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El tercer Grammy consagra a Chucho Valdés como uno de los grandes del jazz latino

El pianista cubano volverá a grabar con su legendaria orquesta, Irakere

La película de Fernando Trueba Calle 54 le rindió honores como lo que es: uno de los más grandes pianistas de jazz del mundo. Grande, y no sólo por su tamaño -casi dos metros-, Chucho Valdés lo es sobre todo por su talento. Acaba de ponerlo de nuevo en evidencia: Valdés, de 59 años, recibió el miércoles su tercer premio Grammy en la categoría de jazz latino por su disco Live at the Village Vanguard, un álbum en el que el intérprete explora diferentes géneros de la música cubana como el zapateo o la habanera desde la óptica del jazz.

'Ha sido el Grammy más importante de mi carrera', asegura Valdés en su casa de La Habana. ¿Las razones?: 'Creo que es el mejor disco que he hecho en los últimos años, el más completo y personal, y con él cumplí uno de mis viejos sueños: tocar y grabar en Village, el más importante templo del jazz del mundo'.

En el Village Vanguard tocaron Thelonius Monk, Dizzy Gillespie, Charlie Parker o John Coltrane, grandes músicos de jazz que él admiró desde su infancia. En abril de 1999, Chucho actuó dos semanas en este santuario, y el último día, con el local abarrotado, se hizo la grabación. 'Fue extraordinario; tuve un día inspirado y el público creó un ambiente sensacional, como se puede comprobar en el disco'.

Live at the Village Vanguard fue editado por la Blue Note y contiene nueve temas, la mayoría compuestos por él. Al igual que los últimos dos discos que ha realizado para este sello -Bele Bele en La Habana (1998) y Brillumba Palo Congo (1999)-, Valdés grabó Live... con un percusionista (Roberto Vizcaíno), un batería (Raúl Piñeda) y un bajista (Francisco Rubio Pampín), además de contar con la colaboración especial de su hermana. María Caridad Valdés, que pone la voz en Drume negrita.

La concesión del Grammy a Live at the Village Vanguard coincide con la aparición en Estados Unidos y Europa de un nuevo disco de Chucho, grabado también en vivo en Nueva York, pero de él sólo al piano. Según Valdés, este disco es superior a su magistral Lucumi. Para ese concierto, en la reventa se llegó a pagar más de 90.000 pesetas por una entrada. 'El público se entregó. No es lo mismo tocar en un estudio que ante un auditorio que entiende y disfruta a plenitud lo que estás haciendo. Además, el piano, un Steinway, sonaba de maravilla'.

Chucho Valdés es un hombre de los que toman distancia de la fama y de los elogios. 'Yo ahora me voy a poner a estudiar más -lo hace tres horas al día-. Con estos premios uno corre el riesgo de dormirse en los laureles'. Confiesa que está orgulloso del Grammy, pero dice que más aún lo está de haber tocado con su padre, el pianista Bebo Valdés, en Calle 54. 'Esta película es el documento más importante del jazz latino que yo he visto jamás. Viéndolo cualquiera puede entender lo que es esta música'.

Chucho ha recibido otra buena noticia: Jessy, el menor de sus siete hijos, todos músicos, quiere seguir sus pasos al piano. El jefe del clan Valdés ahora piensa en el futuro: grabar un disco clásico de música cubana sólo al piano y otro de jazz latino con Irakere, su legendaria orquesta, por donde han pasado músicos de la talla de Paquito D'Rivera, Arturo Sandoval o César López.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de febrero de 2001