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El pánico se apodera de Argentina

La incertidumbre se dispara tras la decisión del Gobierno de inmovilizar los depósitos bancarios

Buenos Aires
Argentina atraviesa sus días más difíciles desde que Fernando de la Rúa llegó al poder hace dos años. Los ciudadanos acudieron en masa el viernes pasado a las sucursales bancarias para retirar sus ahorros por el temor que genera la crisis. Para evitar una fuga de capitales que podría quebrar el sistema financiero, el Ejecutivo ha decidido inmovilizar los depósitos bancarios. No se podrá retirar de las cuentas una cantidad en efectivo superior a los 250 pesos (o dólares) a la semana durante 90 días. Además, los depósitos en pesos se transformarán en moneda estadounidense de forma automática, un primer paso hacia la dolarización, y se establecerán controles sobre la salida de capitales al exterior.

Cada vez más cerca del abismo. El pánico se ha apoderado de los argentinos tras la decisión del Gobierno, anunciada anoche, de inmovilizar los depósitos bancarios para frenar la gigantesca huida de capitales de los últimos días, que amenaza con quebrar el sistema financiero. A partir de mañana, los ahorradores no podrán retirar de sus cuentas una cantidad en efectivo superior a 250 pesos o dólares a la semana durante los próximos 90 días. Por encima de este monto, el dinero quedará inmovilizado parcialmente, ya que las operaciones de importes superiores tendrán que realizarse a través de tarjetas de crédito o débito y cheques bancarios. Los objetivos de las restricciones son combatir la evasión, aumentar la recaudación fiscal y evitar la devaluación del peso.

Las nuevas medidas del ministro de Economía, Domingo Cavallo, incluyen un primer paso hacia la dolarización, al contemplar la transformación automática en dólares de los depósitos en pesos para evitar la especulación financiera en pesos, tranquilizar a los ahorradores y evitar una fuga bancaria. Para efectuar giros al exterior será necesaria una autorización del Banco Central. La aduana controlará, además, que la salida en efectivo al exterior no supere los 1.000 dólares. Cavallo explicó en conferencia de prensa que estas limitaciones, de carácter "extraordinario", se deben a "ataques especulativos de quienes buscan una devaluación".

La primera interpretación de las medidas del Gobierno, en la que coincidían diversos economistas, es que se trata de un intento desesperado ante la retirada masiva de depósitos, que anteayer llegó a los 700 millones de dólares. "El sistema financiero no aguantaría dos o tres días más así", aseguraba un analista de un banco extranjero en Buenos Aires.

El viernes fue, sin duda, el día más difícil desde que Fernando de la Rúa asumió el cargo de presidente de la República, hace dos años, y recordó las jornadas aciagas de finales de los 80 y principios de los 90. La retirada masiva de depósitos contribuyó a que la tasa interbancaria llegara hasta el 900% anual y el riesgo país superó en algún momento los 3.500 puntos. Los bancos tuvieron serias dificultades para operar. Las escenas de ciudadanos desesperados que se agolpaban frente a las ventanillas o en los cajeros, de colas en las calles y de empleados bancarios que no podían satisfacer la demanda de sus clientes mostraban la cara más dura de la realidad argentina. Los rumores se dispararon en el centro financiero de Buenos Aires: congelación de depósitos, devaluación del peso, dolarización, los bancos cerrarán sus puertas a partir del lunes... Los teléfonos de las redacciones de los medios informativos ardían por el número de llamadas de ciudadanos sumidos en el desconcierto más absoluto que pedían explicaciones sobre el futuro de sus ahorros.

El Gobierno guardó ayer silencio hasta bien entrada la tarde, mientras en la calle no se hablaba de otra cosa. El ministro Cavallo estuvo reunido durante varias horas con su equipo económico discutiendo los últimos detalles de las nuevas medidas. Después compareció para explicar los pormenores, que se dictaron mediante un decreto de necesidad y urgencia, en uso de los poderes especiales que otorgó en marzo pasado el Congreso al Gobierno. El portavoz presidencial, Juan Pablo, Baylac repitió una y otra y vez que la convertibilidad que establece la paridad del peso con el dólar está garantizada, que no habrá devaluación ni dolarización y que se respetará el derecho de propiedad. Las declaraciones del portavoz gubernamental sirvieron de poco para tranquilizar a los ciudadanos y al ejército de economistas y analistas que pronostican al unísono poco menos que el apocalipsis en Argentina.

Hacer un recorrido por las emisoras de radio era ayer un ejercicio desquiciante, en el que no había una sola opinión optimista: "Es el comienzo de la profundización de la crisis económica y financiera de proporciones monumentales", "la medida eliminará de cuajo la llegada de inversiones directas procedentes del exterior", "la poca gente que pueda ahorrar va sacar su dinero fuera", "hay una gran probabilidad de que los ahorradores pierdan sus depósitos", eran algunas opiniones.

Avalancha en las sucursales

Ante estos presagios, cabe esperar que mañana se produzca una nueva avalancha en las oficinas bancarias. Este fin de semana muchos cajeros automáticos han agotado sus existencias en efectivo.

El Gobierno se aferra al éxito de la operación de canje de deuda que, según sus cálculos, llegará en el tramo local con bancos, fondos de pensiones y otros inversores a los 40.000 millones de dólares. La semana próxima empezará el canje con los acreedores internacionales. El Gobierno pretende ahorrar 4.000 millones de dólares en el pago de intereses de vencimientos de la deuda en 2002, mediante la reducción del 11% al 7% de los tipos de interés de los bonos. Pero la fugacidad de los efectos de anteriores medidas presentadas como tablas de salvación no permiten albergar excesivas esperanzas.

El desgobierno agudiza la crisis

Un hecho inédito en la historia parlamentaria argentina ha agravado la inestabilidad política del país, lo que contribuye a profundizar la crisis económica. El jueves pasado, Ramón Puerta, del Partido Justicialista (peronista) fue designado presidente provisional del Senado. Al estar vacante el puesto de vicepresidente de la nación, desde la dimisión de Carlos Chacho Álvarez, el titular de la Cámara Alta se convierte en el segundo en la línea de sucesión presidencial. A este dirigente del partido de la oposición le tocará sustituir a Fernando de la Rúa cuando viaje al extranjero y, en una eventual dimisión del primer mandatario del país, encabezaría la transición. La jornada del jueves en el Senado fue un claro exponente del desgobierno en Argentina. Los senadores de la Unión Cívica Radical, principal partido de la Alianza gubernamental, abandonaron sus escaños, mientras que los justicialistas prorrumpían en aplausos y cantaban la marcha peronista mientras juraba el nuevo presidente. Es la primera vez que el presidente de la nación y el presidente del Senado pertenecen a formaciones políticas distintas y contrapuestas. El fenómeno ocurre nada menos que en un contexto de grave crisis económica y política. Los radicales calificaron de 'golpe institucional' la actitud de los peronistas de designar a uno de los suyos para la Presidencia del Senado. Varios dirigentes del Partido Justicialista, entre ellos el senador electo Eduardo Duhalde, habían señalado en las últimas semanas la conveniencia de que el presidente de la Cámara Alta fuera del mismo color político que el presidente de la República, para no poner en peligro la gobernabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de diciembre de 2001

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