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El rápido colapso del régimen talibán en Kabul desborda a Naciones Unidas

El Consejo de Seguridad se muestra incapaz de ofrecer una alternativa para gobernar Afganistán

El colapso del régimen talibán ha desbordado a Naciones Unidas. La caída de Kabul en manos de la Alianza del Norte tomó por sorpresa al Consejo de Seguridad de la organización, que escuchó ayer un informe de su enviado especial, Lakdhar Brahimi, sobre las características que debería reunir un Gobierno sustitutorio de los talibanes, pero no pudo ofrecer medidas inmediatas para encauzar una situación que cambia con gran rapidez. Brahimi propuso un Gobierno provisional para los dos próximos años, durante los que un consejo formado por ciudadanos relevantes, la llamada loya jirga, redactaría una Constitución.

Brahimi indicó que el Gobierno provisional debería formarse 'lo antes posible' y ser presidido por 'una persona que simbolice la unidad nacional', en referencia, aparentemente, al ex rey Mohamed Zahir Shah, de 87 años, residente en Roma desde 1973. Estados Unidos despachó ayer mismo hacia Roma a su propio enviado especial, James Dobbins, para hablar con el rey exilado e iniciar luego una gira por Asia Central. 'Es mejor un Gobierno de afganos que un Gobierno de extranjeros organizado directamente por la ONU', comentó Brahimi.

El primer ministro británico, Tony Blair, quiso lanzar un mensaje de esperanza a la población afgana. 'Esta vez no os abandonaremos a vuestra suerte; nos hemos comprometido y cumpliremos nuestras promesas'. Blair aseguró que la Alianza del Norte aceptaría compartir el poder, 'porque esa fue la condición que se les impuso a cambio del apoyo aéreo', e indicó que los talibanes aún dominaban parte del país y no habían sido totalmente desalojados del poder. El primer ministro británico reclamó al secretario general de la ONU, Kofi Annan, que acelere al máximo las negociaciones para formar un Gobierno aceptable para todos los grupos étnicos del país.

El presidente de Francia, Jacques Chirac, se hizo eco de la necesidad de actuar 'a toda prisa'. 'La solución política es más urgente que nunca', dijo desde Abu Dhabi. 'Nada es peor que el vacío de poder'.

Sin solución inmediata

El Consejo de Seguridad de la ONU fue incapaz, sin embargo, de ofrecer soluciones inmediatas. Sólo pudo comprometerse a organizar una reunión sobre el futuro del país entre las facciones afganas para 'dentro de un par de días', sin concretar lugar ni fecha. El enviado especial de Naciones Unidas para Afganistán, el diplomático argelino Lakhdar Brahimi, presentó un informe ante el Consejo de Seguridad y anunció que su colaborador más directo, el español Francesc Vendrell, se trasladaría a Kabul 'lo antes posible' y cuando las condiciones de seguridad lo permitan. Brahimi reconoció que la situación en Kabul era 'preocupante'. 'El control de la capital afgana tiene un enorme valor simbólico', indicó Brahimi, quien recordó que tras la caída del régimen impuesto por la URSS se produjo una guerra entre las distintas fracciones afganas que devastó la ciudad.

El representante de la ONU resaltó que para evitar que se repitiera ese desastre, que haría prácticamente imposible la reconciliación entre las distintas etnias, la mejor solución sería constituir una fuerza 'completamente afgana'. Si eso no fuera posible, consideró necesario el despliegue de una fuerza multinacional en Kabul para mantener el orden. 'No serían cascos azules', precisó Brahimi.

Anteriormente, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, señaló que la prioridad de la comunidad internacional se centraba en evitar un vacío de poder y seguridad en Kabul. 'Un Afganistán estable, en paz, cumplidor de sus obligaciones internacionales y no amenazante para ninguno de sus vecinos, debe ser nuestro objetivo común', declaró Annan. El secretario general de la ONU subrayó que para lograr ese objetivo era esencial que los vecinos de Afganistán (Pakistán, China, Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) se abstengan de intervenir en los asuntos internos del país.

Pero Pakistán, país aliado de la etnia pastún y con un largo historial de intervencionismo en los asuntos afganos, insistió ayer en ofrecer sus tropas, junto a las de otros países musulmanes, para 'garantizar el orden' en Afganistán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de noviembre de 2001