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GUERRA EN YUGOSLAVIA Acuerdo de paz

La Alianza Atlántica aprueba hoy el plan para el despliegue militar en Kosovo

El Consejo Atlántico aprobará hoy el plan operativo para el despliegue de la Kfor, la fuerza militar que protegerá el retorno a casa de los deportados kosovares. La prolongación de las discusiones entre los jefes militares aliados y yugoslavos sobre los aspectos técnicos de la retirada serbia, primer requisito para la suspensión de los bombardeos, "no retrasará" ese despliegue, aseguró la OTAN. Pero los Diecinueve todavía no han acordado si la ocupación internacional de la provincia deberá esperar a la resolución del Consejo de Seguridad o empezará antes.

La Alianza teme que cualquier retraso cree vacíos de poder aprovechables por la guerrilla o posibilite represalias póstumas de los serbios contra los kosovares dispersos en su patria chica.La aprobación política del plan operativo del despliegue de la Kfor es necesaria para acelerar los minuciosos preparativos de la operación. Así trabajan los militares, con planillos milimétricos. Pero, de hecho, la operación ya ha empezado. "Nuestras fuerzas en Macedonia se están entrenando", dijo ayer Shea. La prolongación de las discusiones entre las cúpulas militares "no retrasará" el despliegue, auguró.

El portavoz explicó que esa discusión es laboriosa porque aborda cuestiones técnicas "muy complejas", y en "modo muy profesional". "Preferimos gastar dos horas más para que todo [las instrucciones de retirada] quede muy claro, que lamentar después sorpresas", añadió. A las alegaciones yugoslavas de que necesitan más de siete días para completar el repliegue, por dificultades de transporte y aprovisionamiento, replicó que "no deben recorrer 2.000 kilómetros, y si aún tienen gasoil para operar contra los albanokosovares, también lo tienen para retirarse".

Pero en Bruselas empezaba a cundir la sospecha de que los jefes yugoslavos practiquen un filibusterismo obstruccionista, para ganar tiempo, quizá esperando que Moscú se retracte en la partida diplomática. En ese caso, "que sepan que no discutiremos eternamente", advirtieron responsables de la Alianza. Traducción: los bombardeos pueden recrudecerse en cualquier momento. Es cierto que el número de vuelos desciende todos los días. Frente a las 600 salidas del viernes y las 500 del sábado, ayer sólo fueron 431, y se cernieron sobre objetivos menores. ¿Por qué prosiguen, aunque sean simbólicos, si Belgrado ya firmó el Acuerdo de Paz? Porque éste estipula que no se suspenderán hasta que empiece la retirada serbia. Y porque los aliados son como Santo Tomás. Escaldados por los inveterados incumplimientos de Milosevic, no les basta su firma, quieren tocar la herida -constatar la retirada- para creerla.

Nudo gordiano

Hay ahora un enredado nudo gordiano. El acuerdo militar es básico para que se suspendan los bombardeos. La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU recogiendo el plan de paz consolidaría y legitimaría todo el proceso, y debería impulsarla el encuentro del G-8 en Bonn, aplazado de ayer a hoy. Pero Rusia, que ha cedido en todo ante la Alianza -provocando polémica en su élite-, se inclina a retrasar la reunión del Consejo de Seguridad hasta que paren los ataques aéreos.Si el despliegue terrestre no sufrirá retrasos por las prolongadas discusiones de los militares, sí puede experimentarlo por otros motivos. Francia y otros proponen que la Kfor entre en Kosovo después de la resolución de la ONU, "pues si propugnamos contar con su paraguas, es mejor que esté ya completamente abierto". Los anglosajones responden que todo retraso perjudica la pacificación. Temen que los serbios en retirada -ayer se constató el cargamento de dos trenes, ambos de dos vagones, con tropas yugoslavas regresando a Belgrado- dejen póstumas "tarjetas de visita", como dijo Shea, en forma de nuevas atrocidades, como en Bosnia. Argumentan que aplaza el retorno de los prófugos. Y alertan de que abriría un peligroso vacío en la provincia, rellenable por la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Este temor aumenta al compás del aumento de los choques entre la guerrilla y las fuerzas serbias, junto a la frontera de Albania. La dirección del ELK ha prometido cooperación. Pero ¿controla a toda su base? Además, aunque firmó el acuerdo de Rambouillet, que preveía su desmilitarización, el texto del Acuerdo de Paz aceptado por Milosevic obvia cualquier referencia al gancho que le indujo a suscribirlo, el compromiso de "tener en cuenta la voluntad del pueblo kosovar", algo que el ELK interpretó como un permiso a la convocatoria, a tres años vista, de un referéndum de autodeterminación.

Al final, los problemas político-jurídicos que suscita el despliegue quizá se resuelvan, como casi siempre, por la vía pragmática. Podría acordarse a título de una "orden de activación provisional" que permitiría abordarlo por fases, empezando por la instalación del cuartel general de la Kfor en Pristina. Luego, coincidiendo con la resolución de la ONU, la orden podría convertirse en "definitiva".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de junio de 1999