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COLUMNA

Altermundialización ciudadana

Lo han logrado. La multitud de Porto Alegre ya no es designada como antiglobalizadora, sino como altermundista. La gran mayoría de los medios de comunicación, y entre ellos los diarios de referencia, han renunciado al apodo que le pusieron en su momento y ahora usan el término de mundialización alternativa o altermundialización. De escasa seducción mediática e incapaz de competir, en el basic english que nos domina, con expresiones como No global, tiene sin embargo a su favor no sacrificar el contenido a la fórmula. Porque los de Porto Alegre, lejos de querer encerrarse en su campanario local, pretenden que lo local / regional / nacional, sólo puede transformarse desde lo mundial. Y que esa transformación no busca destruir lo que funciona, sino sustituir lo que no funciona. Por eso la contestación altermundista es una contestación radicalmente reformista que no se propone actuar a golpe de piquete y de derribos, sino de proyectos y propuestas.Lula y el presupuesto participativo, Lula para acabar con el hambre en Brasil, Lula por la paz en el mundo. El Tercer Foro de Porto Alegre se sitúa en una secuencia de cinco Foros Sociales Regionales en el 2002 -Argentina, Europa, África, Panamazonia, Palestina- y llega dos semanas después del Foro Social Asiático de Hyderabad (India), en el que se esperaban 7.000 participantes y congregó a cerca de 25.000 de la India, Tailandia, Japón, Corea del Sur, etcétera, con los varios centenares de debates propios de este tipo de reuniones, prueba de que el movimiento alternativo, social y ciudadano es una realidad mundial en marcha. Este tercer Foro, más allá de su confirmación cuantitativa -143 países, 5.000 organizaciones,cerca de 80.000 participantes con mayoría de jóvenes y abundante presencia de mujeres-, muestra en la estructura de los más de 1.700 actos programados su voluntad de entrar a fondo en los grandes problemas actuales, a través de sus cinco ejes temáticos (desarrollo democrático y sostenible; derechos de la persona, diversidad e igualdad; medios de comunicación, cultura y contrahegemonía; poder político, sociedad civil y democracia; orden mundial y paz). Ahora bien, el importante trabajo que se realiza en ellos no puede transformar su condición de ámbitos de encuentro que no aspiran a producir declaraciones y/o programas conjuntos, sino a debatir colectivamente y a coordinar sólo aquellos proyectos que coinciden en sus objetivos. De aquí la siempre difícil lectura de los resultados de los foros.

Pues su cometido no es producir nuevos modelos de aplicabilidad universal e inmediata, sino suscitar acciones teóricas e intervenciones concretas para crear alternativas al descontrol económico y a la injusticia global. Acciones cuya formulación pide tiempo y carece, en un primer momento, de capacidad sistémica y de alcance totalizador. A causa de ello comienzan a aparecer injustificados signos de impaciencia entre los intelectuales progresistas, cuando en apenas cuatro años se están invirtiendo los paradigmas ideológicos dominantes y la arrogancia capitalista de los años noventa, entonces incriticable, es hoy objeto de múltiples impugnaciones. Pero es que, además, el pensamiento radical está reconquistando los espacios que tenía en las décadas sesenta y setenta: los neomarxistas con Antonio Negri como principal referente; los antiutilitaristas con su primado del decrecimiento; los defensores de una economía plural -economía social / solidaria, economía doméstica, economía pública-; los formuladores del nuevo desarrollo sostenible, etcétera; sin olvidar las nuevas propuestas de apropiación social que nos vienen del Sur.

Esta tarde se propondrá en Porto Alegre la creación de un Observatorio Internacional de Medios -Media Watch Global- red de observatorios nacionales del que formarán parte profesionales del periodismo, estudiosos de la comunicación y asociaciones de usuarios y de la sociedad civil. Su objetivo será luchar contra la desinformación y contribuir a la depolución del paisaje mediático que tanto lo necesita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de enero de 2003