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REPORTAJE

Tres años tras Bin Laden

Equipos de la CIA infiltrados en Afganistán desde 1998 han intentado hallar sin éxito al líder de Al Qaeda para asesinarle

Un equipo de abogados contratados por el Gobierno de Bill Clinton llegó a la conclusión de que EE UU podía asesinar a Osama Bin Laden sin quebrantar las leyes internacionales ni incumplir la norma vigente que prohíbe a los espías estadounidenses asesinar a personas en otros países, ley firmada por Gerald Ford en 1976 y ratificada por Carter y Reagan. Desde entonces, varios equipos de la CIA infiltrados en Afganistán han intentado localizar a Bin Laden y han colaborado con la oposición para tratar de asesinarle. Nunca han conseguido saber dónde se encuentra.

Varios medios de comunicación publicaban ayer detalles de las operaciones encubiertas de la CIA en territorio afgano. Aunque las informaciones estaban claramente filtradas por miembros del Gobierno de Bill Clinton, nadie las ha desmentido en el equipo de George W. Bush. Su contenido proporciona datos reveladores para entender la situación actual.

A medida que la red terrorista de Bin Laden se hacía más poderosa y compleja, los responsables de la inteligencia de EEUU convencieron a Clinton de que la amenaza terrorista tenía capacidad para atentar de manera devastadora contra ciudadanos e intereses de este país. La decisión de capturar y matar a Bin Laden se tomó poco antes de los ataques de 1998 a las embajadas en África.

La CIA comenzó a enviar agentes al norte de Afganistán para trabajar con la oposición al régimen talibán y con su líder, Ahmed Shah Massud, asesinado dos días antes de los atentados. Hubo varios contactos. Se le prometió una gran suma de dinero y apoyo logístico, pero se desconoce si Massud, preocupado por su propia lucha política y militar, llegó a esforzarse en esa misión.

Con la información conseguida por la CIA sobre el terreno, Estados Unidos lanzó un ataque con misiles contra un campamento en el que se esperaba la presencia de Bin Laden. El terrorista saudí no estaba en ese lugar. Otro grupo afgano no ligado a Massud comunicó a la CIA el año pasado sus intentos de matar a Bin Laden; asaltaron y destruyeron una caravana en la que esperaban encontrarle, pero tampoco estaba allí.

Bin Laden era consciente de que la inteligencia de EE UU le perseguía e incrementó su seguridad. Ha dejado de usar teléfonos y sistemas electrónicos de comunicación y sólo habla con sus subordinados.

Según The Washington Post, la CIA ha recibido ahora informaciones que sitúan a Bin Laden en Somalia, Chechenia o Pakistán, aunque siguen casi convencidos de que permanece en Afganistán. Anticipándose a los acontecimientos de ayer, un antiguo alto cargo de la agencia de investigación, Jack Devine, aseguraba que lo más posible era que el régimen talibán anunciase que Bin Laden está bajo su control, como así ocurrió. En todo caso, Devine, que dirigió sobre el terreno las operaciones de la CIA en Afganistán durante varios años, recordó ayer que el terreno 'es horrendo. Y si no le encuentran pronto, se echa encima un clima horroroso'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de octubre de 2001