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El Reino Unido reafirma su apuesta por la soberanía compartida para Gibraltar

El ministro Straw se presenta por sorpresa en los Comunes para defender la negociación

El ministro británico de Exteriores, Jack Straw, resucitó ayer la casi extinta voluntad del Reino Unido de llegar a un acuerdo con España sobre Gibraltar. Suspendida la reunión que ayer tenía que haber mantenido en Madrid con su homólogo español debido a la sustitución de Josep Piqué por Ana de Palacio, Straw se presentó por sorpresa en la Cámara de los Comunes para dar cuenta de la negociación sobre el Peñón. Su mensaje tuvo más importancia por el hecho de que lo lanzara que por su contenido, aunque algunos matices invitan al optimismo.

De su intervención, que irritó profundamente a los conservadores, se deduce que las cosas están como se creía hace unas semanas, o sea, bloqueadas; pero no muertas, como se pensaba hace apenas dos días. Straw no hizo referencia ayer al factor que disparó en su día el pesimismo, cuando en unas declaraciones suyas que coincidieron con una visita de José María Aznar a Londres afirmó que el acuerdo no permanecería encima de la mesa si no tenía el apoyo de Gibraltar.

Ayer volvió a formular las cosas tal y como ambas partes parecían haber acordado tiempo atrás: primero habrá un acuerdo marco en forma de declaración conjunta entre España y el Reino Unido, que dará paso a 'una segunda fase' negociadora en la que los gibraltareños volverían a ser invitados a participar, bajo la fórmula 'tres voces, dos banderas'. En esta segunda fase, de duración indeterminada, se daría cuerpo a los principios acordados entre españoles y británicos en la declaración conjunta.

La clave está en si esa declaración conjunta sigue en vigor hasta que haya un acuerdo entre las tres voces o se abandona el día en que los gibraltareños rechacen de una manera u otra un eventual acuerdo final. Si de las palabras de ayer de Straw se deduce lo primero, entonces las negociaciones no están rotas, aunque siguen encalladas en los otros dos escollos que empezaron a hacerlas zozobrar y a los que el secretario del Foreing Office aludió ayer de nuevo como dos diferencias que aún no se han superado.

'Respecto a la duración de la cosoberanía, debemos obtener un acuerdo permanente', insistió. España se opone a ello porque equivaldría a aceptar la cosoberanía a cambio de renunciar a tener algún día, por lejano que sea, la soberanía completa sobre el Peñón. 'Y respecto a las instalaciones militares británicas, hemos dejado claro que deben seguir en pie los convenios actuales', recordó también Straw.

Pero lo más significativo de la intervención de Jack Straw es el hecho mismo de que se haya producido. La primera conclusión que parece desprenderse es que ha querido lanzar el mensaje de que las negociacioneas no están rotas a pesar de las apariencias y que el cambio de ministro en España no es un motivo suficiente para que se queden en el limbo.

Straw debía estar ayer en Madrid negociando con Piqué. Su relevo por Palacio ha tenido como primera consecuencia el que la parte española suspendiera la reunión y señalara su preferencia por dejar las cosas para septiembre. Y aunque Straw estaba dispuesto a ir a Madrid para tener al menos un primer contacto con Ana Palacio, el Gobierno español se opuso.

Balance descriptivo

Su respuesta ha sido presentarse en los Comunes para hacer un balance descriptivo de la situación, en el que, más allá de los matices, la fotografía se corresponde con lo que siempre ha dicho hasta ahora. 'Mantener la situación sería dañino para Gibraltar'; el Peñón tiene un futuro 'incierto', ya que la UE está decidida a acabar con los paraísos fiscales; 'la disputa está dañando también los intereses británicos'; 'la única vía para asegurar un futuro estable y próspero para Gibraltar es a través de un acuerdo comprehensivo y permanente. Y eso significa un acuerdo con España en todas las materias, incluida la soberanía'.

Frases todas ellas pronunciadas repetidas veces en los últimos meses, pero que ayer sacaron de quicio a los conservadores. Quizás porque, como también había hecho pocas horas antes el ministro principal gibraltareño, Peter Caruana, ya habían enterrado las agonizantes negociaciones.

[El vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, Mariano Rajoy, afirmó ayer que las negociaciones sobre Gibraltar 'simplemente se han aplazado por el cambio de ministro' y declinó comentar la afirmación de Straw de que 'el Reino Unido sólo ratificará el Tratado cuando esté seguro de que los gibraltareños lo aprobarán en referéndum'.]

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de julio de 2002