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58º FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Carmen Sevilla y Paco Rabal relatan la posguerra a dos voces

María Antonia Iglesias da forma escrita al libro de conversaciones

Divertidos, desinhibidos (no pararon de darse besos castos) y no demasiado nostálgicos, Paco Rabal y Carmen Sevilla presentaron ayer su libro de conversaciones Aquella España dulce y amarga (Grijalbo-Mondadori). Son los actores quienes lo firman en la portada, aunque es María Antonia Iglesias la que ha escrito el volumen, un diálogo que habla de la patética posguerra española y de dos vidas muy plenas.

, La puesta de largo del libro ideado y escrito por la periodista María Antonia Iglesias se produjo a mediodía en el Bar-Museo Chicote, viejo escenario de estraperlos (allí se comerciaba hasta con penicilina) y lumiferios madrileños, con gran despliegue de cámaras de televisión y mucha prensa formal, rosa y verde (por la bilis). Los dos astros del cine español comparecieron puntuales, relucientes y muy puestos en su edad (la actriz confesó 68 años, el actor alguno más). Ella, todavía guapa y muy coqueta; él también más gordo que cuando era galán, pero juncal y flamenco como siempre. El aforo (hasta los topes), los focos, los cócteles y los vermús convirtieron aquello en una sauna, pero Sevilla y Rabal explicaron lo contentos que estaban de haber terminado este libro que indaga en el pasado imperfecto de las dos Españas, hambrienta y roja en el caso del actor (hijo de minero, vendedor de pipas y caramelos, chocolatero y eléctricista), y casi de cuento de hadas y algo fachosa en el de Sevilla, que era hija de un contable y estudiaba en las Mercedarias y quería ser bailarina y tenía pudores de mocita virtuosa. También hubo presentadores: Raúl del Pozo y Fernando Vizcaíno Casas. El primero dijo que nunca había visto un libro "con tantas pajas" (Sevilla se tapó la cara espantada), que era una cópula de miradas y que se había caído de la cama de tanto reírse al leerlo. El segundo habló también de camas y romances, en voz muy alta, y mostró su admiración por el sex symbol que un día fue Carmen Sevilla y su cariño por Rabal, cliente suyo en pleitos de abogacía. Casi todo bastante costumbrista, poco político y nada políticamente correcto, aunque el candor expresivo de la actriz sirvió para dar frescura al acto: "Es uno de los momentos más hermosos de mi vida. Este libro tan hermoso quedará en los anales, y le doy las gracias a Paco, que es nuestro monstruo sagrado y una persona humana y sentida, por haber aceptado hacerlo conmigo. Aunque me dijo muchas veces "cállate, joder", hemos hablado tête a tête". Rabal lamentó no haber podido "meter mano" bien a Sevilla y confió en poder llevar al teatro el texto de Iglesias, "como si fuéramos Katharine Hepburn y Spencer Tracy".

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