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Pakistán vive horas de alta tensión social y política tras los ataques

El presidente Musharraf asegura que la situación está bajo control

Pakistán está lleno de rumores. En Quetta, al sur del país, la población creyó ayer durante horas que se había producido una gran explosión en la cercana base aérea de Samjli. En realidad, fue un temblor de tierra de 3,8 grados en la escala Richter. La anécdota revela el nivel de tensión política y social que ha provocado en este país el bombardeo por parte de Estados Unidos y Reino Unido en Afganistán.

El presidente Pervez Musharraf, que afronta presiones serias y reales de los extremistas islámicos tanto en la calle como en el Ejército, aseguró, no obstante, ayer que 'la situación está bajo control'. 'No hay un problema de orden público', declaró el general Musharraf a la salida de una reunión del Gobierno. 'No toleraremos actos extremistas', añadió tras asegurar que iba a proteger los intereses nacionales y la seguridad de la población.

Y a tal efecto, ha ordenado reforzar visiblemente la presencia de las fuerzas de seguridad en todo el país. Los refugiados afganos han sido amenazados con la deportación si participan en protestas. El objetivo, evitar que vuelva a repetirse la violencia que el lunes y el martes dejó cinco muertos en Quetta, una ciudad del suroeste del país fronteriza con Afganistán.

De momento lo ha conseguido. No hubo manifestaciones dignas de mención ayer. Quetta, hacia donde todo el mundo miraba con preocupación, amaneció desierta y dolorida. 'Estamos en una situación difícil, con el Ejército y la Guardia de Fronteras patrullando por las calles', relató por teléfono a esta enviada un residente. Más grave fue la difusión por varios medios extranjeros de un supuesto golpe de Estado que algunos residentes llegaron a creer cierto.

Más allá de la intencionalidad que pueda haber detrás de esos rumores, Musharraf afronta una peligrosa oposición dentro de las Fuerzas Armadas. El periodista Ahmed Rashid reveló ayer que un grupo de entre tres y cinco oficiales de los servicios secretos (ISI, Información Interservicios) viajaron a finales del mes pasado a Kandahar sin permiso del Gobierno para ayudar a los talibán a preparar sus defensas y estrategia frente a los anunciados ataques estadounidenses.

Musharraf habría bramado ante la noticia de esta grave indisciplina, que ponía en peligro las relaciones con EE UU. Aunque Rashid no tiene constancia de que el general Mahmud Ahmed tuviera conocimiento de esa visita, el lunes fue reemplazado del ISI. Por su parte, Shakil Shaikh, analista político del diario The News, atribuía ayer esta sustitución a la 'excesiva ambición' del general Ahmed.

Para complicar aún más las cosas, y a pesar de su declarada intención de no pedir más de lo necesario de Pakistán, Estados Unidos ya tiene tropas sobre suelo paquistaní. Ayer se conoció que Islamabad ha autorizado el uso de los aeropuertos de Pasni (provincia de Baluchistán) y Jacobabad (provincia de Sind).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de octubre de 2001