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ESCALADA EN EL CONFLICTO HISPANO-MARROQUÍ

España desalojará la isla Perejil si Marruecos se compromete a no ocuparla

Un destacamento de la Legión se instala en el islote tras el desalojo por tropas especiales de seis soldados marroquíes.- El Gobierno ofrece a Rabat un diálogo inmediato sobre todos los problemas bilaterales, pero no sobre Ceuta y Melilla.- La comunidad internacional reacciona con preocupación y solicita a las dos partes que vuelvan a la concordia

España no tiene intención de quedarse en la isla Perejil, aunque, de momento, ha izado su bandera. La ministra de Exteriores, Ana Palacio, aseguró ayer que espera que "Marruecos dé garantías de que podemos volver inmediatamente al statu quo". "En ese momento, España se retirará", añadió. Pero Marruecos tachó la acción española de "declaración de guerra", aunque anoche dijo que no volverá a ocupar Perejil si se retira el destacamento de la Legión que ha sustituido a los soldados marroquíes desalojados por fuerzas españolas en la madrugada de ayer. La tensión es alta después de la operación más audaz y arriesgada del Ejército español en la posguerra. La comunidad internacional acogió estas noticias con preocupación y deseos de concordia.

La actuación española se justifica al amparo de la legítima defensa, según Trillo

Palacio descartó ayer que España tome represalias o denuncie el Tratado de Amistad

El Gobierno ofrece a Rabat un diálogo inmediato sobre todos los problemas bilaterales, pero no sobre Ceuta y Melilla

Palacio descartó ayer que España tome represalias o denuncie el Tratado de Amistad

Pudo haber víctimas, pero la acción resultó "totalmente limpia", según dijo el ministro de Defensa, Federico Trillo, ayer ante la comisión mixta de Asuntos Exteriores del Congreso y el Senado. "La operación fue decidida después de ponderar los riesgos y de admitir que podía haber bajas", reconoció Trillo.

Sin disparar un solo tiro, los 28 boinas verdes de operaciones especiales llegados a las 06.21 de ayer a Perejil desde Rabassa (Alicante), a bordo de tres helicópteros, necesitaron menos de una hora para reducir al destacamento desplegado en el islote por Marruecos el 11 de julio. Aunque inicialmente se habló de 12 hombres, ayer en la isla sólo había seis marroquíes. Eran infantes de Marina que, según fuentes españolas, habían sustituido durante la tarde del pasado martes a los gendarmes reales que realizaron la primera incursión. Para las diez de la mañana, los infantes habían sido devueltos a Marruecos a través de Ceuta, donde desayunaron, recibieron inspección médica y, en general, "un trato exquisito", según dijo Trillo.

La intervención fue lo suficientemente inesperada como para que, sea por discreción profesional o por fidelidad a la verdad, hasta el embajador español en Rabat, Fernando Arias-Salgado, asegurara ayer que la había conocido por la radio.

La llamada a consultas de Arias-Salgado y su llegada a Ceuta apenas dos horas antes de que se iniciara el asalto a Perejil fue, sin embargo, la única señal perceptible de que algo se estaba moviendo en un conflicto que parecía abocado a un largo bloqueo. La jornada del martes terminó con el anuncio de que Ana Palacio y su homólogo marroquí habían abierto la vía del diálogo diplomático a través del teléfono, pero nadie se hacía muchas ilusiones de que se lograran resultados inmediatos.

Nadie podía tampoco prever una acción inminente, por mucho que se intuyera que la división entre blandos y duros manifestada en la sociedad española podía estar calando en el Gobierno. La ministra de Exteriores había descartado el pasado lunes una intervención armada y había reiterado durante días la necesidad de agotar la vía del diálogo en torno a un islote -"una simple roca", dijo- al que no parecía otorgar ningún valor económico ni estratégico.

Palacio tuvo que explicar ayer al Congreso por qué el diálogo entablado en la tarde del martes naufragó tan rápidamente como para que, en la madrugada del miércoles, el Gobierno se viera "obligado" a optar por el asalto, según afirmó Trillo.

El primer argumento que dio la ministra es que el martes "cambió la naturaleza" de la presencia marroquí en Perejil por hechos como la sustitución por gendarmes de marina de los efectivos desplegados inicialmente, o la invitación cursada a la prensa internacional para visitar el islote, que denotan "una clara voluntad de escalada" por parte de Marruecos.

Aseguró luego Palacio que el asalto "no estaba decidido con antelación" y que, "hasta el último momento", se intentó la vía del diálogo. "Pero queríamos hechos, facts,", añadió, "y no que se nos dijera simplemente que mañana íbamos a hablar de no se sabe qué situación". La ministra pasó la noche en Moncloa con el resto de unidad de crisis presidida por José María Aznar, y en la que, además de los responsables de Exteriores y Defensa, se integra el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy. Palacio aseguró ayer que habló numerosas veces por teléfono con Benaissa, incluso en el breve plazo transcurrido entre la llamada a consultas al embajador español y la intervención militar, pero que el Gobierno de Rabat se negaba a retirar sus fuerzas.

Los grupos parlamentarios acogieron de modo desigual estos argumentos. El líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, apoyó sin reservas la actuación del Ejecutivo, como hicieron CiU o Coalición Canaria. Los representantes de IU, el PNV y la Chunta Aragonesista condenaron, en cambio, la operación y, con diversos matices, reprocharon al Gobierno que, tras invitarles a suscribir la víspera una moción de apoyo orientada esencialmente hacia la negociación -la única aprobada por casi unanimidad tras el debate sobre el estado de la nación-, haya pasado a la acción armada de inmediato.

Ana Palacio puso especial empeño en dejar claro que "el objetivo del Gobierno de España es, ayer como hoy, restablecer el imperio de la ley y volver al statu quo", entendiendo por éste "que haya libre acceso a la isla, que la Guardia Civil pueda seguir usando el islote, incluso en "patrullas conjuntas" con Marruecos, dijo anoche.

España, añadió, tiene sus argumentos sobre la soberanía, pero insiste en que no puede admitir una política marroquí de "hechos consumados" que altere la desmilitarización del islote.

Trillo justificó en cambio la intervención con argumentos como que "España había sido atacada por la fuerza en un punto de su geografía" o que "la seguridad y la defensa de España se habían visto seriamente menoscabadas" por la ocupación marroquí de Perejil. En último término, la actuación española se justifica al amparo de la legítima defensa consagrada por la doctrina de la ONU, dado que la acción marroquí puede ser calificada de "agresión" a la luz de la resolución 2314 del mismo organismo, razonó Trillo.

Palacio insistió en que "la intención del Gobierno es poner fin cuanto antes a la ocupación militar". "Queremos volver al statu quo, pero auténtico, con garantías, no queremos que se nos restituya inmediatamente a la situación de ayer". Como garantía, añadió más tarde, podría bastar el compromiso de Mohamed VI.

La ministra de Asuntos Exteriores volvió a hablar con Benaissa ayer por la mañana, tras la operación militar. Palacio desmiente las declaraciones que hizo anoche su homólogo marroquí de que llegaron a un acuerdo de última hora en la madrugada del miércoles, e insiste en que hacen falta garantías de la promesa de Rabat de que no volverá a ocupar el islote.

No sabe cuándo ni cómo se logrará un punto de encuentro. "La evacuación de la isla la decidirá el Gobierno", señaló Trillo. Pero sí está segura la ministra de qué se puede y de qué no se puede hablar con Rabat. "Sobre Ceuta y Melilla no se habla", dijo, "porque son tan españolas como Sevilla y Cádiz, porque desde el 711 están perfectamente integradas en el resto de la realidad nacional, y eso lo sabe el Gobierno marroquí".

Palacio descartó que España vaya a tomar represalias o a denunciar el Tratado de Amistad y Cooperación con Marruecos, ya que "no sería coherente con el objetivo del diálogo". Lanzó otros dos mensajes de "tranquilildad": uno a los residentes y empresarios españoles en Marruecos, a los que reiteró todo el apoyo del Gobierno, y otro a los inmigrantes marroquíes y a los que cruzan España camino de sus vacaciones, que, dijo, no tienen que preocuparse.

En el plano internacional, la ministra, que en días previos ha contactado con el secretario de Estado de EE UU, Colin Powell, con el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y con la cúpula de la UE, tiene previsto entrevistarse la próxima semana en El Cairo con el secretario de la Liga Árabe, Amro Musa, que ayer condenó la incursión española y tomó partido por Marruecos.

Palacio proseguirá los contactos internacionales para canalizar en un sentido favorable a las tesis españolas el resto de las reacciones internacionales que ayer se caracterizaron por la prudencia.

Estados Unidos calificó la situación de "desafortunada" e instó a "ambas partes" a una solución pacífica. Francia se declaró "preocupada" y pidió que se ponga fin a "la degradación" de las relaciones entre "dos países amigos". En Bruselas, el presidente de la Comisión, Romano Prodi, declaró que "ha llegado el momento de volver al statu quo y de reanudar el diálogo entre España y Marruecos", mientras que la OTAN se mostró "satisfecha" con el desarrollo de los acontecimientos. Rabat anunció ayer que llevará el caso al Consejo de Seguridad de la ONU, donde el embajador español, Inocencio Arias, presentó ayer un informe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de julio de 2002