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Un juez autoriza a Miquel Barceló a destruir 19 cuadros falsos

Las pinturas fueron requisadas en 1990 y el delito ha prescrito

'Procédase a la destrucción de los cuadros falsos, a cuyo efecto líbrense las órdenes oportunas'. Así reza un auto judicial requerido por la defensa del pintor Miquel Barceló. El artista participará en Madrid a finales de este mes en la destrucción de 19 falsos barcelós. Las piezas, presumiblemente de la misma mano negra, fueron requisadas en 1990 cuando fueron vendidas y expuestas en varios circuitos.

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El caso de estos cuadros se destapó en la época de la primera ebullición del mercado del arte actual y del despegue de la cotización del artista, nacido en 1957 en Felanitx, Mallorca. El mismo autor vulnerado denunció el escándalo por supuesto delito de estafa y falsedad ante la policía de Patrimonio y la justicia. La cotización y el prestigio del pintor de las nuevas generaciones de mayor proyección internacional jamás se resintió por esta agresión externa.

Barceló tildó en su día las piezas intervenidas de 'ensaladilla infecta' y 'burdas falsificaciones'. Una de las obras que ahora serán eliminadas se traspasó hace más de una década por 17 millones de pesetas. En diversas exposiciones en Barcelona, Madrid y antes en Versalles (Francia) y en Basilea (Suiza), el pintor y sus conocedores detectaron entonces algunos de los falsos, expuestos en salas y editados en catálogos como si fueran piezas auténticas.

Las obras que se destruirán fueron intervenidas cuando estaban a la venta en las salas Afinsa-Almirante, de Madrid; Sardà, Alcolea y Subastas Brok, de Barcelona, y Jaime III, de Palma. Otros marchantes y coleccionistas de segundo nivel también tuvieron en sus manos telas falsas. La juez de Madrid Rosario Espinosa decreta la prescripción de la causa penal y accede a la destrucción de las pruebas, 'desconociéndose el autor de la falsedad de los cuadros'.

La mayor de las telas está depositada e intervenida en custodia, por orden judicial. Alrededor de una decena de los cuadros están almacenados en el Reina Sofía y otros permanecen en manos de los últimos tenedores, que no pueden haberse desprendido de ellos bajo amenaza de querella por quebranto. El abogado de Barceló, Andrés Planas, confirmó ayer que la juez ha accedido a la reiterada petición del artista para que no quedaran rastros de los cuerpos delictivos, para que se procediera a la eliminación física de las telas.

Miquel Barceló explicó que en Madrid, en septiembre de 1991, halló casualmente en una galería privada dos óleos que pretendían reproducir la temática, estilo y configuración de otras telas suyas. En otras ocasiones reclamó la retirada de obras atribuidas que no eran de su mano o -en un caso- la de un original suyo, no autentificado ni datado, en el que la firma había sido imitada. Los policías expertos en Patrimonio indagaron los circuitos por los que se habían movido las obras e interrogaron a los eventuales presuntos autores de las falsificaciones.

En 2001, un barceló se vendió en subasta por un millón de dólares y las colecciones estatales españolas adquirieron antes otra gran obra por cerca de cien millones de pesetas, según explicó el director del Reina Sofía, Juan Manuel Bonet. Ahora, el creador prepara la realización en Nápoles de un retablo de cerámica de 200 metros cuadrados y cinco vitrales para la catedral de Palma. En los próximos meses, hará una muestra de cerámica la Fundación Maegth en Saint Paul de Vence y otra de pintura en el Museo de Arte Contemporáneo de Roma.

Miquel Barceló, en su estudio.
Miquel Barceló, en su estudio.A. M.
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