Reportaje:ARQUITECTURAS | BARCOS & ENRÍQUEZ

La función en el centro de salud

Eso de que la función crea el órgano se cumple más de una vez y, desde luego, en el Centro de Salud de Buñuel (Navarra) diseñado por Javier Barcos y Manuel Enríquez. Este proyecto es una de las obras del País Vasco y Navarra elegidas en la última monografía de la revista AV, dirigida por Luis Fernández Galiano, el anuario España 2002, en el que también se citan las viviendas M-U de Oiartzun, por Acebo & Alonso; las VPO, de Ercilla y Campo, en Vitoria, o la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, de Uriarte.

Barcos y Enríquez comparten estudio desde hace algo más de un lustro y trabajan fundamentalmente en concursos. Estos dos arquitectos se plantean sus proyectos desde distintos puntos de vista que convergen en el principal que es atender con idoneidad la función a la que está destinada. Así ocurre en ese centro de salud, ubicado en uno de esos pueblos de la Ribera navarra, de clima extremo, en los que la urbanización descontrolada producto del desarrollismo franquista es la tónica. Ante este panorama, Barcos y Enríquez se plantearon un edificio que fuera dominante en un entorno urbano carente de interés. "Es decir, un edificio que se mire a sí mismo", explican.

Esta característica viene dada por dos motivos básicos: uno, el citado escaso atractivo de lo colindante, y, dos, la necesidad ineludible de privacidad que requiere un centro de salud. En este aspecto, el trabajo ha sido conseguir un edificio diáfano con austeridad de materiales y sencillez de líneas, de tal modo que desde la sala de espera se vea la plaza del pueblo, pero no a la inversa. Una plaza que se integra en el centro de salud gracias al porche exterior de la zona de acceso.

Y luego, gracias a la organización de este edificio de una sola planta con dos patios, las consultas miran todas al sur, pero dan a uno de esos patios ilustrados como un jardín japonés con los arbustos de la tierra, tomillo y lavanda.

Los planteamientos generales en los que el proyecto se adapta al uso se perciben en el resto de obras públicas de Barcos & Enríquez, cuyos primeros pasos los dieron en el estudio Miguel Ángel Alonso y Rufino Hernández desde antes de terminar la carrera en la Universidad de Navarra. Allí pergeñaron su primer proyecto conjunto, el del parque Conde de Gages de Rotxapea, en Pamplona, conocido como "parque de los enamorados".

De aquella convocatoria aprendieron mucho: la cara amarga la ofrece el hecho de que el encargo de la obra fue para otro estudio; el lado positivo hace que estos dos arquitectos de la misma promoción decidan abrir un estudio juntos y seguir en el camino de los concursos de obra pública. "Los concursos nos parecían una motivación ideal para hacer gimnasia arquitectónica, pero ahora ya se han convertido en una motivación diaria", comentan.

Sus trabajos van desde otros centros de salud como el de Barañain (donde también van a diseñar el centro de educación infantil) a VPO en el entorno de Pamplona o proyectos de mayor envergadura en colaboración con otros estudios como la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Catalunya en Castelldefells.

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