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El cuadro de Miró heredado por el hijo de Cela está a la venta en Italia

EL PAÍS localiza el cuadro en una estación de esquí que lo ofertaba en 877.977 euros

Palma / Madrid
El falso miró apuñalado por Camilo José Cela en 1972 y autentificado después por Joan Miró no está en manos del hijo del Nobel, como se pensaba, sino en una conocida estación de esquí del norte de Italia. El galerista Stefano Contini lo tiene desde hace al menos dos años, cuando dos turistas españoles comprobaron de cerca que se trataba de la tela disputada por los Cela y que, según se ha sabido esta misma semana, es la única herencia que el Nobel ha dejado a su único hijo. El cuadro fue tasado en 1992 por diversos expertos entre 120 y 200 millones de pesetas. Aunque la galería Contini lo ofertaba el viernes pasado por 877.977 euros, Cela Conde lo colocó en su día por bastante menos de esa cantidad.

El miró rasgado de los Cela está en Cortina d'Ampezzo (Italia). Un galerista italiano, Stefano Contini, lo tiene desde hace al menos dos años, aunque hace sólo unos días que lo trasladó a la elitista estación de esquí, situada en los Dolomitas, a unos 130 kilómetros de Venecia.

Allí lo localizó el viernes pasado Mikel González, dueño de una empresa de viajes a la carta, que reside en Madrid. La curiosidad por el destino del cuadro, que él y un amigo tuvieron en sus manos en diciembre de 2000, cuando visitaron la sala que el mismo galerista tiene en Venecia, le movió a averiguar si aún seguía en Italia. Ayer, una empleada de Contini en la estación invernal confirmó en conversación telefónica con este diario que el cuadro seguía en el lugar, aunque el dueño de la galería no pudo ser localizado. El miró aparece también en la página web de las galerías Contini como parte de su catálogo, con su verdadero nombre, Personnage oiseau.

'Era libre de administrar su patrimonio porque el cuadro era suyo desde 1990', sostiene Capellà

'Aparecen ante nosotros una rasgadura cosida y los grafismos de Miró', relata Mikel González

Todo comienza una tarde invernal, hace dos años, en Venecia. Mikel González y un amigo se acercan a la galería Contini, que ofrece una retrospectiva de Igor Matoraj. Allí, entre un botero, un chagall, un basquiat... encuentran 'una tela demasiado conocida'. 'Incrédulos nos acercamos a una de las empleadas y le pedimos que descuelgue el cuadro y lo gire para que podamos ver su reverso. Y aparecen ante nuestros ojos una rasgadura cosida y los grafismos de Joan Miró dedicando 'esta falsa tela apuñalada', relata González, quien inmediatamente preguntó su precio. 'El cuadro se vende por 42 millones de pesetas, por supuesto negociables', le dijeron.

Pasa el tiempo. Es febrero y Camilo José Cela ha muerto hace unas semanas. Su herencia se disputa. Mikel González lee en este periódico que, en su testamento, el escritor sólo ha incluido como herencia para su único hijo, el miró apuñalado que ya era suyo desde 1990. '¿Seguirá el cuadro bogando por los canales de la ciudad donde nos fue ofrecido hace dos años?', se pregunta.

La curiosidad lo lleva a ponerse en contacto por teléfono con la galería Contini. Apenas puede trabajar, dedicado a desenmarañar la historia. Es viernes por la tarde y allí le explican que el lienzo ha sido trasladado. 'No, ese cuadro ya no está aquí, se lo llevó hace unos días a Cortina d'Ampezzo el propio señor Contini, creo que pasaba algo raro con esa pintura, pero llame allí y le informarán mejor', le indica la secretaría. Una nueva llamada y habla otra empleada:

-¿El cuadro de Miró?, le contesta a su pregunta.

-Sí.

-¿Ese que es casi todo negro?

-Sí, sí, el mismo.

-¿Ese que está rasgado y cosido por detrás, con una dedicatoria?

-Ése es, ese mismo, se llama Personnage oiseau, ¿no?

-Sigue a la venta y cuesta 877.977 euros [146.077.813 pesetas].

Más tarde González recibe una llamada de la galería. Es Stefano Contini, el dueño. 'Ya no está en venta', le dice misteriosamente.¿Qué ha ocurrido entre tanto? Parte de lo que aún queda oculto de la polémica historia que arrastra este cuadro. El miró rasgado de 1972, que fue propiedad de Camilo José Cela y su primera esposa, Rosario Conde, pasó hace 12 años a manos de su hijo por un regalo de sus padres, cuando rompieron su matrimonio, tras 45 años de convivencia. Pero es ahora, tras conocerse el testamento del escritor, cuando adquiere un interés privado y patrimonial importante para Cela Conde: el valor real es clave para determinar si con la mitad -la otra parte pertenecía a Rosario Conde- se cubre el tercio de la legítima de los dos tercios de la herencia, que él reclama.

Camilo José Cela consideró en su testamento 'totalmente pagado' a su hijo con el miró rasgado, por su 'valor incalculable'. La tela había sido tasada en 1992 por tres galerías -Ferran Cano, Pelaires y Joan Oliver Maneu- y una experta, Pilar Ortega. Situaron su valor entre 130 y 200 millones de pesetas. En octubre de ese mismo año la Generalitat de Cataluña compró en Estados Unidos un miró por 252 millones de pesetas.

'Tiene un valor incalculable por la calidad de la obra y por la relación, en este caso complicidad, que existió entre Miró-Cela. Cualquier precio superior a los 200 millones de pesetas lo considero justificado', escribe Ferran Cano Dardes en uno de los informes, facilitados por Cela Conde a una institución autonómica balear.

Con ellos y un documentado catálogo, el hijo del Nobel ofreció la tela desde finales de septiembre de 1992 a diferentes entidades públicas. Por razones de disponibilidad presupuestaria, las fundaciones Pilar i Joan Miró de Palma de Mallorca y Joan Miró de Barcelona no pudieron incorporarla a sus fondos. La Caixa tampoco la adquirió y la Universidad de las Islas Baleares y La Caixa de Baleares Sa Nostra, desistieron también de la compra por un precio más ventajoso junto a un lote de recuerdos, libros y colecciones menores de Camilo José Cela, para que se levantara un espacio dedicado al Nobel. Finalmente, el Gobierno de Baleares tampoco entró en la posible negociación para incorporar la tela legendaria a su patrimonio.

Tres años más tarde, Camilo José Cela reclama por vía judicial la devolución del miró apuñalado, al atribuirle un comportamiento ingrato a su hijo. Los jueces no le dieron la razón. Pero en aquellos mismos meses, Cela Conde puso el cuadro en manos de un galerista de Barcelona, para que lo vendiera, según confirmó su portavoz, el letrado Miquel Capellà. El hijo del Nobel estaba ayer de viaje por el extranjero y no pudo ser localizado. Pero su abogado aseguró que 'era libre de administrar a discreción su patrimonio, porque el cuadro era suyo desde 1990. Y era más libre aún después de haber intentado vender durante cinco años a una institución'.

En todo caso, ante la posibilidad de que Cela Conde hubiera vendido el cuadro y luego su padre le hubiese ganado el litigio y reclamado la tela, el hijo tendría que haber pagado a su padre el dinero obtenido.

El miró aparece ahora en Italia. Aunque su precio de venta se asemeja más a lo tasado por los expertos, todo apunta a que Camilo Cela Conde lo colocó en su día por una cantidad bastante inferior, obligado por las fluctuaciones del mercado. De hecho, la galería Contini lo vendía en 2000 cuatro veces más barato. Si el hijo del Nobel es el más perjudicado, es parte de la historia de un cuadro que se resiste a abandonar su leyenda.

Una falsa tela rasgada

El falso miró de los Cela tiene una leyenda que le atribuye un gran valor, más allá de su importancia artística. El propio especialista y catalogador máximo de Miró, Jacques Dupin, asegura que 'la historia del cuadro es divertidísima'. El cuadro es un posible divertimento de Manuel Viola regalado a su amigo Camilo José Cela. Pero, según el relato de su hijo, uno de los presentes, cuando Joan Miró visitó por primera vez la casa de Palma de Mallorca apenas se atrevió a decirle a su propietario la verdad: 'Es falso. Yo no he pintado nunca ese cuadro'. La reacción instantánea del Nobel fue la de rajar la tela de parte a parte con un cuchillo montés. Miró se quedó de piedra, pero, después de que Rosario Conde remendara el cuadro con hilo y dedal, se lo llevó a su estudio. Al cabo del tiempo se lo devolvió. Había pintado un nuevo óleo sobre la pintura anterior y, por detrás, había escrito de su puño y letra: 'En recuerdo de una falsa tela apuñalada que dio nacimiento a una obra auténtica. A C. J. Cela Su amigo, Miró'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de febrero de 2002

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