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Reportaje:LA RUTA DEL VINO

Revolución sobre la tradición

Castillo de Monjardín se enorgullece de sus innovaciones en las plantaciones de vid y en la bodega

En Monjardín están enterrados los tres primeros reyes de Navarra. Los monarcas eligieron para su real sepultura un lugar rodeado de viñedos, uno de los principales activos del viejo Reino de Pamplona. Ahora, siglos después, Víctor del Villar ha puesto al día esta tradición milenaria en Tierra Estella, en ese paraje singular que domina el nuevo edificio de su bodega.

Castillo de Monjardín nació en 1987, cuando este ingeniero inquieto comenzó la plantación de nuevas variedades. Lo hizo en una zona tradicionalmente dedicada a la viña hasta los años 70, en que se arrrancó todo el viñedo en el valle de San Esteban, que va de Estella a Los Arcos. Con Víctor del Villar llegaron (si no estaban ya antes, que la historia de la vid da muchas vueltas) la cabernet sauvignon, la merlot, la pinot noir, la tempranillo y, cómo no, la chardonnay, verdadero filón para Navarra en los últimos lustros.

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Con esta uva se elaboran algunos de los blancos más interesantes del mundo y Navarra no se ha quedado atrás en su incorporación, pero Monjardín se enorgullece de ser pionera. La conversación con su responsable ratifica la voluntad por abrirse un camino propio en el cada día más competitivo mundo del vino. En este ámbito hay que situar su empeño por reivindicarse como el propietario de las primeras 50 hectáreas de chardonnay en Navarra o como quien puso en marcha la vendimia nocturna mecanizada, práctica habitual ya en las principales bodegas navarras.

Pero Castillo de Monjardín también se considera pionero en el diseño de las plantaciones. Por ejemplo, en el uso de plantas de poca producción, cuyos clones han sido diseñados por equipos de investigación de universidades norteamericanas. También en la selección de los terrenos para cada variedad. De este modo, las hectáreas más frías de la zona de Villamayor, a 650 metros de altura, se emplearon principalmente para la chardonnay, mientras que en Los Arcos se plantaron las uvas tintas.

En cuanto a la bodega, la estampa que recibe al visitante desde la carretera de Los Arcos da buena muestra de la intención de Víctor del Villar de estar a la altura de la categoría regia del paraje. El edificio remeda a un palacio navarro de los siglos XVII y XVIII. En su interior, las instalaciones han ido creciendo conforme aumentaba la repercusión de Castillo de Monjardín, en lo que es un fiel reflejo de una evolución tranquila, pero sin pausa. El éxito lo muestran las 20 medallas de oro que han obtenido sus vinos y la presencia del 60% de su producción en los mercados extranjeros.

La última muestra de este empeño ha sido la elaboración del vino de esencia, que nació con la primera vendimia de Europa del siglo XXI, el 7 de enero de 2000. Es un vino dulce, fruto del mantenimiento de la uva en la vid hasta que queda pasa, de una elaboración costosa, pero agradecida por el paladar, que es lo que tratan de conseguir los vinos de Monjardín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de junio de 2002