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Editorial:

Imprudente O'Neill

Los países de Mercosur están inmersos en una de las más serias crisis de su historia. Las dudas nacen acerca de la disposición del Fondo Monetario Internacional a facilitar su superación, porque hablar del FMI es equivalente a hacerlo de la Administración estadounidense, y la actitud del Tesoro de EE UU ha pasado de no flexibilizar las condiciones para el apoyo financiero a los dos países más importantes del área -Brasil y Argentina- a crear las que propician el agravamiento de las dificultades.

Las declaraciones del secretario del Tesoro, Paul O'Neill, antes de viajar a la región, descartando cualquier ayuda por la ausencia de políticas suficientes y el cuestionable destino que se les asigna, ha precipitado la mayor depreciación de la moneda brasileña desde su existencia, además de la irritación de Brasilia. Es un hecho que Argentina ha hecho un mal uso de apoyos financieros en el pasado, pero es mucho menos evidente que el deterioro de la situación financiera de Brasil pueda atribuirse a malas políticas económicas. Ha sido la excesiva percepción de un riesgo político, el ascenso en las encuestas del candidato centroizquierdista Lula, el que ha determinado un enorme aumento de la prima por riesgo, que dificulta las condiciones de financiación del país. A esa exageración no han sido ajenos algunos bancos estadounidenses y la propia Administración.

El mínimo sentido de la responsabilidad debería reorientar la actitud de Washington en Iberoamérica. EE UU, heterodoxo en su política económica interna, camino de un déficit público y exterior inquietantes, debe entender las vías de salida de la recesión en las economías del Sur. En todo caso, debe abstenerse de añadir dificultades a sus posibilidades de escape del círculo vicioso en el que se encuentran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de julio de 2002