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Tribuna:

La solidaridad, la patria de Matta

He venido a despedirme de ti, Roberto Matta, porque fui tu amigo, y porque represento también el dolor de todos tus compatriotas chilenos que admiraron tu pintura tanto como celebraron tu palabra.

Vengo a decir adiós a un chileno, es cierto, pero también a uno de los más grandes artistas contemporáneos, a alguien que fue uno de los nuestros, pero que fue también un consumado artista del mundo.

Vengo a decir adiós al artista y al hombre de su tiempo que declaraba que su patriotismo era la solidaridad y que su patria era cualquiera donde hubiere víctimas que compadecer y rescatar.

Vengo a decir adiós a la imaginación, a la inteligencia, a la gracia y a la libertad que pusiste tanto en tu vida como en tu obra, dejándonos un legado tan rico y diverso que nunca podremos hacer caber en un solo catálogo.

Vengo a decir adiós a un artista que miró no al paisaje, sino al hombre, o cuyo único paisaje fue el misterio del ser humano sobre la Tierra.

Vengo a decir adiós a nuestro Premio Nacional de Arte, que, cuando recibió de mis manos esa distinción, preguntó, entre distraído y jocoso, qué era eso que le dábamos y para qué servía.

Vengo a despedirme de ti, Roberto Matta, porque nos enseñaste que el amor es como un ojo con el que vemos al otro, que se fija en el otro, un reflector que dejamos caer sobre los demás para descubrir que están allí y que nos necesitan.

Vengo a despedirme de ti, Roberto Matta, únicamente con mi palabra, porque no tiene ya sentido que te traiga, como hice otras veces, esos canastos con mermeladas y dulces de Chile que recibías con la inocencia de un niño travieso.

Vengo a decir adiós a Roberto Matta y a celebrar que hace poco más de un año, en París, me dijera que se encogía con el paso de los años, que estaba cada vez más pequeño y que ésa era seguramente la manera de irse acostumbrando a la tierra.

Vengo a decir adiós a quien nos aleccionó también en el campo de la política y en el de la consecuencia que es preciso tener siempre en ese campo.

Vengo agradecer a Roberto Matta que cierta vez haya podido decir de la política que ella "es el arte de las relaciones humanas, el arte de saber vivir juntos, de cómo se hace para que vivir juntos sea bello".

En fin, vengo a decirte que ahora estarás definitivamente en la tierra, pero también en nuestra memoria y en nuestro recuerdo, y que en Chile continuaremos esforzándonos para que vivir juntos entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico continúe siendo algo bello, emocionante y digno, tan bello, emocionante y digno como tú siempre lo quisiste.

Testimonio de Ricardo Lagos, presidente de Chile, en la muerte del pintor Roberto Matta, el pasado 23 de noviembre, leído en Tarquina por su esposa Luisa Durán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de noviembre de 2002