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LOS TEMPORALES DEVASTAN EUROPA CENTRAL

Alemania evacua a decenas de miles de personas ante la crecida del Elba

Las inundaciones obligan a poner a salvo a más de un millar de pacientes de hospitales

La emergencia que desde el martes viven amplias zonas de Alemania oriental se agudizó aún más ayer, a medida que las aguas de los ríos crecidos en la República Checa comenzaron a desparramarse a lo largo del Elba, que atraviesa cinco Estados federados alemanes (länder) antes de desembocar en el mar del Norte, cerca de Hamburgo. Decenas de miles personas en los länder de Sajonia, Sajonia-Anhalt y Brandeburgo tuvieron que abandonar sus casas. El número de desplazados podría aumentar si no se logra desviar el flujo de aguas en Bitterfeld, donde se ha roto un dique cerca de un complejo químico.

Dresde, quizá la ciudad insignia de la vertiginosa y ahora amenazada transformación vivida en los últimos 12 años por la antigua República Democrática Alemana (RDA), contemplaba ayer atónita cómo las aguas del Elba no paraban de crecer, acercándose a su máximo histórico, de 8,77 metros, registrado en 1845. En tres días de estado de emergencia, en medio de un incesante ulular de sirenas, se ha logrado rescatar la mayor parte de las valiosas obras de arte que alberga la ciudad y se ha evacuado a más de un millar de enfermos graves de tres hospitales, cuyas plantas de electricidad y abastecimiento han resultado inundadas.

La crecida del Elba afecta cada vez a más ciudades: Bitterfeld, Dessau, cuna del movimiento arquitectónico Bauhaus, y en los próximos días Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt, y Wittenberg, donde Lutero dio inicio a la Reforma en 1517.

Convertido en un inmenso caudal, el Elba está arrastrando todo lo que encuentra a su paso. Ayer, varias barcazas que se desataron en la República Checa y amenazaban con destrozar los puentes a lo largo del río tuvieron que ser rescatadas por las autoridades, que incluso dinamitaron una de ellas. 'En última instancia, tendríamos que bombardearlas con aviones', comentó un oficial del Ejército alemán. Organizaciones ecologistas insistieron en que persiste el peligro de vertidos tóxicos en los complejos químicos de Spolana (República Checa) y Bitterfeld.

La ciudad más afectada por el momento, Dresde, vivía ayer una peculiar mezcla entre el descon-cierto y la desesperación. Al contrario de lo sucedido el martes pasado, cuando un hasta entonces insignificante riachuelo, el Weisseritz, se convirtió en un feroz raudal que arrasó con las novísimas obras de la estación de trenes y se abalanzó sobre el tesoro arquitectónico del renovado casco antiguo, la situación parecía bajo control. 'La continuada, pero lenta crecida del Elba nos permite tomar más precauciones y significa también que los daños resultarán menores', intentó tranquilizar en conferencia de prensa Georg Milbradt, el primer ministro de Sajonia.

Para los habitantes de los barrios adyacentes al Elba, ello era poco consuelo: a medida que iban subiendo las aguas, hasta la tarde de ayer, cerca de 3.000 de ellos habían tenido que ser evacuados hacia improvisados campamentos en varios colegios, mientras que muchos más se resistían a abandonar sus casas. En Johannstadt, una zona en la que aún no se había sugerido la evacuación, los vecinos continuaban arrimando sacos terreros delante de puertas y ventanas, mientras el Elba subía implacable a cinco centímetros por hora.

'Más que dramatismo, aquí lo que se vive desde hace días es un gran desasosiego. Nadie sabe si tiene que ir a trabajar, si va poder cruzar el puente al regreso del trabajo, o si hay que enviar a los niños a los colegios', asegura Peggy Schultze, una funcionaria pública de 25 años que, como miles de otras personas, se ha acercado al río para ver lo que está pasando. Muchos de ellos llevan cámaras fotográficas y de vídeo, y no parecen proceder de Dresde. La curiosidad llega a despertar una abierta hostilidad por parte de los damnificados. 'Usted ya lleva aquí dos minutos sin agarrar un solo saco terrero. Lárguese de inmediato', increpa a un transeúnte un ama de casa afanada en proteger su edificio, un prefabricado que data de la antigua RDA.

[El Gobierno alemán va a llamar a 5.000 desempleados para que colaboren en las tareas de limpieza en las zonas inundadas, anunció la Oficina federal de Trabajo citadapor la agencia France Presse. Los parados que se presenten voluntarios para participar en estos trabajos recibirán un sueldo de 1.075 euros mensuales que sustituirá temporalmente a sus prestaciones por desempleo.]

La martirizada 'Florencia del Elba'

Dresde, también llamada la Florencia del Elba en los folletos turísticos, es una de las más importantes ciudades renacentistas y barrocas de Alemania. La ciudad fue prácticamente arrasada por tres días de bombardeo aliado en febrero de 1945 y durante más de cuatro décadas, en tiempos de la RDA, sólo pudo ser mínimamente reconstruida.

Desde la reunificación alemana, en 1990, sin embargo, la renovación de monumentos como la Ópera Semper o los palacios Zwinger y Taschenberg ha avanzado a pasos agigantados. Para los próximos años se espera finalizar la reconstrucción tanto de la emblemática Frauenkirche como del castillo de Dresde.

En la ciudad se encuentra también la Galería de Antiguos Maestros, una de las más importantes colecciones mundiales de arte europeo entre los siglos XV y XVIII. De sus sótanos, entre el martes y el miércoles, pudieron ser rescatados 4.000 cuadros. Pese a este y otros éxitos similares, los daños son considerables. En la Ópera Semper, una de las más reputadas de Alemania, la recién instalada y muy costosa tecnología para el montaje escenográfico ha quedado inservible. Aún se desconoce cuándo podrá volver a abrir sus puertas.

Pese a ello, los daños, en principio, no ponen en peligro el renacimiento cultural de Dresde, según aseguró ayer el primer ministro de Sajonia. Más allá de los grandes monumentos, sin embargo, hay otros destrozos. Sentada a la orilla del río, una mujer comenzó ayer una 'campaña simbólica de donaciones' para sustituir un pequeño órgano que se 'está pudriendo' en el sótano de la iglesia de la Reforma. 'De repente, el agua comenzó a subir rápidamente desde el subsuelo. No tuvimos ni tiempo ni manos suficientes para salvar el instrumento', dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de agosto de 2002

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