Cinco minutos por barba
En cuanto se rebasa el plazo, se enciende una luz roja visible desde todos los puntos de la sala. En cinco minutos, cada dirigente debe ser capaz de exponer su visión sobre el futuro de la organización y sobre el papel de su país en el mundo. Acostumbrado a parlamentos bastante más largos, el cubano Fidel Castro, último orador de la sesión de ayer, tomó precauciones. Con gesto un tanto teatral, cubrió con un pañuelo blanco la bombilla (en la imagen) antes de iniciar su discurso. Luego pidió que la ONU salve al mundo "antes de que sea demasiado tarde" y rechazó que una "superpotencia hegemónica" lo decida todo.


























































