Las bibliotecas públicas españolas están entre las peor dotadas de la Unión Europea

La adquisición de libros y el uso de los centros están muy lejos de la media de Europa

El coste del servicio de las bibliotecas públicas españolas asciende a 4,67 euros por habitante y año, de los que 0,67 euros se destinan a ampliar los fondos. La media de la UE es de 13,35 euros por habitante, de los que 1,97 euros son para compras. Las bibliotecas españolas tienen menos de un libro por habitante, muy inferior a las de Francia (2,1 libros por habitante), Irlanda (3), Bélgica (3), Suecia (5), Dinamarca (5,5) o Finlandia (7,2). Son los resultados del Estudio sobre el desarrollo de las colecciones de las bibliotecas públicas de España, realizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Las cifras españolas se sitúan por debajo de las recomendadas por la Unesco. Sólo Portugal y Luxemburgo están por detrás.

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Las colecciones de las bibliotecas públicas españolas son, por término medio, de tamaño reducido, se actualizan escasamente sus fondos y apenas incorporan los nuevos medios tecnológicos de información. Estos datos sombríos contrastan con otros mucho más positivos: el número de bibliotecas públicas ha aumentado en España un 62% en los últimos 10 años. Se ha pasado de 2.465 bibliotecas en 1990 a 4.009 en 2000. De forma paralela, los usuarios de estos centros se han incrementado en un 141% en el mismo periodo, según el estudio de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Resulta casi una contradicción el que, por una parte, se haya mejorado tanto en diez años y, por la otra, la actualización de los fondos y compra de nuevos títulos sea aún tan baja. Para el director general de la Fundación Ruipérez, Antonio Basanta, "la situación se explica fundamentalmente por el nivel ínfimo del que se partía". "La existencia de una verdadera red de lectura pública en España ha sido sólo posible, en términos de extensión, desde la llegada de la democracia. De entonces acá, el esfuerzo realizado por instituciones públicas y privadas ha sido notable, aunque aún la distancia que nos separa con muchos de los países de nuestro entorno es sustancial".

Por ello, añade Basanta, "sin ignorar el valor de lo ya realizado, afirmamos la necesidad de que la inversión se mantenga y acreciente, máxime en un momento en que el acceso y la comprensión de la información -lo que sólo es posible a través de la práctica de una lectura de calidad- se ha convertido en la condición insoslayable de progreso de nuestra sociedad".

El estudio de la fundación indica que el número de españoles inscritos como usuarios en las bibliotecas públicas alcanzó en el año 2000 la cifra de 7.904.273 ciudadanos, que realizaron 55,5 millones de visitas y tomaron prestados 31,4 millones de libros. Hace 10 años sólo había 3.278.154 usuarios y el volumen de préstamos era de 16,4 millones.

Basanta considera que, para superar la enorme distancia que existe entre España y la mayoría de países de la Unión Europea, es absolutamente imprescindible "redoblar el esfuerzo".

"Si en los últimos años se ha recortado la distancia en los términos en que lo ha hecho, es porque se ha realizado una inversión que ha creado, primero, y modernizado después, buena parte de nuestro mapa bibliotecario", afirma el director general de la Fundación Ruipérez.

En lo que se refiere a la incorporación de las nuevas tecnologías de la información, el estudio de la fundación advierte de que "menos de la tercera parte de las bibliotecas públicas registradas en 2000 disponen de ordenadores para uso público y sólo el 19% del total ofrecían a sus usuarios acceso a Internet en ese año".

"Si en los próximos años mejoramos la composición de las colecciones de nuestras bibliotecas públicas actualizándolas y estructurándolas en relación a los intereses reales de nuestros lectores, si aumentamos sus horarios de apertura, si incorporamos los nuevos medios tecnológicos y reforzamos la formación de los profesionales que las atienden, España alcanzará los niveles que necesita y que merece", asegura Basanta.

El director general de la fundación revindica el papel de los lectores. "Esa imagen de que el español es reacio al libro y a la lectura es, además de una sandez, una verdadera falacia. En España tenemos los lectores que hemos querido tener a lo largo de nuestra historia como país. Y aumentar su cantidad y calidad será posible si de verdad tomamos esta causa como una de nuestras prioridades. De ese modo, España alcanzará lo que durante tantos y tantos siglos se le negó: ser una sociedad plenamente lectora".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 14 de enero de 2003.

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