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Blair reúne a los líderes europeos para coordinar el apoyo militar a EE UU

Aznar y Solana asisten a la reunión, que también giró sobre el conflicto de Oriente Próximo

El primer ministro británico, Tony Blair, acogió una improvisada reunión de alto nivel de la Unión Europea anoche en Londres. En su residencia oficial de Downing Street cenó con los máximos mandatarios de los cinco grandes países de la UE, a los que a última hora se sumó también el presidente europeo en ejercicio, el primer ministro belga, Guy Verhofstatd, y el alto representante de la política exterior europea, Javier Solana. El proceso de paz en Oriente Próximo y, sobre todo, la participación militar europea en Afganistán centraron las conversaciones.

El jefe del Gobierno español, José María Aznar, confirmó, requerido por los periodistas al término de la cena, que los jefes de Gobierno habían tratado el asunto del despliegue de tropas terrestres en Afganistán. "Pero no se ha tomado ninguna decisión que se vaya a anunciar mañana", dijo. "Si se hubiera tomado, a lo mejor no se lo diría, pero no se ha tomado", añadió. También especificó dos veces, con cierto misterio, que no había "ninguna novedad" en torno a la participación española en la operación militar, como dando a entender que sí podría haber novedades muy pronto. No obstante, el presidente aseguró que hay un "acuerdo sustancial de que las operaciones militares deben continuar".

La organización de la reunión llegó a parecer grotesca en algunos momentos y puso de relieve las divisiones enormes y los celos nacionales en la política exterior europea. Desde hace cinco días estaban convocados a la cena franceses y alemanes, pero la lista de invitados no se cerró hasta las siete de la tarde de ayer, cuando el holandés Wim Kok logró sumarse con el argumento de que su país también está en el operativo militar.

En un principio, Blair iba a compartir manteles sólo con el canciller federal alemán Gerhard Schröder, el presidente francés, Jacques Chirac, y el primer ministro francés, Lionel Jospin. Pero, para evitar un nuevo desaire a Italia, que se sintió marginada en el polémico encuentro que los tres grandes de la UE mantuvieron al margen de los demás en la reciente cumbre de Gante, Blair decidió ayer por la mañana poner dos platos más en la mesa. Uno para Silvio Berlusconi y otro para Aznar.

Pero la evidencia de que una reunión de los cinco grandes en solitario podría haber provocado una tormenta política comunitaria y enfrentado a grandes contra pequeños obligó al europeísta anfitrión británico a hacer un sitio a última hora a la presidencia belga, con el primer ministro Guy Verhostatdt, y al Alto Representante de la política exterior, Javier Solana.

Nadie pareció contar en ningún momento con el devaluado presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi. Pero tampoco con países como Holanda o Portugal, que pusieron el grito en el cielo mientras los neutrales se sorprendían de que la presidencia acudiera a esa cita en representación de no se sabe muy bien quién.

De la cena de anoche no salieron decisiones públicas. "Se ha tratado de una reunión de concertación para hablar de las operaciones militares en Afganistán, de la evolución del problema humanitario y de Oriente Medio", explicó Aznar en rueda de prensa.

La situación militar por la que atraviesa la guerra y sus posibles opciones a corto plazo centraron las conversaciones. La guerra en Afganistán parece haber entrado en un momento decisivo. Los aliados deben decidir entre un conflicto de varios meses o una ofensiva terrestre inmediata, antes de que el duro invierno afgano obligue a dejar las cosas para la primavera. Y el encuentro permitió a los aliados europeos concertar sus posiciones ante EEUU. Chirac y Blair viajarán a Washington esta misma semana. Amigo de los gestos simbólicos, el británico volará en el Concorde coincidiendo con la reanudación de los viajes comerciales del avión tras el siniestro que le ha dejado durante meses en tierra.

Uno de los síntomas que avalan la posibilidad de un vuelco en el aspecto militar aliado en Afganistán es el viaje de un representante del Ejército español al cuartel general estadounidense desde el que se controla todo el despliegue militar, en Tampa (Florida).

Los jefes de Gobierno europeos analizaron la delicada evolución del Proceso de Paz en Oriente Próximo. "Hay que encontrar una solución", proclamó Chirac. "Es un problema que acaba alimentando el terrorismo internacional porque crea una situación favorable a extremistas islámicos como Bin Laden. Debe haber un retorno de los protagonistas de Oriente Próximo a la mesa negociadora", añadió. Pero ni el polémico viaje de Blair a la zona, ni el voluntarista encuentro de ese fin de semana en Formentor han dado para mucho más que ver de nuevo a Yasir Arafat con el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Simón Peres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001