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Espido Freire asegura que es difícil inquietar a la gente con una novela

Nativel Preciado, finalista del Planeta, basó su obra en un personaje real

A Espido Freire le gusta que lo inquietante aparezca en sus novelas. Para la ganadora del Planeta 1999, ni los lobos ni los bosques asustan a la gente. "Lo peligroso ahora es andar solo por la ciudad", aseguró ayer la autora de Melocotones helados antes de la presentación del premio. Nativel Preciado, finalista del premio con El egoísta, reconocía que conoció al protagonista en una entrevista. José Saramago, que defendió el derecho a la injerencia en la literatura, aseguró que "la sociedad necesita la mirada cruel de un periodista".

Espido Freire (Bilbao, 1974) y Nativel Preciado (Madrid, 1948) comenzaron ayer en Madrid la gira de promoción del premio, que les llevará en los próximos 15 días por diversas ciudades españolas. Entre la escritora y la periodista no parece haber celos profesionales. No se conocían antes del premio, pero ahora comparten guiños y sonrisas.Espido, que vive en la localidad alavesa de Llodio, un pueblo industrial de 20.000 habitantes, no parece impresionada ni por la proyección del premio ni por los 210.000 ejemplares que lanza Planeta en una primera edición de la novela ganadora. "Hasta ahora la gente que me ha reconocido por la calle ha sido muy educada conmigo", aseguró. "Un premio no nos hace mejores personas, aunque nos permite atisbar un poco de gloria".

En Melocotones helados, como en Irlanda, su primera novela, Espido Freire trata de que la obra tenga varias lecturas. Una vez más, la escritora, de 25 años, recurre a la fantasía y la imaginación y huye de cualquier elemento autobiográfico. "El único referente real es una tía, separada y con cuatro hijos, que se llama igual que yo". Como novedad con respecto a sus otros trabajos, la joven escritora ha incorporado "el concepto del tiempo y una mayor visión de la realidad". En la novela ganadora del Planeta de este año, tres de las protagonistas se llaman Elsa, y, para dos de ellas, llevar el mismo nombre se convierte en una pesadilla.

Literatura fantástica

A Espido, que ya tiene prácticamente terminado un libro de cuentos y perfilados dos borradores de novelas, le gusta que lo inquietante aparezca en todas sus obras. Su opinión es que la literatura fantástica le debe mucho al terror, y uno de sus retos como escritora pasa por conseguir la difícil tarea de "inquietar a la gente con una novela". En Melocotones helados, que ella define como una obra sobre el olvido y la muerte, uno de los personajes es una niña que desaparece de su domicilio y de la que nunca más se vuelve a saber nada. "No me interesaba crear morbo, pero me impresionan muchísimo esas desapariciones que casi nunca son voluntarias y tras las que muchas veces se oculta un acto de violencia".En un registro completamente diferente se mueve la finalista del premio, la periodista Nativel Preciado, que reconoce sin problemas que conoció al protagonista de El egoísta en el curso de una entrevista periodística, pero que el personaje reflejado en la novela, un senador real, católico y mujeriego, responde a un "clásico" masculino que "tiene mucho que ver con lo que ocurrió en este país en los años ochenta".

Desde el punto de vista literario, lo más complicado para esta periodista, que ha dedicado una buena parte de su carrera profesional a la política y al Parlamento, fue ponerse en la piel de un hombre. "Al principio me parecía un ser despreciable, pero, a medida que avanzaba con la novela, fui tomándole más aprecio. Entendí la fragilidad en que vivimos todos y cómo el éxito no es ninguna garantía de satisfacción vital", aclaró la autora, que seguirá en el futuro compatibilizando literatura y periodismo.

José Saramago, que presentó El egoísta en la entrega del premio a la finalista, dotado con 12 millones, alabó la decisión de la periodista de saltar a la literatura, "por atreverse a analizar la sociedad a través de la ficción".

Gustavo Martín Garzo, presentador de la novela ganadora del Planeta, dotado con 50 millones de pesetas, calificó a Espido Freire como "la hermana pequeña de la familia Bronte".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999