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Necrológica:

Muere a los 101 años la reina madre de Inglaterra

La viuda del rey Jorge VI falleció ayer mientras dormía, cuatro meses antes de cumplir 102 años

La reina madre de Inglaterra murió ayer de la misma manera en que vivió el último medio siglo: en discreto silencio. Su muerte, aunque esperada, pilló de sorpresa a un país aletargado por el puente de Semana Santa. La reina Isabel II se encontraba junto a ella cuando falleció, mientras dormía, a las tres y cuarto de la tarde (las dos y cuarto en España) en el castillo de Windsor. Sus nietos estaban de vacaciones fuera del país. Con ella desaparece uno de los principales pilares en los que se asienta la popularidad de una monarquía amenazada por la indiferencia popular.

'La reina Isabel, la reina madre, ha fallecido en paz mientras dormía a las 15.15 de esta tarde en el Real Pabellón de Caza (Windsor)', informaba un portavoz del palacio de Buckingham poco antes de la seis de la tarde de ayer. Su salud se encontraba muy deteriorada en los últimos meses, pero aún había tenido fuerzas para asistir al funeral de su hija pequeña, la princesa Margarita, fallecida el pasado 7 de febrero. La reina madre, nacida el 4 de agosto de 1900, estaba cerca ya de su 102º aniversario.

Tras el fallecimiento de Margarita, la muerte de la reina madre ensombrece aún más el año del Jubileo, en el que su hija y reina, Isabel II, festeja el 50º aniversario de su acceso al trono. Isabel se encontraba junto a su madre cuando ésta falleció, pero el resto de la familia estaba de vacaciones. El príncipe Carlos, desde siempre muy unido a su abuela, se declaró consternado desde Suiza, donde estaba esquiando junto a sus hijos, Guillermo y Enrique. El duque de York, hijo mediano de la reina, estaba en Barbados junto a su ex mujer, Sarah Fergusson, y sus dos hijas.

Desde su residencia de descanso en Chequers, el primer ministro, Tony Blair, elogió su 'decencia y coraje'. 'Durante su larga y extraordinaria vida, su gracia, su sentido del deber y su gusto por la vida han hecho de ella una persona querida y admirada por la gente de todas las edades y condiciones', añadió el primer ministro. 'Su muerte es mucho más que un motivo de duelo para toda la familia. Es una pérdida irreemplazable para toda la nación', declaró a través de una nota la ex primera ministra conservadora Margareth Thatcher.

La reina madre se ha ido en silencio. Se ha consumido porque la muerte es ley de vida. No ha habido hospitales ni partes médicos ni conmoción nacional. No ha habido histéricas reacciones populares, como cuando murió la joven Diana. El país estaba cerrado por vacaciones y se ha ido enterando poco a poco de que la reina madre había fallecido. Sabían que iba a ocurrir. Pero nadie sabía que iba a ser en este Sábado de Gloria de 2002. En el palacio de Buckingham, donde se reunieron cientos de personas, ondeaba anoche la bandera a media asta a pesar de que la reina no se encontraba allí.

Con su muerte, la monarquía británica pierde uno de sus símbolos más queridos. La pasión casi exagerada de los británicos por la reina madre no tiene muchas explicaciones racionales, pero su figura es la única que jamás ha sido puesta en cuestión en los recientes años de turbulencias en la Casa de los Windsor.

Quizá porque Isabel Bowes-Lyon jamás pensó que llegaría a reina cuando en 1923 se casó con el entonces príncipe de York, Alberto. Pero la abdicación del hermano mayor, el rey Eduardo VIII, convirtió a Alberto en el rey Jorge VI en 1936, y a Isabel, en reina, aunque no la reina de Inglaterra.

Su popularidad procede quizá del papel fundamental que jugó para estabilizar la monarquía tras los tambaleos que siguieron a la abdicación del rey Eduardo. O por su decisión de quedarse en Londres, junto a su marido y rey, durante los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

O quizá porque compartía con muchísimos británicos la pasión por la ginebra y las carreras de caballos, lo que seguramente la convirtió en la más normal de la familia Windsor y la única que fue capaz de mantener una relación cordial con la princesa Diana. O quizá porque, pese a vivir más de 100 años, Isabel sólo fue reina durante 16. Durante la mitad de su vida ha sido para los británicos su reina madre. Muchos ayer quedaron un poco más huérfanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de marzo de 2002