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TRIBUNA

Tensión de sensualidad

Auguste Rodin es un escultor con un trabajo expresivo que destaca por su movimiento y fuerza en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Posee dos modos esenciales de hacer escultura. Uno de ellos consiste en utilizar la talla de mármol, tratamiento considerado más ortodoxo, y que se basa en quitar materia hasta llegar al cuerpo deseado. La otra manera es la del modelado, que, contrariamente al procedimiento anterior, en vez de quitar, añade materia, hasta conseguir el volumen final.Pero lo más significativo de este segundo modo, y de la obra de Rodin, consiste en la utilización de diversos pedazos o partes de cuerpo que proceden de trabajos anteriores suyos, partes que ensamblan con otro orden de pertenencias y que el escultor francés monta con un nuevo ritmo que las sitúa en lo más moderno de su tiempo.

Rodin es un escultor de cuerpo y cuerpos. Los concibe como una totalidad universal. Es un artista que en muchas de sus obras plantea el concepto de la mutilación, siendo de los primeros en desarrollar esta idea, que en él tiene elementos de nostalgia (reflexión sobre la finitud del ser humano) y de ansiedad. Sus esculturas transmiten a menudo, también, la tragedia y el profundo amor.

El alma de Rodin arranca de la tierra para concretar una obra escultórica que mantiene una gran y fascinante tensión de sensualidad.

Miquel Navarro es escultor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de enero de 2000