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Necrológica:

Muere Billy Wilder, la mirada más aguda del cine

El viejo director de 'El apartamento', 'Perdición' y 'Con faldas y a lo loco' tenía 95 años

Una neumonía a los 95 años ha acabado con la vida de una de las mayores leyendas del cine, tan mitológica en su estatura y su legado que parecía tan inmortal como su obra. Billy Wilder, el director que ha dado al cine algunos de sus mejores momentos y al espectador algunas de sus mejores carcajadas, murió el jueves en su casa de Beverly Hills, en Los Ángeles. Austriaco de nacimiento aunque estadounidense por devoción, Wilder retrató con transparencia el lado oscuro de la humanidad y la tragedia cómica del hombre común. Suyo es también el mérito de haber combinado en la pantalla a Jack Lemmon con Walter Matthau.

Una neumonía a los 95 años ha acabado con la vida de una de las mayores leyendas del cine, tan mitológica en su estatura y su legado que parecía tan inmortal como su obra. Billy Wilder, el director que ha dado al cine algunos de sus mejores momentos y al espectador algunas de sus mejores carcajadas, murió el jueves en su casa de Beverly Hills, en Los Ángeles. Austriaco de nacimiento aunque estadounidense por devoción, Wilder retrató con transparencia el lado oscuro de la humanidad y la tragedia cómica del hombre común. Suyo es también el mérito de haber combinado en la pantalla a Jack Lemmon con Walter Matthau.

Wilder sufría problemas respiratorios desde hacía tiempo, aunque se conservaba con aspecto envidiable para su edad. Su mente era tan activa y tan afilada como en sus tiempos mejores; hace dos años acudió a una gala en su honor montada por la Academia del Cine con la asistencia de todo Hollywood; cuando le preguntaron qué le había parecido, respondió con resignación: "Pues ya sabe usted que estas cosas son muy aburridas".

Wilder puso su toque sofisticado y su maestría narrativa en más de 60 películas; su destreza para contar historias ha creado un modelo del que se alimentan desde Woody Allen hasta Fernando Trueba, que llegó a compararle con Dios cuando recogió su oscar. Wilder lamentaba ahora la falta de papel del director en el cine americano y la poca variedad en los papeles que interpretan los actores, pendientes solo de " hacer personajes cojos o retrasados para tratar de ganar un Oscar".

La envergadura de su filmografía deja estudios sobre la cara oculta de la naturaleza humana, como en El apartamento, Testigo de cargo, Perdición o En bandeja de plata, romances clásicos pero nada empalagosos como el de Sabrina o retratos sarcásticos de gremios y personalidades, como la antológica película sobre el periodismo Primera Plana.

Amaba EE UU pero era crítico atroz de sus costumbres. En los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial solía decir que el Capitolio confundía democracia con imperialismo: si regalan comida a otros países, decía, contribuyen a fomentar la democracia; si no le quitan la etiqueta a la comida, es imperialismo.

Su madre, que murió en el campo de concentración de Auschwitz, llamaba a sus hijos Billy y Willy sólo porque le gustaba el sonido "yanqui" de esos apodos. Billy se llamaba en realidad Samuel; nació el 22 de junio de 1906 en la ciudad polaca de Sucha, que en ese periodo histórico formaba parte del Imperio Austro-Húngaro.

Wilder creció en una metrópoli, Viena, donde siguió el camino de su madre en su pasión americanista. Pronto se enamoró del jazz y de los westerns (luego nunca filmó ninguno) y en 1934 decidió marcharse a EE UU con sólo 100 palabras de inglés en su vocabulario.

En Austria había estudiado para abogado y había trabajado como periodista, experiencias que indudablemente le valieron para después destrozar ambas profesiones en varias de sus películas. Llegó a ser corresponsal para un periódico alemán, pero comenzó a relacionarse con cineastas independientes y otra gente de mal vivir. De allí marchó a París y después a EE UU, en parte por miedo a que su herencia judía le llevara a un campo nazi de exterminio.

Escogió Hollywood, como no podía ser de otra manera. Comenzó como guionista y tuvo la suerte de encontrar a la pareja perfecta en Charles Brackett. Con él colaboró en la histórica Ninotchka, de Greta Garbo, que rápidamente le abrió las puertas a la dirección.

Después de la consagración con El crepúsculo de los dioses en 1950, protagonizada por William Holden y Gloria Swanson, Wilder demostró otro talento cinematográfico en su habilidad para encontrar actores perfectos. En Jack Lemmon halló el paradigma del hombre vulgar y común, incapaz de romper un plato, y en Walter Matthau encontró su contrapunto más impresentable. Trabajó con Tyrone Power, Tony Curtis, Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, Shirley MacLaine, Gary Cooper... De Marilyn Monroe sacó lo mejor que pudo, que no es poco; cuenta la leyenda que Wilder tuvo que rodar 59 tomas de un plano en el que la diva sólo tenía que decir "¿Dónde está el Bourbon?", y eso que lo tenía escrito en el cajón que tenía delante. "Sus pechos son como granito, pero su cerebro es como un queso gruyère", dijo una vez de Marylin.

En su filmografía está la herencia que nos deja: Con faldas y a lo loco, La tentación vive arriba, Irma la dulce, La vida privada de Sherlock Holmes, y así hasta un catálogo que está en el altar del cine. Su última película, Aquí, un amigo, de nuevo con Lemmon y Matthau, es de 1981; en 1993 pensó regresar para rodar La Lista de Schindler, pero prefirió ceder el guión a Steven Spielberg. Las compañías de seguros, implacables con el director que las destroza en En bandeja de plata, no permitían su regreso. En los últimos años, colaboró con el director Cameron Crowe en el libro Conversaciones con Wilder.

Según Variety, la mujer con la que se casó hace 53 años, Audrey Young, seguirá los deseos de Wilder y no celebrará ningún funeral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de marzo de 2002