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Juan Manuel Bonet recrea la pasión de Gómez de la Serna por los objetos y los despachos en 'Ramón en su torreón'

"Mi péndulo oscila entre dos polos contradictorios, entre lo evidente y lo inverosímil, entre lo superficial y el abismo, entre lo grosero y lo extraordinario, entre el circo y la muerte". Esta frase de Ramón Gómez de la Serna se puede aplicar muy bien a su pasión por los objetos y los recuerdos que llenaban los despachos que fue montando a lo largo del tiempo y el exilio. Juan Manuel Bonet, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ha recreado ese furor coleccionista, su "teoría del despacho como una obra de arte", en un libro titulado Ramón en su torreón, que ha editado la Fundación Wellington como un homenaje al escritor que convirtió en un lugar legendario el torreón de Velázquez, 6, situado en el solar madrileño donde está hoy el hotel Wellington.

Desde aquel primer despacho al último de la calle bonaerense de Hipólito Yrigoyen, Bonet recrea en un texto rico en admiración, matices y citas el mundo en miniatura del escritor y gran collagista madrileño, un universo formado, según enumeraba caóticamente él mismo, por pisapapeles, "esa muñeca de cera con el pelo suelto y una amarillez ideal", otra comprada "en París con el dinero de la herencia", cientos de imágenes y fotos pegadas en la pared, el biombo o las contraventanas, bolas de cristal y búcaros de madera, el frasco con el rótulo "ideas", las pipas usadas, "un farol auténtico de esquina para leer el periódico al anochecer sin pasar el frío que tendría que pasar en la calle", caretas de plata, un matamoscas, un diario, esferas de cristal colgadas del techo, espejos, el retrato cubista de Diego Rivera, sus geniales dibujos...

Todo eso y más estará dentro de unos días instalado de forma permanente en el Museo Reina Sofía, anuncia el director del museo, que ya exhibió el despacho de Gómez de la Serna durante la exposición Los ismos (en la selección de imágenes colabora con él Carlos Pérez, comisario de aquella muestra). Bonet cree que "los torreones de Ramón eran la encarnación de su obra: convertía el coleccionismo en arte, sus excursiones al Rastro eran la inspiración para sus textos. Seguía la misma línea de André Bretón, la de la obra de arte total. Su pasión por el objeto le llevaba a extraer la poesía de ese objeto. Era un castizo modernísimo que importó las vanguardias, el surrealismo y el dadaísmo".

El libro, una joya de tapas duras, a dos tintas y con muchas ilustraciones en color, fue presentado ayer en Madrid por Andrés Trapiello, con la asistencia de la presidenta del Congreso de los Diputados, Luisa Fernanda Rudi. Trapiello resaltó "la maravilla" que es el libro, calificó el texto de Bonet como "un laberinto precioso y uno de los más bonitos que ha hecho", y destacó la gran paradoja de Ramón Gómez de la Serna: "Construyó la modernidad con el pasado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de enero de 2003