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La batalla naval entre las dos Coreas revive la época de la guerra fría

Washington advierte al régimen de Pyongyang de 'serias implicaciones' por atacar al Sur

Seúl / Washington

La batalla naval librada el sábado entre las dos Coreas despertó ayer viejos fantasmas de la guerra fría. EE UU consideró una 'seria violación' del armisticio que puso fin a la guerra (1950-1953) entre los dos países el hundimiento de una patrullera surcoreana por Corea del Norte, que causó cuatro muertos y más de 20 heridos. El general estadounidense Leon LaPorte señaló que el incidente puede tener 'serias implicaciones'. Corea del Norte forma parte de los países que EE UU incluye en el eje del mal por apoyar el terrorismo.

'Este acto de provocación por parte de Corea del Norte es una seria violación del acuerdo del armisticio y puede tener serias implicaciones en muchas áreas', afirmó el general LaPorte. El responsable militar del Pentágono dijo en un comunicado de prensa que había pedido una reunión con las autoridades norcoreanas para esclarecer los hechos, pero precisó que no había recibido respuesta de Pyongyang.

También el Departamento de Estado norteamericano condenó el incidente y lo calificó como 'agresión armada', según afirmó la portavoz Brenda Greenberg. Pese a figurar en los primeros lugares de la lista de los países incluidos en el eje del mal por parte de la Administración de Bush, EE UU y Corea del Norte mantienen en la actualidad contactos diplomáticos y representantes de ambos países tenían previsto, antes del incidente, reanudar conversaciones bilaterales en las próximas semanas.

Washington argumenta que Corea del Norte puede vender tecnología de misiles a Irán e Irak y que en el curso de esta década dispondrá de un cohete capaz de alcanzar EE UU.

También reaccionaron con preocupación los gobiernos de Pekín y Moscú. China, aliada tradicional de Corea del Norte, pidió a los dos países que cesen sus hostilidades y hagan un esfuerzo para garantizar la estabilidad en la península. Rusia, que mantiene buenas relaciones tanto con Pyongyang como con Seúl, instó a las dos Coreas a no destruir 'el ánimo de reconciliación y cooperación' que se fraguó en la cumbre de junio de 2000 entre los máximos dirigentes de ambos países. Por su parte, Japón envió ayer patrullas aéreas para reforzar la vigilancia sobre la región, pero no hallaron 'nada anormal'.

El enfrentamiento naval, de unos 20 minutos de duración y el más grave de los ocurridos en los últimos tres años entre Seúl y Pyongyang, se produjo el sábado en las proximidades de un caladero de cangrejos y gambas que pretendían utilizar pescadores norcoreanos que estaban protegidos por barcos de guerra. La batalla se saldó con cuatro muertos, un desaparecido y 22 heridos, todos surcoreanos. El régimen comunista del Norte admitió haber tenido bajas, pero no dio cifras. pero fuentes militares surcoreanas dijeron ayer que al menos 30 marineros norcoreanos podían haber muerto o estar heridos.

El general surcoreano Ahn Ki-Seok afirmó que sus patrulleras habían disparado centenares de balas contra los barcos norcoreanos. 'Las ametralladoras de 70 y 40 milímetros instaladas en nuestros buques tienen una gran precisión porque están informatizadas. Creemos, por tanto, que las bajas del Norte deben de ser más de 30'.

El Gobierno de Corea del Norte rechazó ayer participar en una reunión con generales del Sur que había sido solicitada por el Mando de Naciones Unidas (UNC), que supervisa el armisticio de 1953. Las autoridades de Pyongyang consideran que la batalla naval 'es totalmente atribuible a las reivindicaciones de Corea del Sur con la delimitación territorial, que no tiene nada que ver con el armisticio'.

Seúl rechazó de plano esta versión y acusa a los barcos norcoreanos de haber invadido sus aguas territoriales en el mar Amarillo y disparado después contra sus buques, tras recibir advertencias verbales. Patrulleras surcoreanas vigilaban ayer la zona del enfrentamiento en estado de máxima alerta por orden del Consejo de Seguridad Nacional convovado por el presidente Kim Dae Jung.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de julio de 2002