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Mejor el vientre de la madre que la incubadora

El feto de la mujer muerta en Gijón está en el límite de las 24 semanas. Es justo en ese periodo cuando el feto empieza a tener grandes posibilidades de vivir fuera del útero materno - aunque se han sacado adelante fetos más pequeños- y salir adelante sin complicaciones. Para el obstetra alicantino Enrique Lebrero, el grado de madurez que otorgan los seis meses es suficiente para intentar mantener al nonato dentro del vientre de su madre. "Es una incubadora natural; mucho mejor que la artificial y con muchos menos riesgos". Lebrero coincide con un ginecólogo de la Clínica Nuevo Parque, de Madrid, en afirmar que si los médicos garantizan el funcionamiento vital del cuerpo de la madre de manera que le lleguen al nonato los nutrientes necesarios, éste se puede desarrollar sin problemas. Un feto prematuro puede padecer lesiones cerebrales y en la incubadora artificial se multiplican los riesgos de infección.

Una anestesista acostumbrada a mantener con vida artificial a donantes de órganos recuerda que el metabolismo cerebral del niño no depende del funcionamiento cerebral de la madre, por lo que no cree que se resienta el desarrollo cerebral del pequeño.

Otra cuestión es dilucidar si la falta de estímulos por parte de la madre -la voz, los movimientos, las contracciones del útero- puede repercutir en el niño.

"El feto percibe la voz de la madre a través de su sistema óseo", dice Lebrero. "Hay hospitales que han intentado provocar estos estímulos. Si quisieran, en Gijón podrían mantener una cierta estimulación auditiva, aunque éstas son sutilezas poco estudiadas".

Ninguno de los consultados cree que legalmente haya problema en intentar sacar adelante un feto que tiene ya grandes posibilidades de viabilidad fuera del útero materno. Máxime cuando la decisión es de la propia madre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de diciembre de 1999