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59ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Javier Marías descubre la épica y la ética del hombre común en sus artículos sobre fútbol

'Salvajes y sentimentales', editado ya en Alemania, recupera 40 piezas escritas entre 1993 y 2000

Día de lluvia (el primero), fútbol y dispersión literaria en la Feria del Libro. Javier Marías presentó ayer su reunión de artículos futbolísticos Salvajes y sentimentales, una muy blanca (por madridista) y exquisita mirada a lo mejor del deporte rey, la épica, la ética y el dramatismo, a través de un humor de todos los colores, a prueba de derrotas, pero también de victorias. La tormenta que cerró la tarde aclaró mucho con las declaraciones de Juan Villoro, otro humorista enormemente serio. El mexicano, autor de los espléndidos cuentos contenidos en La casa pierde (Alfaguara), se declara "disperso", amante de los híbridos y heredero de la tradición que forma la "escritura de los indecisos".

Salvaje y sentimental, pero también ingenioso y sarcástico, preciso y futurólogo, nostálgico e hilarante. Así aparece Javier Marías en sus letras sobre fútbol, reunidas ahora por Aguilar en un volumen que ha sido editado antes en Alemania, a partir de una idea de Paul Ingendaay, corresponsal cultural del Frankfurter Algemeine en España. Son 40 piezas marcadas a fuego por su corazón tan blanco, dedicadas, para compensar, a dos amigos rivales, un colchonero y una culé. Al presentarlos, Marías dijo ayer: "El fútbol ha cambiado a peor, pero sigue llenando de épica y de ética al ciudadano normal".

Ver fútbol y escribir de fútbol es, para Javier Marías (Madrid, 1951), a la vez un descanso y una coartada, casi romántica, para volver a ser aquel niño del barrio de Chamberí que jugaba a las chapas y coleccionaba cromos de sus ídolos.Muchas veces, leyendo estos textos (salidos de las páginas de El semanal del Grupo Correo y de EL PAÍS) que oscilan entre la nostalgia pura y dura, la ironía más exquisita y la coña marinera, el fútbol parece sólo una excusa para gozar. Otras -muy pocas, porque Marías es merengue desde que Di Stéfano y los suyos "quitaban sordidez a la sórdida vida española ganando partidos y viajando por el mundo"-, para enfadarse y sufrir. Se trata sobre todo, como indica el título del primer artículo de Salvajes y sentimentales, de ejercer la Recuperación semanal de la infancia: "Una recuperación que ahora casi es diaria, gracias al grotesco exceso televisivo, muy peligroso porque pueriliza a la gente".

Marías vive el fútbol intensamente, pero a la vez se detiene a meditarlo. Considera absurdo pensar que simplemente embrutece, y prefiere disfrutar de su carácter simbólico, de lo que tiene de representación, llena de dramatismo, "tan parecida al teatro y al cine, sobre todo al western". Mira buscando la épica y la ética. "Albert Camus, que fue, como Nabokov y Benedetti, portero antes que escritor, dijo que todo lo importante que sabía sobre la moral humana lo aprendió del fútbol. Dicen que el fútbol incita a la violencia, pero yo creo que lo peligroso es la masa, y que en el fútbol la masa encuentra sensaciones olvidadas: la heroicidad, la derrota digna, la épica incruenta, esas cosas tan difíciles de encontrar en la vida civil".

Según señala Paul Ingendaay en el prólogo, en estos textos Marías enseña mucho más de su vida y su alma "que en todas sus novelas juntas". Ayer, Juan Cruz dijo que tuvo vocación de extremo izquierda, pero que escribe como Guardiola. Marías aceptó la broma simpático y dicharachero: habló de su infancia en Chamberí, cuando su hermano Fernando se pedía las chapas del Madrid y le dejaba a él las del Barcelona. Y glosó su amistad con Juan García Hortelano, "colchonero generoso, lleno de humor y bonhomía".

También se refirió, con un toque de malicia, al reparo que algunos escritores tienen a reconocer su afición futbolística: "Algunos, poco seguros de su figura intelectual, deben creer que declararse forofos les quita brillo o gravedad. Pero eso ha cambiado. Escritores tan finos como Lobo Antunes, Günter Grass, Peter Handke o Julian Barnes han confesado ya ser fanáticos del fútbol. Eso quiere decir, sobre todo, que no somos de una pieza, que no llevamos el cartel de artistas colgado en la frente, que podemos hablar de cosas que le interesan a mucha gente".

Aunque la pasión futbolera sea incomprensible para otros muchos; por ejemplo, para su padre, que siempre observó su afición "horrorizado"; para algunas novias, incapaces de entender cómo, en los Mundiales, Marías se inyecta dos partidos seguidos; o para los norteamericanos, "que consideran el fútbol un deporte para señoritas -quizá por eso han ganado el mundial femenino-, y que no conciben cómo un partido puede acabar 0-0".

Él no sólo lo saborea, sino que se compromete, toma partido, se tira faroles. Tanto, que este año la broma le ha costado cinco millones: "Prometí darlos de prima si el Numancia no bajaba. Y ya tengo el cheque preparado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de junio de 2000