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Once palestinos muertos y casi un centenar de heridos en un ataque aéreo israelí sobre Gaza

El jefe militar de Hamás era el objetivo del ataque

Al menos 11 palestinos murieron anoche y un centenar resultaron heridos como consecuencia de un ataque de la aviación israelí sobre Gaza. La operación tenía como misión destruir una fábrica de armamento de Hamás y abatir a Salah Chehade, el jefe del Ejército secreto de esta formación fundamentalista, las Brigadas de Ezedine Al Kassaam, aseguraron vecinos de la ciudad. Un misil teledirigido, lanzado desde un avión de combate F-16, cayó pasada la medianoche sobre un hangar de los servicios de inteligencia de la Autoridad Palestina, aunque alcanzó varias casas.

El misil lanzado desde el cazabombardero contra un barrio popular del centro de Gaza alcanzó cinco viviendas cercanas, bajo cuyos escombros quedaron sepultados numerosos habitantes, entre ellos varios niños.

El hospital central de Gaza anunciaba poco después la muerte de al menos 11 personas, entre las que se encontraría Salah Chehade, de 50 años, el jefe de operaciones y uno de los fundadores de las Brigadas de Ezedine Al Kassaam. Sin embargo, posteriormente, un portavoz de Hamás aseguró que el jefe militar había logrado sobrevivir al ataque. Ninguna de las dos versiones pudo ser confirmada al cierre de esta edición.

El ataque provocó asimismo el fallecimiento de al menos tres niños y dos mujeres, según testigos presenciales. Los servicios de socorro temen que bajo los escombros puedan encontrarse más cadáveres. Chehade, responsable de numerosos ataques contra Israel, es uno de los palestinos más buscados por el Gobierno de Sharon y había estado encarcelado entre 1994 y 1998.

Un responsable de Hamás, Ismail Haniye, señaló anoche: "Es una matanza horrible. Hamás vengará la muerte de cada una de las víctimas". En las afueras del hospital donde habían sido trasladadas las víctimas, simpatizantes del movimiento fundamentalista clamaban venganza.

Antes del ataque, la jornada había estado marcada por gestos de distensión entre israelíes y palestinos. El ministro israelí de Seguridad Interior, el ultraderechista Uzi Landau, ordenó ayer la reapertura de la Universidad Al Quods en Jerusalén, clausurada hace dos semanas con la excusa de que era un centro de agitación en favor de la causa palestina y una amenaza a la unidad de Jerusalén bajo bandera israelí. Landau extendió la orden de reapertura tras una campaña internacional encabezada por Estados Unidos y la Unión Europea contra su clausura y en apoyo del rector del centro, Sari Nussseibeh, uno de los políticos nacionalistas palestinos más lúcidos y moderados.

Como condición previa a la reapertura, el rector tuvo que firmar una carta en la que se compromete a que la Universidad no será utilizada como centro de agitación política y que no ejercerá desde estas oficinas sus funciones de delegado en Jerusalén de la OLP.

Deportaciones bloqueadas

En esta misma línea, parece haber entrado en vía muerta el proceso de deportación de los 21 padres y hermanos de los últimos suicidas palestinos, sobre los que gravitaba una orden de exilio por tiempo indefinido a Gaza. El bloqueo de esta decisión, al igual que la reapertura de la Universidad, parece ser asimismo el resultado de las presiones que contra esta medida han estado efectuando Estados Unidos y la Unión Europea.

La abogada israelí Lea Tsemel, que hace tres días presentó un recurso ante el Tribunal Supremo en nombre de los 21 detenidos, retiró ayer por la mañana la demanda, después de que el Tribunal le diera garantías verbales de que los traslados a Gaza le serían notificados con una antelación de 12 horas, lo que le permitiría recurrirlos ante los tribunales.

Por su parte, el presidente Yasir Arafat hacía ayer arrestar temporalmente al funcionario responsable de las oficinas de impuestos y de las tasas fronterizas de la Autoridad Palestina, al que se ha abierto un procedimiento judicial por supuesta corrupción.

Por otra parte, la viceministra israelí de Defensa, Dalia Rabin, hija del asesinado primer ministro israelí, dimitió anoche, anunció la radio pública.

Por su parte, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ordenó ayer a la policía que comience a expulsar del país, a partir de hoy, a 50.000 trabajadores inmigrantes clandestinos, según informa France Presse. La orden, transmitida al jefe de la policía, Shlomo Aharonsishki, fue emitida tras conocerse las conclusiones de un informe sobre el aumento del número de inmigrantes ilegales en Israel, que coincide con un momento de recesión económica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de julio de 2002