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XXII EDICIÓN DE LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

'No soy un hipocondriaco'

Woody Allen provocó ayer un auténtico delirio en el teatro Jovellanos de Gijón, donde tras la proyección de su película Manhattan mantuvo un coloquio con los más de 800 admiradores que abarrotaban la sala. Aplaudieron cuando el cineasta español Gonzalo Suárez presentó el filme y volvieron a aplaudir cuando acabó y se rompieron las manos cuando Allen apareció en el escenario, con un decorado detrás hecho con archivadores que imitaban el sky line de Nueva York.

El director, escritor, guionista, actor y músico estadounidense se enrolló de maravilla con las cuestiones que le plantearon. Cuando un joven le preguntó si nunca había pensado interpretar el papel de un psicoanalista en lugar de un hipocondriaco, él se río alegremente y dijo: 'La gente cree que soy un hipocondriaco, pero no lo soy. Un hipocondriaco es alguien que cree que está enfermo. Y yo lo que en realidad soy es un alarmista. Si me hago un corte en el dedo, pienso que va a ser algo terrible, que voy a tener un cáncer o un infarto, pero lo cierto es que tengo una herida de verdad en el dedo'.

Allen, en cambio, se impacientó bastante con Gonzalo Suárez, cuando intentó charlar con él. El director español hizo algunos chistes. '¿Pero cuál es la pregunta?', dijo el cineasta norteamericano. '¿Hay vida más allá del cine?'. '¿Sin el cine y sin la literatura, cómo sería posible la vida?', insistió Suárez. Por dos veces más, Allen repitió pero cuál es la pregunta. Al final afirmó: '¡Ah!, ya lo pillo', y respondió secamente: 'El cine es un trabajo, no es lo único que me importa. No siento que el cine sea la vida. Hay muchas cosas más que me gustan como el jazz o el baloncesto. Si volviera a nacer, quizá me plantearía lo del cine'.

A partir de ahí se dedicó con entusiasmo a los admiradores. Habló con ellos de las diferencias entre el cine y los espectadores en EE UU y en Europa; del jazz; de cuánto le gustó la última película de Almodóvar, que vio justo antes de viajar a Asturias. De cómo conserva la misma capacidad de emocionarse que cuando era un chico. 'Pensar que mañana estaré con Arthur Miller es como un sueño'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de octubre de 2002