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Valentí Puig cuenta los viejos conflictos de la vida corriente

'Entre la voluntad y el deseo y lo que terminamos por ser, siempre hay unas grietas extrañas', comenta el escritor Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949), 'y es de esas grietas de las que tratan estos relatos'. Se refiere a los reunidos en Maniobras privadas, que acaba de publicar Alfaguara y cuya edición catalana obtuvo el Premio de la Crítica de 1999.

Dos chicas que le complican la existencia a un joven enamoradizo, el reencuentro de un grupo de amigos que estuvieron en la guerra civil, la muerte de un amigo de infancia o una historia de amor en Vichy son algunas de las historias que cuenta Valentí Puig entre los 16 relatos que ha reunido en el libro. 'En una novela se puede recuperar una época histórica o componer minuciosamente a los personajes, mientras que el pequeño formato del relato sólo te permite atrapar a los individuos y sus mundos afectivos', explica el escritor mallorquín. Una traición, una lealtad compartida, las huellas de un viejo resentimiento, 'la paradoja de un naufragio feliz' (y el escritor subraya que sí, que no siempre el triunfo da la felicidad), y casi siempre el amor, las sacudidas -mayores o menores- del deseo, la voluntad de sacarle partido a lo que la vida te ofrece.

'Como buen conservador, no creo que la naturaleza humana haya cambiado mucho. Se transforman las instituciones y los paisajes, se repiten los viejos conflictos de los hombres. Quizá lo que haya contado finalmente es lo vulnerables que somos. Aun así, todo el mundo tiene derecho a la piedad, empezando por uno mismo', dice Puig, un escritor pegado a la actualidad en su trabajo periodístico, pero que ha conseguido explorar todos los géneros literarios. Su libro sobre Pla ha sido uno de sus títulos más celebrados y hace no mucho publicó, también en Alfaguara, su novela Primera fuga.

El escritor mallorquín comenta que toda su literatura procede de lo que ha vivido ('soy incapaz de imaginar situaciones, siempre tengo que agarrarme a la realidad de mi experiencia'), y confiesa que lo que le ha dado la madurez es serenidad. 'Ya no me ocurre como al principio, que zarandeaba a mis personajes. Ahora los dejo estar, los trato con menos impaciencia'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de abril de 2002