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AMENAZA DE GUERRA | Oposición a un ataque

El PSOE confía en pactar una moción con todos los grupos

La propuesta se debatirá y someterá a votación en pleno el próximo martes

El Grupo Socialista dedicó buena parte del día de ayer a cocinar su plato preferido de la jornada parlamentaria, el máximo consenso posible para la moción que hoy se presentará en el Congreso de los Diputados sobre el conflicto de Irak. La moción será consecuencia de las interpelaciones que el PSOE, CiU e Izquierda Unida defendieron ayer por la noche en la Cámara baja, tras el debate con el presidente del Gobierno.

Los tres grupos habían anunciado que, ante la imposibilidad de un debate con propuestas de resolución que pudiera votar la Cámara, acudirían a la fórmula de la interpelación. De ésta pueden derivarse mociones, que en este caso se debatirán el próximo martes en el pleno y que obligarán a pronunciarse a todos los grupos de la Cámara.

La dirección del Grupo Socialista confiaba anoche en lograr un acuerdo muy amplio. Aunque probablemente CiU e incluso algún otro grupo presenten mociones propias, los socialistas afirman que hasta el martes hay posibilidades de lograr acuerdo sobre un texto único en torno al conflicto de Irak.

Por el Grupo Socialista, fue Manuel Marín quien trató de martillear al Gobierno con la idea de la soledad en que se encuentra. Para el portavoz socialista, el debate de ayer por la tarde evidenció que "el Gobierno está solo", "completamente aislado".

Marín insistió en que la posición de su grupo no es contraria a EE UU, pero recordó que este país apoyó el régimen franquista y que, incluso, el 23-F, en plena intentona golpista del teniente coronel Tejero en el Congreso, el secretario de Defensa calificó la situación desde Washington como "un asunto interno", frente a la condena inmediata de los líderes europeos.

En el debate de las interpelaciones PSOE, IU y CiU aprovecharon el turno para replicar al presidente del Gobierno, algo que no habían podido hacer tras la intervención de Aznar. Por eso, Marín se permitió responder a una alusión del jefe del Ejecutivo sobre la actitud del PSOE en relación a la adhesión de España a la OTAN, y retó al vicepresidente primero, Mariano Rajoy. Le preguntó si el Gobierno "se atrevería a organizar un referéndum sobre la guerra de Irak" tal y como hizo el PSOE sobre la permanencia en la OTAN.

Felipe Alcaraz, en nombre de IU, abundó en la idea de que el Gobierno se ha quedado en minoría y citó la posición de los obispos españoles contra la guerra como argumento de autoridad. Por un momento, pareció convertirse en portavoz del episcopado, lo que aprovechó Rajoy al contestarle para hacer algún sarcasmo.

Alcaraz reprochó al Gobierno que juegue con la posibilidad de que finalmente se logre un consenso internacional en el Consejo de Seguridad, y haya una segunda resolución que autorice la intervención contra Irak. Aún así, el portavoz de IU pidió al Gobierno que España vote contra la guerra en cualquier circunstancia.

Apenas 50 diputados seguían el debate de las interpelaciones, que concluyó a las 11 de la noche. Quizá por eso, se produjo un hecho insólito. Desde los escaños socialistas hubo aplausos para la intervención de Alcaraz y también, luego, para el representante de CiU.

Ignasi Guardans, que habló en nombre de CiU, fue extraordinariamente duro al rechazar todas las argumentaciones que Aznar había utilizado por la tarde, y mantuvo una actitud de enorme firmeza contra la posibilidad de una guerra.

Guardans pidió que se coloquen en la tribuna fotografías de muertos y de heridos en guerra y argumentó que no se puede hablar de un conflicto bélico, en el que miles de personas pueden morir o sufrir mutilaciones, como si se tratase de la simple modificación de un plan cualquiera de vivienda.

Guardans adoptó un tono tan serio que interrumpió su discurso cuando advirtió que el diputado del Grupo Popular Gustavo Arístegui comentaba algo con Rajoy. La presidenta le invitó a que siguiese hablando, pero Guardans dijo que estaba dispuesto a esperar porque estaba interpelando, personalmente, al vicepresidente Rajoy y deseaba que le atendiese. Y concluyó con un interrogante formulado en el tono severo que tiñó su intervención: "¿En conciencia, creen que hay argumentos suficientes para apretar el gatillo?".

Rajoy reprochó a los tres portavoces que, en lugar de interpelarle, se dedicasen "a hacer la réplica a la intervención de Aznar". Luego, volvió a repetir en lo sustancial los argumentos que el presidente del Gobierno había manejado por la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de febrero de 2003