuación, los editores extraían diferentes párrafos del mismo, exhibiéndolos de manera destacada. Unas imágenes ilustraban, de fondo, las afirmaciones.

En cierto momento, Aznar recordaba que "desde el 11 de septiembre de 2001 los terroristas han roto todas las escalas en su acción criminal". La imagen que inundó la pantalla: el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Aznar, como el secretario de Estado de EE UU, Colin Powell, media hora más tarde, en Nueva York, habló de los vínculos (presuntos, debería haber dicho) entre Sadam Husein y Al Qaeda. De la imagen sólo se podía deducir una cosa: que también el dictador iraquí participó en los atentados del 11 de septiembre. Ahora, pruebas de ello: ninguna. Presunciones: ni una sola.

Sin embargo, Aznar insistió. "Lo hemos visto en Nueva York. Lo hemos visto en Bali, lo hemos visto en Kenia y Tanzania. A esta misma lógica se debe el que terroristas armados de las mismas intenciones hayan sido detenidos en varios países, como Alemania, Gran Bretaña y España". Por la tarde, el presidente repitió que las detenciones en el Reino Unido y en España eran una prueba de la amenaza. Powell, por su parte, minutos después, también se refirió a esas detenciones.

Todo esto plantea un interesante asunto. La actividad del juez Baltasar Garzón es conocida por el fiscal general de Estados Unidos, John Ashcroft, y por el responsable de la división criminal, a cargo de la investigación de Al Qaeda en el citado departamento, Michael Chertoff.

En la persecución de Al Qaeda en España, Garzón ha practicado diligencias y detenciones. En ningún momento de la instrucción sumarial ha tenido, según sus autos, evidencias de una relación entre Al Qaeda y el régimen de Sadam Husein. Hace pocos días, en éste periódico, el juez advertía de que la opinión pública norteamericana "adormecida y aterrorizada, ya no sabe si Osama Bin Laden es iraquí o talibán, o si fue éste o Sadam Husein quien ordenó el ataque a las Torres Gemelas". Atención: el dilema planteado por Garzón -que es quien instruye el sumario de Al Qaeda en España- se ha resuelto. Sadam Husein está a punto de haber ordenado esos atentados. ¿Cómo no iba a saber que iba a ocurrir una cosa tan importante si colaboraba con Bin Laden? Esto podría parecer el teatro del absurdo, pero no. Es la guerra. Siempre comienza por lo mismo: la propaganda. Como la de TVE ayer. Ahora bien, en todo caso, Aznar debería enviar a Garzón las pruebas de lo que dice.

Mientras José Luis Rodríguez Zapatero contestaba a Aznar, la segunda cadena de TVE achicaba la imagen del líder del PSOE para dejar correr las noticias del discurso de Powell en Nueva York, en las que se aseguraba que Irak había engañado a los inspectores de la ONU. Se comprende. Hay que informar de la última a todos. Pero dado el formato de la presentación de Aznar, claramente favorable al presidente, ello también desfavorecía a la oposición.

Cambiando de TVE a CNN, donde se podían ver los mapas y grabaciones de Powell, surgía una duda irreprimible. Ésta: ¿por qué si confiaba en esos datos no los proporcionó Bush en su día a los inspectores de la ONU para coger in fraganti a Sadam Husein? Ahora, después de la presentación, Powell, si es cierto lo que alega, da tiempo a Sadam para que oculte sus armas químicas y biológicas. No tiene lógica. O quizás sí: Estados Unidos ya ha tomado hace tiempo su decisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de febrero de 2003