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El primer ministro del Ulster dimitirá si Blair no echa al Sinn Fein del Gobierno

El líder unionista asegura que dimitirá si el Gobierno británico no expulsa al Sinn Fein

Toda la tensión de meses de crispación en el seno de los unionistas moderados estalló ayer en el despacho de Tony Blair, en Downing Street. Su líder, David Trimble, anunció que se retirará del Gobierno el lunes si para entonces el Gobierno británico no ha presentado una moción para excluir a los republicanos del Sinn Fein del Ejecutivo autónomo. El ultimátum unionista parece abocar la crisis hacia una suspensión temporal de la autonomía de Irlanda del Norte.

David Trimble, acosado por los halcones del Partido de los Unionistas del Ulster (UUP), lanzó ayer su último envite para mantenerse a la cabeza de la formación: el ultimátum que dejó caer ante Tony Blair promete llevar al colapso las instituciones autonómicas y pone otra vez en vilo el proceso de paz. El líder unionista y el primer ministro británico se vieron durante una hora en el primero de los diversos encuentros que Blair mantendrá esta semana para intentar resolver la crisis. Trimble explicó luego a la prensa que había pedido al primer ministro que presente una moción en el Parlamento de Stormont para excluir al Sinn Fein del Gobierno.

'Si esa moción se aprueba, el Sinn Fein sería excluido del Gobierno, pero la Asamblea seguiría en funciones y la autonomía seguiría en vigor', explicó Trimble. 'Tendremos la desventaja de que la Administración no sería tan inclusiva, pero tengo que decir que en las actuales circunstancias es imposible disfrutar de una Administración que incluya a los republicanos', añadió.

Los unionistas exigieron a Blair que presente esa moción el lunes para que sea discutida el martes. 'Si no es así, nosotros presentaremos nuestra propia moción para autoexcluirnos del Gobierno', desveló Trimble, anunciando así que está dispuesto a apretar el botón nuclear del colapso institucional.

La presión de los unionistas moderados deja al primer ministro con muy pocas opciones. Es impensable que Blair acepte la exigencia unionista de que fuerce la exclusión del Sinn Fein del Gobierno autónomo. Tampoco es probable que elija la opción defendida por el Gobierno de Dublín, que se inclina por adelantar las elecciones previstas para mayo próximo y la convocatoria de una nueva ronda de negociaciones con el nuevo Parlamento.

El ultimátum de Trimble desbarata también la otra posibilidad, considerada ya antes muy remota, de que Blair se dé un plazo de dos a cuatro semanas antes de tomar una decisión. Así, prácticamente no queda más remedio que suspender la autonomía por un periodo indefinido.

La suspensión de la autonomía tiene el peligro de que pueda ser interpretada por los sectores más duros del movimiento republicano como una prueba de que el camino de la paz es un error y de que la violencia es el único lenguaje posible. Pero permite también abrir un periodo de calma que el Gobierno de Londres podría aprovechar para completar la reforma de la policía y facilitar al Sinn Fein el paso más importante que le queda por dar: reconocer como propia la nueva policía de Irlanda del Norte. Algo que permitiría al IRA, quizás, dar la guerra por terminada.

Martin McGuinnes, número dos del Sinn Fein, reaccionó ayer con amargura al ultimátum de Trimble. 'Es una terrible tragedia, muy triste y profundamente decepcionante'. 'Todos los partidos que trabajan por el Acuerdo de Viernes Santo se van a quedar consternados', añadió. McGuinnes acusó a los unionistas de 'destruir el trabajo de 10 años' y se opuso a que Blair decrete una suspensión de la autonomía: 'Lo que tiene que hacer Blair es defender el Acuerdo de Viernes Santo y las instituciones'.

La de ayer con Trimble es la primera de una serie de entrevistas de Blair. Quizá hoy, pero casi con toda seguridad mañana, verá a Gerry Adams, el líder del Sinn Fein. Recibirá también estos días a Mark Durkan, el número uno del Partido Social Demócrata y Laborista (SDLP), mayoritario entre los católicos. Y esta noche se reunirá con su homólogo irlandés, Bertie Ahern.

Ahern, aunque crítico con el doble juego de los republicanos en esta crisis, está molesto con la aparatosa manera en que la policía entró el viernes en las oficinas del Sinn Fein y por no haber sido informado previamente por Londres. Y comparte de alguna manera el sentimiento republicano de que toda esta crisis se debe, en gran parte, para reforzar a Trimble frente a los halcones de su partido, una formación cada vez más opuesta al proceso de paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de octubre de 2002