Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Andahazi traza una intriga de pintores y muerte en su nueva novela

El psicoanalista y escritor argentino Federico Andahazi (1963) dice que admira a Arturo Pérez-Reverte 'por su afán de contar historias sin demasiados barroquismos, aunque, a veces, desdeñe la prosa en favor de la historia, cosa que yo pretendo no hacer'.

Siguiendo esa máxima, Andahazi acaba de publicar su nueva novela en Destino, y desde el mismo título, El secreto de los flamencos, hasta la trama (una intriga policiaca protagonizada por pintores florentinos y holandeses) y la época en que transcurre (el renacimiento), recuerda a algunas producciones revertianas.

Más allá, Andahazi comparte con el autor español una extraña facilidad para el éxito de ventas y las polémicas con los críticos, que le acompañan desde que su primera novela, El anatomista, ganara el Premio Fortabat y fuera acusada por la mecenas del premio (la poderosa dama argentina Amalia Latroze) de atacar los valores de la sociedad. 'Me parece que la hostilidad con que fui recibido se ha reducido un poco. Quizá por la crisis, parece que la literatura argentina ha perdido el concepto de individuo, ha encontrado un espacio común, aunque sigue estando mal visto vivir de lo que escribes. Si vendes autos usados, eres crítico literario o delincuente común, no hay problema. ¡Pero si vives de la literatura, eres un apestado!'.

Su anterior novela, El príncipe, fue un retrato de neodictador latinoamericano ('ese monstruo aparentemente democrático mezcla de Fujimori, Collor de Melo, Salinas y Menem') que anunció el apocalipsis que vendría (incluido el regreso de Menem). 'Una vez vino, la única forma de soportarlo era volver al siglo XV. La literatura sirve para dos cosas: para denunciar situaciones cotidianas, políticas, o para evadirse de esa realidad. Y ahora tocaba evadirse. Pero no pienso irme de Argentina en este momento. Sería como abandonar a un herido que sangra en plena calle'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de octubre de 2002