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ELECCIONES EN ALEMANIA

La subida de Los Verdes permitirá a Schröder gobernar con una ventaja mínima

El canciller y el conservador Stoiber empatan a votos en las elecciones alemanas

Han ganado los que llevaban perdiendo meses. La alianza de izquierdas entre socialdemócratas del SPD y Los Verdes van a poder mantener su coalición. Socialistas y Verdes han logrado, siempre juntos, que su Gobierno prevalezca. Ese es el balance. Hubo una campaña trepidante y unas elecciones de inmensa gravedad, cargadas de contenido político, desvaríos retóricos, demagogia, emoción, tensiones internacionales y malentendidos.

Después ha habido un recuento de infarto, como el que nadie recuerda en la historia de este país. El vencedor ha cambiado casi minuto a minuto. Muchos se han declarado vencedores. Y al final se ha erigido la certeza de que vencen, en paradoja, los socialdemócratas, que han creado una coalición con Los Verdes que ha aguantado cuatro años de dificultades y frustraciones inmensas, soportado los embates anteriores y todos los errores posibles. Con frivolidades y cobardías. Pero al final, después de un largo drama que se extendió hasta la madrugada de hoy, los socialdemócratas alemanes, sin un Willy Brandt, cuyo mejor retrato se halla en la taberna llamada Ständige Vertretung, sin un Helmut Schmidt estadista como pocos, ha logrado ganar la apuesta. Los resultados provisionales a las tres de la madrugada de hoy otorgaban 252 escaños al SPD del canciller Schröder; 248 a la CDU de Stoiber; 55 a Los Verdes de Joschka Fischer; 48 a los liberales del FPD y 2 a los ex comunistas del PDS. Nada de lo sucedido en estas elecciones federales tiene precedentes en la historia de Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Todo el mundo está sorprendido.Konrad Adenauer solía irse a la cama sin saber los resultados de los comicios. Dejaba que le mandaran los resultados con un motorista. Porque ganaba, dirán muchos. Que Alemania es otro país lo saben todos. Pero igual que cambió en la era Brandt, ha cambiado para darle un plazo, en estas elecciones, a un canciller que intenta, intentaba o tendrá que intentar, abrir a Alemania a la libertad y prosperidad.

Nadie sabía ayer quién iba a ganar, hasta última hora. Ni el socialdemócrata Gerhard Schröder ni el conservador bávaro Edmund Stoiber podían permitirse el lujo de asustar o intimidar al electorado. Ambos se han aferrado a su precaución a la hora de manifestar sus necesarias sentencias sobre las obligaciones de la sociedad que quieren liderar. Pero al final ha ganado quien ha ganado, que no ha sido Stoiber como el creía. Han sido Schröder y sobre todo su aliado Joschka Fischer, los que han ganado unas elecciones que hace seis semanas parecían perdidas.

Casi cinco horas después de cerrados los colegios electorales sólo estaban claros tres datos que en nada definían la posición de los dos candidatos a ser el próximo canciller federal de Alemania. Por un lado, el Partido Liberal (FDP), aliado potencial de los conservadores de la CDU/CSU liberada por Stoiber se hundía con estrépito. Frente a su objetivo del 18% apenas superaba el 7% y se quedaba en improbable ayuda de Stoiber para conseguir una mayoría parlamentaria en el Bundestag de Berlín. Por otra parte parecía confirmarse la desaparición parlamentaria de los ex comunistas del Partido Socialista Democrático (PDS) salvo que se confirmaran dos diputados por elección directa en ese segundo voto que otorga la ley electoral alemana por circunscripción.

"Si el resultado de las elecciones no nos permitiera formar Gobierno, el Ejecutivo de Schröder no podrá mantenerse mucho tiempo en el poder", señaló esta pasada madrugada un Stoiber que ya comenzaba a ser consciente de que, sin importar quien obtuviera más votos, los ecologistas iban a desnivelar la balanza a favor de los socialdemócratas.

El tercer hecho confirmado, este bastante espectacular, es el excelente resultado que han cosechado Los Verdes del ministro de asuntos exteriores, Joschka Fischer, que con una campaña manifiestamente personalista, ha logrado superar todas las expectativas. Si Schröder y Fischer acaban creando una nueva coalición, Los Verdes y sobre todo Fischer como persona, tendrán mucho mayor peso e influencia en ella.

Hasta ahí las certezas. Porque en casi cinco horas, los dos grandes partidos, el socialdemócrata y la Unión Cristianodemócrata y con ella la Unión Cristianosocial bávara (CSU) se turnaban en el liderazgo en votos y mayoría de forma constante. Durante horas estuvieron ambas fuerzas empecinadas en el empate en 38,3%, turnándose ocasionalmente en superarse en una décima de punto. Si a las siete y media de la tarde los conservadores de CDU podían conseguir una mayoría incluso con los grandes perdedores del FDP de unos 303 de los 600 diputados del Bundestag, minutos más tarde los cálculos daban 35 diputados a los socialdemócratas y Verdes de la coalición de Schröder y Fischer.

Claro está que el partido liberal (FDP) se ha autofagocitado con las peleas internas en torno a las posturas claramente antisemitas de su vicepresidente Jürgen Möllemann. También lo está que gran parte del electorado de los excomunistas del PDS han vota al SPD por miedo a Stoiber. Y que la campaña en contra de la guerra de estados Unidos contra Irak, asumida personalmente por el canciller federal Schröder le ha quitado argumentos.

No es menos cierto que Schröder ha sufrido un deterioro de más del 3% que ya aceptaba ayer por la noche como un desgaste propio de las tareas de Gobierno. El aumento de la CDU de algo más del 2% no es en sí nada espectacular dado el nivel del que partían que era el de una derrota humillante de Kohl hace cuatro años cuando Gerhard Schröder logró su espectacular victoria frente a un canciller que ya estaba desahuciado sin saberlo él y sin darse cuenta de que la unificación alemana no lo había redimido del inmenso error de haber perseverado en cuatro legislaturas.

El gran triunfador de ayer fue en todo caso el ministro de asuntos exteriores, Joschka Fischer que logró casi un 9%, confirmó el carácter imprescindible de Los Verdes para la coalición con el SPD y humilló a unos liberales hundidos que se postulaban como rivales para formar alianza con el SPD. La alianza rojiverde sigue, con sus vocaciones que Europa y todos los aliados deberán entender para no equivocarse con unos resultados como los de hoy que son más capitales de lo que se quiera entender.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de septiembre de 2002